Tema de pluris sigue en la mesa de negociaciones
CONTRAPARTE / Redacción | La Capital
2026-02-09
CONTRAPARTE / Redacción | La Capital
2026-02-09
El desmentido público de Luisa María Alcalde a Ricardo Monreal es la ventana más clara hacia un proceso de reforma electoral que avanza entre contradicciones, tensiones y negociaciones que nada tienen que ver con el fortalecimiento institucional.
La dirigencia de Morena dejó al descubierto que el partido aún no define su postura final sobre los plurinominales, y que el control del mensaje —y de la narrativa de austeridad— sigue en manos de la cúpula, no de su bancada legislativa.
Cuando Monreal afirmó que el sistema de representación proporcional “se mantendría sin cambios”, no hablaba al aire. Como coordinador parlamentario, sus palabras suelen reflejar acuerdos avanzados o, al menos, líneas de negociación.
Pero Alcalde lo desmintió de inmediato, desde redes sociales y con una contundencia que no deja espacio para matices:
“Es falso que Morena pretenda mantener el sistema actual de plurinominales; además sostenemos que es factible una reducción sustancial del presupuesto de los partidos políticos”.
La corrección pública no solo exhibe descoordinación. Revela que la reforma electoral está siendo negociada en múltiples frentes, y que uno de esos frentes —quizá el menos visible, pero no el menos relevante— es la disputa interna por posiciones de poder, incluido el ámbito local.
Y aquí entra un elemento que no puede ignorarse: la insistencia de Saúl Monreal en buscar la gubernatura de Zacatecas en 2027, pese a los lineamientos contra el nepotismo y pese a los llamados públicos de su propio hermano a “serenarse”.
La familia Monreal ha convertido la gubernatura zacatecana en una ficha más dentro del paquete de negociaciones políticas. No es casual que, en medio del debate sobre plurinominales, financiamiento y Oples, resurja la presión para mantener viva la aspiración de Saúl.
Zacatecas se vuelve moneda de cambio. Y la reforma electoral, que debería ser una decisión de Estado, termina contaminada por ambiciones personales y cálculos familiares.
El mensaje es claro: mientras la dirigencia intenta imponer una narrativa de austeridad y modernización institucional, algunos actores dentro del propio movimiento están ocupados en asegurar posiciones, heredar espacios y blindar proyectos locales.
La reforma electoral se discute en el Congreso, sí, pero también en los pasillos donde se negocian candidaturas, cuotas y lealtades.
Tras el desmentido, Monreal rectificó. Dijo que sus declaraciones no representaban un acuerdo final. Pero la rectificación no borra el hecho político:
Morena está negociando consigo mismo, y en esa negociación entran desde el número de plurinominales hasta la sucesión en Zacatecas.
La pregunta de fondo es inevitable: ¿Puede una reforma electoral nacer de un proceso donde las reglas del juego se mezclan con intereses familiares, disputas internas y correcciones públicas?
La democracia exige instituciones fuertes, no reformas hechas al ritmo de las ambiciones personales. Exige consensos, no desmentidos. Exige visión de Estado, no cálculos de clan.
El episodio Alcalde-Monreal es un síntoma de que la reforma electoral está atrapada entre la narrativa oficial y la realidad política.
Y mientras no se resuelva esa contradicción, cualquier cambio a las reglas del juego seguirá siendo como un movimiento táctico, no como un proyecto de país.
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