El despertar

ENFOQUE / Salomón Beltrán Caballero

2022-01-11

Salomón Beltrán Caballero

El sol empieza a asomarse, la claridad llega, el primer rayo de luz entra por la ventana y toca sutilmente mis pestañas, para levantar la fina cortina de la delgada piel de mis párpados, haciendo que mis ojos dormidos despierten con el primer destello de luz que recibieron, después de la obscura quietud de la noche, iluminando, del órgano del saber, la porción del poder ver, para entender lo que llega a través de imágenes, y que ansioso, y con hambre de conocimiento, busca alimentarse de la información que le depara el nuevo día.

Todo mi ser se activa gracias a la natural fuente de energía, que hace el milagro de despertar a mi conciencia, que ha esperado con paciencia la oportunidad de ver y disfrutar la maravilla creación del Rey del universo, para sus hijos en la tierra.

La lluvia empieza a caer con timidez y sigilo, y en su amable desplazo, hace que las gotas viajen de la cabeza a los pies, pues sin retraso, quieren llegar a mojar la tierra, para que ésta, en un satisfactorio suspiro, desprenda el aroma consentido de una tierra bañada, que llega a la nariz como promesa soñada, de que siempre que quiera, al recordarla, la podré sentir, ver y abrazar por ser tan amada.

Mi gratitud eterna al Señor por permitirme disfrutar de experiencia espiritual tan deseada, donde las piedras se convierten en flor y las aves le dan el color a tan divino pintor, para convertir de la nada, en una maravilla soñada, que ningún mal por fuerte que sea, puede anular la promesa que Dios nos hiciera a sus hijos en la tierra.

Cuánta paz llegará, cuánto bienestar y alegría, cuando tu amada presencia, por segunda ocasión, sea bien recibida por una humanidad tan agradecida por volver a sembrar la semilla del amor en el corazón de aquellos, que en su desesperanza perdieron la fe y la razón, y hoy te piden perdón de rodillas, porque contigo llega la tan anhelada salvación a este mundo tan confundido, que por fatal descuido, un funesto día, se olvidó de Ti, de la alabanza y la oración, y quedó condenado a tu olvido.

Recibamos con renovada alegría los nuevos tiempos, la nueva vida, por la segunda venida de nuestro divino Salvador, Jesucristo está vivo y está aquí.

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