Monumentalidad propicia o ¿estulticia monumental?

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2022-07-30

Liborio Méndez Zúñiga

De un tiempo a la fecha, y a pesar de los tiempos grises y oscuros en que sobrevivimos los mexicanos, los gobiernos se empeñan en vender todo el territorio como un gran conglomerado de destinos turísticos, más allá de las playas de fama mundial, violentando la paradisiaca naturaleza, a costo del ecocidio sin fin. Tierra adentro no se cantan mal las rancheras y ello se comprueba con los llamados Pueblos Mágicos, con una gama de ofertas no siempre en correspondencia con las pretensiones del programa, normado por el gobierno federal.

La biodiversidad de México ha sido propicia para intentar destinos de turismo de naturaleza, de aventura, aviturismo, etcétera, en desmedro de las comunidades locales, que de pronto se ven invadidas por turistas no responsables ni de la vida rural ni de la flora y fauna. En ese empeño, la publicidad mercantil no tiene freno: se pretende vender a toda costa, y ya se sabe que un promotor burócrata llega más lejos que un vendedor privado, ora que si se juntan, se echa la casa por la ventana.

Transitar por México se volvió una experiencia cromática al ver “florecer” los nombres de los municipios con letras de todos los colores, simulando la falsa imagen de un país en calma y santa paz. El viajante no tiene más remedio que ignorarlos estoicamente o tomarse la selfie para presumir sus andanzas. Estos letrerones tipo arlequín no se acompañan ni de un mapa básico que informe de los atractivos culturales del municipio o al menos de referentes históricos. Es decir, en lenguaje de los propios publicistas, la señalética es infame. Si el turista se detiene a preguntar, lo más seguro es que le digan: vaya derechito y allí traslomita está lo que busca. A eso agregue que los anuncios de las carreteras dejan mucho que desear, y las interrupciones de tráfico por mantenimiento son un peligro para el conductor. O bien le ponen una cadena de conos de kilómetros, para darse cuenta que al final andan tres hombres cortando el césped. 

Sin embargo, los tormentos fotográficos multicolores, de vez en cuando tienen como asiento un mirador de montaña o de mar, con servicios, por fin allí usted y los suyos pueden respirar, admirar el paisaje y hacer buena fotografía con cámara o sin ella, que para eso tenemos los ojos también.

El turista que recorre los caminos de México, de pronto tiene frente a sus ojos por minutos la figura monumental de un bailador de la Danza del Venado, el Danzante yaqui, que conmueve por su arte y nos remite a las raíces de los sonorenses. Semejante experiencia visual alienta el interés por conocer más de los pueblos originarios. En Chihuahua podrá usted encontrar esculturas de Pancho Villa a caballo, en alguna rotonda de entrada y salida a la ciudad. En Coahuila también se aprecia y admira una estatua ecuestre de Venustiano Carranza. 

Viene todo lo anterior a cuento porque los tamaulipecos y visitantes de otras entidades, se sorprenden porque Llera y Gómez Farías con letreros en la carretera anuncian ser la Puerta de Huasteca. ¿A cual creerle? De manera semejante, se anuncia ser la puerta de El Cielo, en este caso, Gómez Farías y Ocampo; Jaumave se planta y anuncia ser la Ruta de la Monarca. Pero viene otra noticia: muy cerca del puente del Rio Sabinas, en el entronque que lleva al Cielo, ya se aprecia una figura de un jaguar postrado, presuntamente icónico de la fauna de la Reserva de la Biosfera El Cielo. Digo que presuntamente porque si de felinos se trata, hay al menos seis especies: jaguar, puma, tigrillo, lince, ocelote, y jaguarundi, pero ¿cual representaría de manera emblemática a Tamaulipas?

De todos es bien sabido que el jaguar es un referente de las selvas del sureste mexicano, donde representa un bastión de la cultura de los pueblos originarios, concediéndole un sentido religioso a la especie. Por ello, se ha sensibilizado incluso sobre la importancia del estudio científico del felino y dado pié a programas de conservación. Es pertinente entonces saber si en Tamaulipas existe ahora un proyecto cimero en la materia, o bien es otra ocurrencia de la burocracia que busca el relumbrón sin sustento erigiendo un  monumento por llamar la atención al pie de la carretera como escaparate de un parador turístico. Nomás falta que el daño colateral sea atraer más cazadores furtivos o depredadores de la naturaleza motorizados para una aventura tipo safari.

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