Menores, depositarios de violencia vicaria

MIRADA DE MUJER / Luz del Carmen Parra

2022-07-31

Luz del Carmen Parra

Cuando se pierde el amor por la pareja y se cae en un círculo vicioso enmarcado por la violencia de género, donde el daño físico y emocional de la convivencia reclama con urgencia la separación, cuando pareciera que ya se alcanzó el techo de lo soportable, empieza lo que se conoce como violencia vicaria, dirigida en la mayoría de los casos, a la mujer.

El cúmulo de agresiones extremas, ahora también se aplican contra los hijos pequeños, por lo regular menores de edad, y se les convierte en un instrumento de guerra, receptores del odio y del resentimiento de sus padres, tomándolos como depositarios del maltrato, con el único fin de causar mayor sufrimiento a la mujer en su rol de madre.

“Se han olvidado años de amor, en el odio de un minuto”, sentenciaba Edgar Allan Poe el gran novelista del terror literario, concentrando en esta pequeña frase, el horror que puede desencadenar una persona despechada y vengativa, que ha perdido toda perspectiva de lo que es la responsabilidad que implica traer un hijo a este mundo.

Mi abuelita decía que cuando se pierde el amor por la esposa, también el de los hijos se acaba, de ahí que se les trata con indiferencia, y crueldad, se les manipula contra su madre a la que aún viviendo en la misma casa, acaban por faltarle al respeto, llegando incluso a agredirla física y verbalmente. 

La violencia vicaria es considerada la segunda violencia de género más cruel después del feminicidio, y se caracteriza por su escalada de violencia física, psicológica, patrimonial, económica, sexual, llevada a la amenaza de hacer daño a los hijos e incluso, a la separación obligada de su madre.

Esta violencia, aunque es dirigida a la mujer, es en los niños y adolescentes, en quienes recae, cuando se ven en medio del conflicto entre el agresor y la víctima. Son ellos los que reciben los golpes, la humillación y la manipulación emocional, llegando incluso hasta la muerte, aunque el destinatario final del mensaje sea la mujer.

La batalla continúa más allá de todo lo imaginado. ¿Hasta dónde es capaz de llegar el hombre por venganza, en medio de celos o envidia, saña y rencor, olvidando su papel de padre, tan trascendente en la vida de sus hijos?

El amor de los primeros años es sustituido por la violencia intrafamiliar en todas sus expresiones de crueldad, porque no solo afecta a las madres, sino que el daño físico, psicológico, mental y de adaptación social lo sufren los hijos, como víctimas centrales de este conflicto parental.

En México, hasta hace un año no se conocía esta definición de violencia vicaria, que originalmente fue acuñada por la psicóloga clínica y feminista argentina Sonia Vaccaro en 2012, ubicándola como “la expresión más cruel de la violencia de género”.

Fue un grupo de abogadas, miembros de colectivos y mujeres que han sido despojadas de sus hijos por sus parejas, quienes coincidieron y decidieron crear el Frente Nacional contra la Violencia Vicaria, en agosto del año pasado, justo hace un año.

Iniciaron la lucha por hacer visible este tipo de violencia que cada día crece más en nuestro país, buscando sensibilizar a los congresos estatales y a los legisladores federales sobre la falta de reconocimiento del daño que se ocasiona a los menores y la enorme corrupción presente en los procesos judiciales, en los que están implicados padres y funcionarios públicos, donde el trafico de influencias revictimiza a la mujer.

Según estimaciones del FNVV, en los casos de violencia vicaria, el 88 por ciento de los agresores, amenaza a la mamá con hacerle daño a través de sus hijos; el 90 por ciento de las mujeres, tienen denuncias falsas, son revictimizadas por los jueces o ministerios públicos, y en el 80 por ciento existe un deudor alimentario.

Jennifer Seifert Braun, cofundadora del FNVV, dice que este tipo de violencia se ejerce para atacar, agredir, controlar y someter a la mujer a la voluntad del hombre a través de los hijos y constituye una violencia sicológica y de manipulación por la sustracción y ocultamiento de los hijos y el enorme sufrimiento al que se condena a la madre, sin dejar de mencionar el daño inconmensurable que se quedará de por vida en los hijos.

Los pequeños al ser separados violentamente de sus madres son sometidos a una experiencia que les marcará de por vida. Aseguran que cuando regresan, si es que regresan, los niños presentan depresión, ansiedad, regresiones psicológicas, emocionales y físicas, y en los adolescentes además se presentan ideas e intentos de suicidio. El daño es irreversible.

Les comparto mis redes sociales:

Facebook: @MiradadeMujer7lcp    

Twitter: @MiradadeMujer7 

Derechos Reservados © La Capital 2022