Una revolcada por un tal Rubalcaba

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2025-05-24

Liborio Méndez Zúñiga

Entender las decisiones del nuevo mando en la Ciudad de México y en el país entero, sin duda implica tener información discreta y conocimiento de causa de la cosa pública y del poder del nuevo gobierno en México, y eso no es tarea menor. 

Para el ciudadano medio, precariamente cultivado en ese arte de lo posible o bien en el talento que brinda la experiencia de la participación en la política, desde la calle o bien de puestos directivos de la capital metropolitana, implicaría ser miembro activo del movimiento de Morena o bien de sus gobiernos en estados y municipios, es decir, actuar conscientemente como protagonista del cambio verdadero. 

Ha sido noticia nacional el nombramiento de un personaje cuestionado por su pasado en el prianismo y su reciente nombramiento que lo pone al frente de la administración del Metro en la capital del país. Al respecto, llamó mi atención el sesudo artículo del doctor Lorenzo Meyer en su entrega quincenal al medio Sin embargo. El doctor Meyer es un historiador de alto relieve en la academia de las ciencias sociales, incluso con un doctorado en Harvard. Ahora profesor jubilado, pero muy activo en los medios, con una posición de intelectual de izquierda. 

Meyer cuestiona el fenómeno de incorporar a las tareas de gobierno a personajes de dudosa reputación, especialmente cuando los encargos tienen que ver con puestos de alta responsabilidad como es el caso del Metro, cuyos asegunes conocen muy bien la presidenta y además su secretario Marcelo Ebrard. 

Pero por qué llegan estos personajes que tienen cola que les pisen y ponen en entredicho las arengas de Morena desde AMLO, pero ahora también del segundo piso prometido por Sheinbaum, que uno pensaría apretaría tuercas con los opositores deleznables. ¿Estos personajes son invitados en una actitud de sumar votos pero exponiendo resultados fallidos de áreas estratégicas del nuevo gobierno? Lo sabremos con el tiempo, o con otro conflicto con un sindicato de trabajadores, y Dios guarde la hora, otro accidente del Metro. 

Por lo pronto, integrantes de las izquierdas históricas que han acompañado a Morena desde la dirigencia de Amlo, han puesto el grito en el cielo cuestionando esta decisión de abrir espacios a políticos de viejo cuño o bien del compadrazgo del prian. Los ciudadanos de a pie están con el Jesús en la boca porque anticipan divisionismo en el movimiento y encono entre los militantes del partido morena, se enteran por los medios a favor y en contra de supuestas explicaciones de este pragmatismo de viejo cuño. 

Revisando la historia, nos recuerda el doctor Meyer en su artículo que en 1935 Lázaro Cárdenas con un manotazo barrió contra todos los opositores a su proyecto de nación, cuyos resultados son ampliamente reconocidos por el líder moral de Morena y por la dueña del bastón del mando en Palacio Nacional. 

Ahora bien, la mano suave pero enérgica de Sheinbaum la hemos ido conociendo poco a poco y en estos momentos importa más la política internacional que la política nacional y además la presidenta gobierna con ese bono electoral de los 36 millones de votos de su triunfo, bono que hasta la fecha se pinta solo con el 80% de aceptación de los encuestados en los sondeos de opinión pública. 

Lo de Rubalcaba además de la revolcada no es el tema más álgido de la agenda nacional a pesar de los veintitantos mil trabajadores del Metro y el montón de millones de pesos de su presupuesto; aquí habría que recordar a don Andrés Molina Enríquez y su libro sobre Los grandes problemas de la nación antes de rasgarnos las vestiduras por el riesgo de incorporar al gobierno al sujeto antes mencionado. 

Sin embargo, viene a mi mente que Morena cogobierna la CDMX, cuyo Congreso puede tener mayoría de Morena pero también legisladores con carrera política que plantan la cara por todos los votos azules y de otros colores, que ganaron alcaldías en la pasada elección capitalina. Nos preguntamos hasta dónde la llegada del sujeto en mención a dirigir el Metro no es una cauta mano tendida para el diálogo con esos votantes de clase media que alimentan las redes sociales diariamente denostando a la jefa capitalina y de paso a Claudia, la Presidenta de todos ustedes y nosotros. 

Esta hipótesis valida las consecuencias del llamado a todas las fuerzas y personajes de diferente partido o agrupación o grupos de interés, cuando se convocó a eso que llamamos partido-movimiento, y esos espacios cedidos a individuos de otras agrupaciones políticas como el prian y demás, tal vez abonen a asumir la política como el arte de lo posible. Vale la pena la arenga: Despacio, que llevamos prisa.  

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