La narrativa tradicional del agrónomo y los desafíos de la agricultura (I)
DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga
2025-08-11
DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga
2025-08-11
En varios artículos breves hemos abordado en La Capital, expresión de Tamaulipas, los periplos de la agronomía y sus gremios, digamos desde los años cincuenta del pasado siglo hasta las primeras dos décadas de la presente centuria.
Abordar la narrativa de los ingenieros agrónomos en México implica una lectura de la bibliografía de sus orígenes y la evolución de la carrera en el país, desde que surgió el basamento de un proyecto educacional en el siglo pasado, dando pie a la fundación de la Escuela Nacional de Agricultura y otras escuelas regionales.
Habría que considerar también la bibliografía de lo que fuera la Escuela de Agricultura Hermanos Escobar en Ciudad Juárez, Chihuahua y por supuesto, toda la historia institucional de la Escuela Agraria Antonio Narro. Habría que revisar también la evolución institucional de las escuelas y facultades de la carrera en las universidades públicas del país.
Un documento obligado será al menos hojear la correspondencia del Ingeniero Marte R. Gómez, editada por el Colegio de Postgraduados. Es decir, estaríamos hablando de un empeño de proyecto de historia cultural, tanto de la agricultura desde los tiempos precolombinos como de la profesión moderna de las ciencias agrícolas en su conjunto, para tener una visión justa del acontecer del mundo agronómico en el contexto del desarrollo nacional y los proyectos de nación.
En los textos precedentes nos ocupamos de la situación de la Confederación Nacional Agronómica, filial de la CNC, posterior a la Sociedad Agronómica Mexicana, que inscribió sus afanes en la confederación y sus asociadas federaciones agronómicas estatales, por lo cual su vida quedó inmersa en el terreno político de la Confederación Nacional Campesina, brazo electoral del PRI.
La pléyade de agrónomos técnicos y científicos optó por la fundación del Colegio de Ingenieros Agrónomos de México como asociación civil, de carácter eminentemente técnico para velar por los intereses de la profesión agronómica, empeñándose en ser presidido por agrónomos graduados en maestría y en doctorado. El CIAM representa una historia más corta pero también tuvo sus reflejos con los colegios estatales fundados por iniciativas regionales o locales, con grupos reducidos de miembros.
Otra entidad organizativa de los profesionales de la agronomía han sido las asociaciones de egresados de las facultades fundadas en el marco de las universidades públicas estatales, aunque sin una organización nacional como si ocurrió con la Asociación de Egresados de Chapingo. En todo caso, el referente documental sería la Asociación Mexicana de Educación agrícola Superior, AMEAS.
¿Qué ha pasado con estas organizaciones? ¿Cuál podría ser su legado documentado, a más de 50 años de quehacer profesional? ¿Hasta dónde han podido incidir en el diseño de las políticas públicas del sector agropecuario? y ¿qué puede decirse del ejercicio profesional de los agrónomos considerando que han transitado por el servicio público y privado, en particular por el extensionismo y por la investigación agrícola, por el financiamiento y el aseguramiento, por la infraestructura hidro agrícola y de modo especial por la educación agropecuaria?
El órgano político adscrito al PRI ha corrido con la suerte de ese partido, es evidente la parálisis no solo de la Confederación Nacional Agronómica sino de sus federaciones estatales.
Por otro lado, la matrícula en las escuelas de agronomía descendió considerablemente y se ha dado el caso de la pretendida transformación del cometido de esas escuelas a la agenda de las ciencias ambientales, del turismo rural, y de otros propósitos que apenas muestran sus primeros avances.
De modo que podríamos decir que el proyecto original y fundacional de las escuelas de agronomía ha transitado hacia una merma de la importancia económica y política del gremio, conjeturando que del universo de egresados somos titulados menos de la mitad y pasantes del sistema educativo nacional, y tal vez entre un 10 y 20% ejerce actualmente la profesión en el sector agropecuario y forestal.
Si lo anterior es cierto, estaríamos ante la mudanza de esta profesión hacia el discurso de la crisis global de la agricultura, ante el cambio climático y la contaminación ambiental derivada que la Revolución Verde, como lo postuló en su libro la socióloga Luisa Paré desde los años 80, quien aseveró que la Revolución verde estaba muy verde.
Si el uso desmedido de la llamada tecnología moderna mecanizada y los paquetes tecnológicos dependientes del abuso en el consumo de pesticidas, tal como lo dijo Rachel Carson en su libro La primavera silenciosa, lo cual está demostrado científicamente. Es decir, estaría pesando en la memoria del gremio el tremendo error presidencial de Luis Echeverría y de su arenga de que solo los caminos queden sin sembrar.
El éxito relativo del proyecto hidro agrícola de la construcción de presas y distritos de riego en unos seis millones de hectáreas del norte del país, también contiene una historia de avances y retrocesos, porque el agua se ha convertido en un factor limitativo de los ciclos agrícolas y de la producción basada en el monocultivo; historia aparte sería considerar la agricultura de temporal de unos 20 millones de hectáreas en dónde el tema demográfico se pronuncia con el éxodo rural y el envejecimiento de los campesinos y pequeños productores.
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