El chilero del Ebanito y Las Norias

DESDE ESTA ESQUINA / Melitón Guevara Castillo

2022-08-05

Melitón Guevara Castillo

El Ebanito es un lugar que está a la salida a Mante, ahora está plagado de casas y negocios, pero en otro tiempo, era un lugar donde un grupo de amigos nos reuníamos, sábado tras sábado, a jugar domino. Eran momentos intensos, de guerra verbal, que tenía sus momentos para prender el carbón y disfrutar con una cerveza bien fría.

Y Las Norias imagino que muchos la identifican: Primero estuvo en el 8 carrera y Aldama, luego se pasó al 7 y 8 Aldama. Centro recreativo para jugar billar, aunque yo nunca pude jugar carambolas, aunque en un tiempo el abogado Ramiro Sosa, intentó enseñarme. Fueron momentos de emoción, de pasar el momento y de relajamientos.

HERMANO Y AMIGO.

Hoy quiero comentar, con la venia de mis lectores, de un amigo. En más de una ocasión se dice, que los amigos se cuentan con los dedos de la mano y sobran. Lorenzo López Gómez, fue mi amigo: lo conocí cuando yo tenía, hagan de cuenta, 10 años; yo vivía en el 9 y 10 Abasolo, en una casita de palma prestada; y él era chofer de la Cruz Roja y estudiaba la secundaria nocturna. Fanny, su novia y luego madre de sus hijos, vivía a la vuelta, en el 10 y 11 Allende.

La vecindad intensifico una amistad que, sin embargo, se inició un poco antes. En mi transitar, a esa edad, por la Cruz Roja hacia el palacio federal, donde vendía chicles. Amistad que creció en la medida que compartimos otros contextos: la universidad (brigadas de Servicio Social), la logia masónica, el activismo político, la preparatoria Torres Bodet y la convivencia cotidiana al compartir ideas, principios.

RUTINA DE CONVIVENCIA.

Una de las mejores épocas, de convivencia con Lorenzo y sus amigos, fueron los viernes en Las Norias y los sábados en El Ebanito. Ahí, de manera casi religiosa, convergían nuestros pasos, nos reuníamos: Lorenzo López, Nazario Barrón, Antonio Chávez y Juan Bautista. Los viernes, después del trabajo, ahí nos veíamos, para jugar billar, tomarnos una cerveza y conversar; y el sábado, seguíamos platicando al tiempo de jugar domino en El Ebanito, la casa de Juan Bautista, que a veces se lucia y preparaba de botana menudo. Como el que hizo cuando se casó su hijo, Juanito.

El billar y el domino afianzo, sin la menor duda, los lazos de amistad de los 4. Era el momento de compartir, también, cosas personales y hasta de platicar de grilla política, tanto universitaria como de la partidista…hagan de cuenta que, por un tiempo, fueron parte de mis fuentes y reflexiones periodísticas.

EL CHILERO.

Con motivo del fallecimiento de Lorenzo, publique en el Facebook la esquela. Los comentarios fueron variados; unos recordaron momentos en que coincidieron y hasta como le decían. Me llamo la atención que uno le dijera: El chilero. Y efectivamente, así era: no se media para llamar las cosas por su nombre. Siempre se mostró inquieto, rebelde y no se aguantaba lo que pensaba de unos y otros.

Lorenzo, Nazario y Toño, en las reuniones del Ebanito o en Las Norias, se enfrascaban en alegatos, pullas y expresiones fuertes. En una ocasión, en El Ebanito, Olaf, mi ahijado les pregunto: ¿Por qué a él (refiriéndose a mi) no le dicen cosas? Porque no se lleva, así, con nosotros le dijeron. Solo ellos, vaya pues, se aguantaban. Esa intensidad en su relación era de solidaridad, cooperación, en la vida cotidiana, familiar, social y política.

UN GUERRERO.

En el funeral Manuel Macías Palomino y Nazario Barrón hicieron uso de la palabra. Como un luchador, como un guerrero, describieron la vida de Lorenzo. Efectivamente, así fue: construyo una empresa familiar, la propia familia, y ahí sus hijos lo confirmaron. En la vida política, ocupo cargos en el gobierno municipal, hasta fue regidor… hubiera sido un buen diputado local.

Y en la comunidad, muchos hoy profesionistas, que pasaron por las aulas de la Torres Bodet, bien que lo recuerdan: regañón y a veces hasta grosero, pero les cambió la vida. En Bohemio de afición, bien que lo describen: 

Me quito la camisa por un buen amigo
Hoy vivo millonario, mañana mendigo
Mi dicha o mi dolor, a nadie se lo digo
Por eso nadie sabe cuándo estoy gozando, cuando estoy herido
Por eso nadie sabe cuándo estoy gozando, cuando estoy herido

Descanse en paz: el guerrero para unos y, para otros, el chilero.

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