Las mil y una anécdotas

ENFOQUE / Salomón Beltrán Caballero

2022-05-14

Salomón Beltrán Caballero

Un buen día, estaba meditando sobre lo imperfecto que es el hombre, y la razón que tiene Jesús en decir que bueno es sólo Dios; cuando de pronto, llegaron a mí dos personas que discutían acaloradamente, diciéndose haber sido objeto de un singular agravio; uno de ellos, el hombre que no parecía ser el más ofuscado, pero sí influenciado por su mujer, se paró frente a mí y me pidió consejo, y después de haberlo escuchado con atención, hice como me enseñara el Maestro, incliné mi rostro hacia la tierra, y tomando una pequeña vara que había sido un despojo de lo que fuera un frondoso árbol, empecé a escribir algo en el suelo que ellos no entendieron, más les llamó la curiosidad, por saber mi respuesta pronta, no tanto por ser yo un sabio, sino por saber si era igual de ignorante en el asunto objeto de su molestia; después de un par de minutos les dije vean lo que ocurre allá; ellos voltearon de inmediato y dijeron: ¿En dónde? Acaso no ven nada, les respondí. No, no vemos nada, dijeron a una sola voz. Así me pareció que no ven nada, eso pasa porque sólo ven lo que quieren ver, lo que piensan es un agravio que merece el peor de los castigos, dizque para que un ser inocente no se convierta en monstruo, ¿acaso pudieron ver lo que pasaba con anticipación?  ¿Estuvieron ahí? ¿Vieron el abandono de los niños, su confusión? No lo vieron porque ambos se encontraban ocupados en algo que pensaron era más importante y los niños permanecían olvidados en juegos indebidos, pensando, en su ignorancia, que estaban seguros, alejados de la influencia y la maldad a la que los adultos estamos acostumbrados. ¿Por qué hasta ahora se sienten afectados? ¿Porque años después, cuando una conciencia motivada por una influencia acostumbrada a manipular las mentes sanas de los niños, les hablan del pecado? No busquen desquitar su ignorancia y su estupidez, condenando a un niño que quedó atrapado en su pasado, que un mal día, confundido, queriendo imitar a sus mayores, tuvo por desgracia el quebranto de su alma, por el egoísmo que en flagrancia lo despojó de sus valores.

Quien quiera arreglar el mundo, criticando los errores de los demás, debería primero ver los propios, entonces, vería que en su sentencia, lleva implícita la pena que debería él mismo de pagar; yo me preguntaría primero, qué he hecho en lo particular, para mejorar mi propia vida y no reflejar lo que seguramente es el mal que quiero adjudicar a los demás.  

Una pregunta vital para cuando creemos que nos asiste la razón en un caso de confusión, que más que nos hace ver como afectados, parecemos retrasados, es el hecho de tener una imaginación cargada de negativos agravios, siendo que la verdad lleva implícita una razón meramente circunstancial, motivada por la afección.

¿Qué quieres arreglar hombre profano y errado? un honor mancillado inexistente, mejor sé prudente y procura no lastimar al que en un futuro podría ser un valioso ser humano, como sé que ahora lo es, no lo estigmatices con los señalamientos malsanos, no lo criminalices, pues bastante ha sufrido por el trato inhumano de quien debió ser el guía y resultó ser un inconsciente.

De pronto, se escuchó no muy lejos, el griterío de una turba que quería apedrear a una mujer adúltera, de pronto el griterío calló, cuando el Maestro intervino a petición de aquellos que más que linchar a la mujer pecadora querían condenar al justo, unas cuantas palabras llenas de sabiduría y verdad bastaron para  disolver el atraco de aquellos que querían cometer un ultrajo aún más grande que la condenada por el maltrato de una mala vida: “ El que esté libre de culpa, que tire la primera piedra”.

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