Las curules de la ignominia

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2022-06-17

Liborio Méndez Zúñiga

Desde la infancia, en los libros de texto aprendimos que los legisladores han de ser ciudadanos de bien y con un halo de ciudadanía merecedor de respeto, nada menos que por ser representantes del pueblo que los elige con su voto. Supimos de diputados y senadores que honraron la tribuna de la Nación con palabra y obra legislativa para el bien de las mayorías, sentando las bases del México posrevolucionario con la Carta Magna de 1917. 

Llegar a formar parte del Congreso de la Unión y de los congresos estatales, significaba una distinción como ciudadano, un status de honradez y de independencia que resguardaba el equilibrio de los tres poderes, una ventana permanente al derecho de audiencia de los agraviados.

Pero ese ideal de hombres y mujeres tuvieron y tienen vaivenes al ritmo del presidencialismo rampante de viejo cuño, llegando al extremo de ser etiquetados como levanta dedos al mejor postor, perdiendo el voto de confianza de los electores, que vieron crecer como ponzoña el nefasto cabildeo de los intereses particulares. Es decir, legisladores al servicio de los poderosos.

Con toda su historia de vida institucional, Tamaulipas aportó legisladores de relieve a la patria, tuvo gobernadores de talla internacional, experimentó con un Partido Social Fronterizo, pero parece haber perdido la brújula con los diputados locales, que en fecha reciente se confabularon como semovientes mansos para obstruir la justicia de un desafuero para el pastor de su manada de becerros mostrencos y vacas jorras, envileciendo el recinto legislativo.

La prensa nacional y local dieron cuenta ya de estos desmanes de tamaulipecos sin dignidad ni conciencia de ser representantes populares, que, abusando de su propio fuero como herejes de la vida democrática, mancillaron sus curules desacatando una decisión del Congreso de la Unión, para blindar la figura de un político sin honor defenestrado por su conducta y actos delictivos señalados por las autoridades federales. 

Tamaña satrapía de una mayoría espuria del Congreso local, además puso en peligro las elecciones del 5 de junio, y tienen en estado de parálisis las tareas gubernamentales y con ello la tranquilidad de la vida de los tamaulipecos.

Pareciera que la buena fama de gente franca, honesta y trabajadora de los tamaulipecos depende de un puñado de ovejas negras que cual perros ferales defienden la carroña, a juzgar por su silencio y obsecuencia con las decisiones amañadas de modificar leyes y reglamentos para mantener el poder que ya no tienen, porque lo perdieron en las urnas.

La gente sencilla y de sentido común, rechazó el Ta Con Madre que hoy es vergüenza nacional por las grescas de cantina de los curulecos actuales, cuya falta de razón y ética la suplen con las vociferaciones fuera de tono, pero atrincherados en la votación de la mayoría simple, para denigrar con su voto la tribuna de los tamaulipecos, esa que se ha ganado para las causas populares desde 2018, y que este junio de 2022 le permite a Tamaulipas la segunda transición necesaria, porque la primera no lo fue.

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