Las mil y una anécdotas

ENFOQUE / Salomón Beltrán Caballero

2022-08-05

Salomón Beltrán Caballero

He de confesar estimados lectores, que como ser humano que soy, he cometido errores, realmente es triste aferrarse a tratar de enfatizar en lo que se piensa es un don o una virtud, sin percatarse, de que al hacerlo, se privilegian valores como la vanidad; todo inició hace más de 35 años cuando un destacado escritor local observó que podría tener sentido para mi persona y la sociedad, que compartiera lo que escribía, y me motivó a publicar a manera de colaboración periodística, mi pensamiento y reflexiones, mas, nunca fue mi intensión el incomodar a aquellos que tenían ya una posición bien ganada en los medios de comunicación, y sin desearlo me gané por un tiempo la animadversión de esas respetables personas; he de confesar también, que en mi procuración de resaltar los valores positivos, sin desearlo, dañé a algunas personas que supusieron que mi familia era perfecta, de ahí que incluso, fui criticado por ensalzar tales atribuciones, por ello, pido disculpas nuevamente si alguien se sintió afectado; lamento además, que en algunas ocasiones, mi romanticismo exacerbado idealizara un enfoque de vida plena donde se vive en paz y en armonía; pero, a quien no le daré una explicación de lo que hago y de lo que soy es a Dios, porque si mi camino fuera tan torcido, él ya le hubiese puesto fin; él sabe quién soy yo, y por qué soy así, él comprende el hecho de que cuando el barro se pone en manos de otras personas, ellas tratarán siempre de hacerlo de acuerdo a su sentir, de tal forma, que la vasija ya terminada puede adolecer de belleza, de forma, de expresión, de sentimientos, y por ello, no agradar a muchos, incluso a la propia familia.

Hoy me siento como una de esas vasijas de barro, indefinida, pero que seguramente para quien me creó, resultaba perfecta, de ahí que mi madre, siempre trató de mantenerme cerca, cuidándome como un valioso tesoro, después, hubo otras tantas vasijas igual de valiosas que fueron recibiendo el mismo amor sin distinción alguna, se ubicaron pues, en el corazón de tan amorosa mujer. 

Con el tiempo me he ido deteriorando, y he sido pintado del color del hermano, del amigo, del esposo, del padre y del abuelo, del profesionista, del compañero de trabajo, y nunca podré estar seguro de haber sido lo suficientemente útil, para aquellos que me colocaron en algún momento en su corazón, porque como dice mi amado Maestro Jesucristo: “Nadie es bueno, sólo uno, Dios.”

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