Ese dÃa me sacaron a matar
DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga
2025-05-11
DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga
2025-05-11
A mediados de los años cincuenta los niños escuchábamos historia de los padres y canciones de las madres en los florecientes distritos de regadío de la frontera norestense tamaulipeca. En los ranchos agrícolas se cultivaba el algodonero, y la cosecha corría por cuenta de pizcadores migrantes, que viajaban por temporadas incluso con sus familias. Por ello, las tardes y noches se reunían patrones y trabajadores a contar historias o a cantar el folclor mexicano. La siguiente historia fue un hecho de la vida real de esa década dorada del “oro blanco”.
A lo mejor tú no te acuerdas, hijo mío, eras apenas un chilpayate, pero ese día me sacaron del rancho para borrarme del mapa. A pesar de mis 80 lo recuerdo todo muy clarito. Llegaron a mediodía al rancho los ayudantes del ingeniero de la SRH para avisarme que me esperaba en la bocatoma del canal de riego. Sí, ahí estaba el ingeniero, con aquel militar que parecía echar lumbre por los ojos. Nomás llegué y me dijeron que el Mayor quería arreglar un asuntito conmigo. Pensé para mis adentros este es “un cuatro” de estos infelices.
No se me olvida la fecha, fue un 21 de marzo de 1957, era un día soleado aunque soplaba el viento del sur. Me esperaba mi destino a un kilómetro de la casa, lo caminé por arriba del bordo del canal de riego que atravesaba en diagonal el lote propiedad del militar. Como recuerdas nuestra propiedad, El Rancho Guadalupe estaba en la brecha 120 y Kilómetro 3 Norte, municipio de Río Bravo.
Me encomendé a Dios y le pregunté al ingeniero de qué se trataba la reunión, pero la bestia gritó no te hagas pendejo, el asunto es conmigo y me dio un testerazo con su 45 reglamentaria. Tú te debes de acordar, hijo, porque alguna vez jugaste con el chilpayate del mayor, ese maldito militar era uno de los achichincles del presidente más rata de México, el tal Miguel Alemán, que lo favoreció con aquellas 100 hectáreas de la mejor tierra en el distrito de riego por los privilegiados del gobierno. Sí, de seguro te acuerdas de que en frente de su casa tenía una estatua del dizque “Cachorro de la Revolución”
Era cierto que teníamos diferencias porque me negaba el permiso para pasar el agua de riego por su propiedad, por sus puras pistolas. Tal vez no te acuerdes, hijo, pero ese mayor estaba loco del poder que tenía, con un carácter de todos los diablos, siempre vestido de verde olivo y escupiendo sapos y culebras. Era un lunático, aunque veces era servicial con algún vecino, pero siempre fue un déspota con sus trabajadores.
Como te decía, ese día me sacaron a matar, me puso el dedo en el pecho y me insultó para provocarme, ese era su plan, al defenderme le daría motivo para pegarme un balazo con su 45 y con testigos muy honorables del gobierno. Aguanté los insultos y las amenazas por ustedes del mal nacido y me encomendé a Dios. Cuando se le acabó la saliva, el mayor de repente dio media vuelta y se fue maldiciendo y los demás detrás de él, pero te lo aseguro, ese día me iban a matar.
Esta y otras historias mi padre las repetía y repetía, y conforme pasaron los años entraron a la niebla de mis fantasmas, con apariciones esporádicas, incluso en sueños, trayendo a mi memoria las imágenes paternas con la ira y rabia que endurecían sus facciones, estrujando mi memoria de recuerdos ingratos.
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