La sustitución del presidente

OPINIÓN TRANSPARENTE / Manuel Salinas Solís

2022-01-24

Manuel Salinas Solís

“…Si la falta absoluta se presenta durante los dos primeros años del sexenio, el Congreso convoca a elección extraordinaria y será el electorado quien escoja a la persona que deba terminarlo. Si el evento ocurre pasados los dos primeros años, ya no se convoca a elecciones y es el propio Congreso quien designa al sustituto…”

 

HACE MUCHOS años siendo estudiante de Derecho en la UNAM, le comenté a uno de mis maestros quien a la sazón ocupaba una cartera en el gabinete presidencial de aquél entonces, mis inquietudes sobre la complicada manera  en que a mi juicio nuestra Constitución salía al paso para remediar una eventual y sorpresiva falta absoluta del presidente de la república. Razoné con él algunos supuestos en los cuales era evidente que el constituyente permanente había dejado “lagunas” es decir, hipótesis sin resolver explícitamente, de llegarse a  presentar semejante apuro. 

En la actitud un tanto evasiva de mi maestro para hurgar en el tema, comprendí con el tiempo, que ese era un asunto poco menos que vedado para la época, sobre todo para alguien que como él era parte del círculo cercano al presidente.

Daba la impresión o por lo menos así lo percibí en aquellos días, que se trataba de hacer sentir que la figura presidencial estaba al margen de esas humanas aunque inexorables eventualidades y por tanto no se debía siquiera mencionarlas pues de hacerlo, era tanto como dudar de la casi sobrenatural condición de quien ocupaba el más alto cargo del país.

 

LAS COSAS CAMBIAN

Pasados varios lustros y desacralizada en buena medida la figura presidencial, hoy se habla del asunto con aparente y total soltura. Llegar a ello no fue fácil. El recorrido para arribar hasta lo que hoy mandata al respecto la Constitución fue largo y no a salvo de volubilidades y situaciones imprevistas. 

Inicialmente adoptamos la figura vicepresidencial al modo en que existe en los Estados Unidos. 

Después de varios sucedidos poco felices, se suprimió la vicepresidencia y se dispuso que en caso de falta fuera el presidente de la Corte quien asumiera el cargo.  El presidente Juárez llegó a él porque al sucederse la vacante presidencial don Benito era en ese momento Presidente de nuestro más alto tribunal. 

Años más tarde resucitamos en México la figura del Vicepresidente para suprimirlo definitivamente al ser asesinado junto con Madero el vicepresidente José María Pino Suárez. 

 

ARTÍCULOS PREVISORES

Actualmente este asunto está previsto básicamente en los artículos 84 y 85 constitucionales y resumidamente consiste en lo siguiente:

Si la falta absoluta se presenta durante los dos primeros años del sexenio, el Congreso convoca a elección extraordinaria y será el electorado quien escoja a la persona que deba terminarlo. Si el evento ocurre pasados los dos primeros años, ya no se convoca a elecciones y es el propio Congreso quien designa al sustituto.

En cualquiera de los dos casos, el Secretario de Gobernación en funciones queda encargado de la presidencia en condición de provisional hasta en tanto el Congreso resuelve lo que corresponde. La resolución del Congreso no puede tardarse más de 60 días o dicho de otro modo, el Secretario de Gobernación convertido en presidente provisional no puede serlo por más de ese lapso. 

 

EL PLAN DOS 

Hay otro supuesto interesante que contempla actualmente la Constitución. Si al comienzo de un sexenio sobreviniera la ausencia absoluta del presidente electo, quien lo sustituiría sería el Presidente de la Cámara de Senadores. El Presidente del Congreso de la Unión también puede llegar a ocupar provisionalmente la presidencia; cuando es revocado de su cargo el presidente en funciones.

En resumen, tanto el Secretario de Gobernación como quienes ocupen la presidencia del Senado o del Congreso de la Unión pueden llegar a ocupar la presidencia de la república, aquél hasta por un término de 60 días trátese de ausencia temporal o definitiva, estos últimos por solo 30. 

Lo curioso del asunto es que por haber tenido ese brevísimo honor ni uno ni otros “en ningún caso y por ningún motivo” podrán volver a desempeñar ese puesto. 

 

¿ACABAN SUS CARRERAS?

En mi opinión modesta por supuesto, tampoco podrían volver a desempeñarse como Secretario de Gobernación ni como presidentes ni del Senado ni del Congreso respectivamente, pues por orden de la mismísima Constitución, se les habría impedido, o si se quiere amputado, así suene desagradable o traumático, una atribución y al propio tiempo un deber, el de poder saltar al ruedo y resolver una emergencia política del más alto y delicado nivel.

Ignoro si haya al respecto mediante la correspondiente iniciativa de reforma la voluntad de revisar este asunto.

Me parece que a este tema el tratamiento que a nivel local le da nuestra Constitución Política es más afortunado, pero de él nos ocuparemos en otra ocasión.

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