Los panaderos de Milán

OPINIÓN AUTORIZADA / Efraín Moreno Arciniega

2022-01-23

Efraín Moreno Arciniega

“No miente tan solo aquel

Que habla en contra de lo que sabe,

Sino también aquel que habla

En contra de lo que no sabe”.

          NIETZSCHE 

EN LA NOVELA histórica “Los Novios”, Alessandro Manzoni aborda un problema que se dio en Milán con el sobreprecio y escasez del pan. 

Estamos hablando de la primera mitad del siglo XVII, allá por los años de 1628, justamente en medio de lo que fue “La Guerra de los 30 Años”; aquella guerra religiosa de los hombres de la Reforma de Lutero y Calvino, contra los hombres de la Contra Reforma de Ignacio de Loyola; en la que se involucraron, como sabemos, casi todos los países de aquel entonces de Europa.

Manzoni escribe:

“Era el segundo año de cosecha escasa. En parte por mayor contrariedad de las estaciones, en parte por culpa de los hombres.

“El derroche y el despilfarro de la guerra, esa hermosa guerra, era tal, que en la parte del estado más cercana a ella, muchas tierras, más de lo ordinario, quedaban sin cultivo y abandonadas por los campesinos”, Y agrega:

“Los insoportables tributos desde el Estado, impuestos por una codicia y una insensatez igualmente inmensas.

“Las tropas alojadas en los pueblos, con una conducta, que los dolorosos documentos de aquellos tiempos igualan a la de un enemigo invasor. Todo ello hizo tal mella que la penuria se hizo sentir de repente”.

 

SIN RAZÓN DE LA ESCASEZ

Hasta aquí Manzoni nos explica las verdaderas razones del sobreprecio y la escasez del pan. Aunque luego él mismo nos aporta un ejemplo de insensatez de aquella época:

“Pero cuando esto llega a cierto punto, nace siempre (o, al menos ha nacido siempre hasta ahora y, si aún lo hace después de tantos escritos de hombres de valía, ¡pensad en aquel tiempo!);” una opinión, en muchos, de que la escasez no tiene razón.

Se supone de pronto, que hay grano bastante y que el mal viene del no vender el suficiente para el consumo. Suposiciones que no tienen pies ni cabeza, pero que lisonjean a un tiempo la cólera y la esperanza de la multitud.

 

LOS CULPABLES

Los acumuladores de grano, reales o imaginarios, los poseedores de tierras, que no lo vendían todo en un día, los panaderos que lo compraban; todos aquellos, en suma, que lo tenían en poco o suficiente, o que tenían fama de tenerlo; a estos se culpaba de la penuria y el encarecimiento. 

Ante el abrupto aumento del precio y por tanto del encarecimiento del producto, la muchedumbre enfureció contra el Gobierno y los panaderos.

Hubo desobediencia civil y muertos.

Manzoni nos está exponiendo aquí un hecho muy recurrente en la historia de las sociedades: los problemas de las mismas capitalizadas por líderes ignorantes o perversos. 

 

“LOS GUÍAS DEL PUEBLO”

Históricamente estos personajes surgen desde los orígenes mismos de la democracia. Sócrates los denominó demagogos.

Allí estaban para él, y después para Platón y Aristóteles, los sofistas y los primeros líderes de la democracia que aparecían, en su opinión irónica, como “los guías del pueblo”; mismos que halagaban y lisonjeaban a los ciudadanos, las más de las veces mintiendo y engañando, para ganarse sus aprecios y conseguir con su favor arribar al poder en Atenas.

El mismo Pericles fue señalado por Sócrates de demagogo; Tucídides en su obra “La Guerra del Peloponeso”, nos narra cómo Pericles ofrecía viajes en barcos a las islas de la Hélade a los ciudadanos atenienses para que lo apoyaron en su lucha política contra la oligarquía que pretendía retornar al gobierno de Atenas.

Es verdad que, en todo tiempo, todas las sociedades han enfrentado problemas; pero no siempre lo que se propone para solucionar los mismos, particularmente por quienes se dicen sus líderes, es lo correcto. 

La estrategia para estos personajes históricamente siempre ha sido la misma: capitalizar el enojo de la sociedad y proponer esperanza.

 

LÍDERES DEMAGOGOS

Catilina casi logra postrar al Imperio Romano con aquella muchedumbre que lo idolatraba porque les iba a reducir los impuestos y a dotar de tierras.

Hitler les propuso a los alemanes sacarlos de su crisis económica y ser la primera potencia del mundo; sus contemporáneos lo amaban.

Stalin les propuso a los soviéticos darles el más alto nivel de vida del mundo y terminó matando a más de 20 millones de sus compatriotas por ser, en su opinión, opuestos a su propuesta.

Alguna vez, Daniel Ortega les propuso a los nicaragüenses liberarlos de la dictadura de Somoza que soportaban, y ha terminado siendo igual de dictador. Y esto me pesa mucho reconocerlo.

 

¿Y LOS MEXICANOS QUÉ?

En esos espejos debemos hoy de mirarnos los mexicanos. Alguna vez Porfirio Díaz nos propuso, en su Plan de la Noria, oponerse a la reelección en México. Cuando arribó al Gobierno, se le olvidó su propuesta; terminó como sabemos, reeligiéndose más de siete veces.

Hoy en México, admítase o no, hay muchos incumplimientos a propuestas hechas alguna vez a los ciudadanos por quienes ahora están en el Gobierno. 

No se puede dejar de pensar en la demagogia.

¡Un saludo para Todos!

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