Campoamor

DESDE ESTA ESQUINA / Melitón Guevara Castillo

2022-05-11

Melitón Guevara Castillo

Estoy emocionado. Me acabo de enterar que Campoamor, el ejido donde nací hace 66 años, va a celebrar su 93 aniversario. Sera el próximo 12 de junio, hagan de cuenta que falta un mes y estaré contando los días. La pandemia, quiérase o no, nos alejó mucho como familia y como comunidad. Pero además, les cuento que ahí, de pronto, por años dejo de festejar el aniversario. Pudo haber sido la indolencia, las autoridades municipales o ejidales, no se… pero no había fiesta, cuando en otros años, ahí, eran emblemáticas de alegría y felicidad.

Campoamor es un ejido de Padilla, ubicado en el km 15 en la carretera Barretal-Nuevo Padilla. ¿Qué tiene de relevante, significativo? Para usted, amable lector, quizá no, pero si para mí. Ahí vi, como bien se dice, mis primeras luces. Un 22 de septiembre, según mis padres, una partera atendió a mama; en un cuarto, cuyas paredes eran de palos y tierra, el techo de palma.

En Campoamor vi como mis padres, gente del campo, trabajaban desde que salía el sol hasta que se ocultaba; aprendí a caminar en el monte, a conocer las parcelas, ser testigo y protagonista de cómo se cultivaba la tierra. Y de ahí salí, a los 7 años, para estudiar, forjarme una profesión y formar una familia. Así que la fiesta de Campoamor, que no tiene el glamour de El Roble, tiene sentido para mi familia. 

¿EL ROBLE O CAMPOAMOR?

En más de una ocasión me han preguntado: ¿Por qué, siendo de Campoamor, siempre hablo de El Roble, de sus fiestas, de su gente, de su rio y naranjas? La respuesta siempre es la misma: de ahí es Martha, mi esposa, ahí me case, y mi suegro (+) creo las condiciones para que El Roble se convirtiera en una tierra adoptiva. Y ahí, precisamente ahí, he disfrutado muchas y bonitas fiestas de aniversario. He sido testigo de cómo, hombres y mujeres, el día de la fiesta se funden en una: en anfitriones que contagian alegría y felicidad.

Campoamor, por su parte, me vio nacer. Ahí, mis padres, me dieron vida y forjaron los cimientos de la misma. Disfrute, de niño, el rio Purificación: estaba hermoso, con un caudal tremendo, conocí y padecí sus crecidas, vi en las corrientes árboles y hasta víboras. Conocí el campo: sus procesos de cultivo, jugué a las canicas bajo el árbol, perseguí las gallinas y un día, en la plaza, un toro me dio tremendo susto, que no supe ni como, pero brinque una cerca. Pisque maíz (mazorcas) y algodón; comí elotes asados y con un huacal intente agarrar palomas.

IDENTIDAD: CAMPO VS CIUDAD.

La identidad del campo me enajena: vivir en el campo, conocer a su gente, es muy distinto a la ciudad. Claro, los tiempos han cambiado: hoy la gente, ya no usa sombrero, prefieren la cachucha; en lugar de caballo o burro, andan en bicicletas o motos. Yo viví, en todo caso, la identidad campirana que se da en las familias, que intercambian y comparten todo. Incluso, lo viví en Victoria, en el barrio del 17 Veracruz… en la cuadra, casi todas las familias (salvo 2) eran provenientes de San Carlos y de otros lugares.

En la ciudad la cosa es distinta. En la cuadra, de pronto, ni nos conocemos los vecinos, así que menos convivimos. Incluso, se dan casos, en donde hay hasta conflictos por culpa del perro o de los juguetes de los niños. No estamos, en la ciudad, acostumbramos a los buenos días, ni al cómo te va. Menos a compartir, por decir, los tamales o los buñuelos de navidad.

Por eso me gustan las fiestas de rancho, del ejido, sean bodas, quinceañeras o el aniversario: porque se reúnen las familias, se reconocen, saludan y platican; son fechas que, aquellos que viven fuera, llegan y disfrutan, comparten. Por decirles, el 25 de febrero, en el aniversario de El Roble, llegan mis cuñados, que viven en Matamoros; como las primas de mi esposa, que viven en Matamoros o en otros lugares.

POLITICA Y OTRAS COSAS.

Así llama Catón a su columna, donde comenta de política, de chismes y chistes. Por eso, hoy, que todo mundo habla de política, de AVA, del Truko, de MORENA, del PRIAN, de guerra sucia, de trampas y acciones de corrupción, preferí hablar de Campoamor, El Roble y de mi infancia. No todo, pues, es política… Y si, no me voy a perder la fiesta de Campoamor, de su aniversario 93.

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