La disputa por la NEM

CONTRAPARTE / Redacción | La Capital

2026-02-14

Redacción | La Capital

La polémica en torno a Marx Arriaga y la diligencia realizada por la Secretaría de Educación Pública no es un simple desacuerdo burocrático. Es, en realidad, la expresión visible de una tensión más profunda: la disputa por el rumbo de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) en el primer tramo del gobierno de Claudia Sheinbaum.

La SEP insiste en que “no ha ocurrido ningún desalojo por parte de las autoridades hacia funcionario alguno”, y técnicamente tiene razón. Pero reducir el episodio a un trámite administrativo sería ignorar el trasfondo político y pedagógico que lo alimenta. La transformación de la plaza de Arriaga a una de libre designación —“lo que deja en libertad a la Secretaría… para hacer un nuevo nombramiento”— no es un movimiento ordinario, tiene jiribilla.

INTERPRETACIÓN DEL OBRADORISMO EDUCATIVO

Arriaga fue una figura central en la construcción de los 107 Libros de Texto Gratuitos y en la narrativa pedagógica del obradorismo. Un comunicado de este sábado reconoce su papel: “Su trabajo… fue parte importante de la NEM”. Pero también deja claro que la SEP actual considera que la Dirección General de Materiales Educativos se volvió un obstáculo para la actualización de los contenidos.

La dependencia afirma que la DGME rechazó cambios solicitados por la Subsecretaría de Educación Básica, argumentando que modificar los libros atentaría contra el legado de López Obrador. Es una acusación fuerte, porque sugiere que la defensa del proyecto original se convirtió en una forma de inmovilismo.

Aquí aparece la primera grieta: ¿quién tiene la legitimidad para interpretar la continuidad de la NEM?

¿El equipo que la diseñó o la administración que ahora la implementa?

NEM ES UN TERRITORIO POLÍTICO

La SEP asegura que la NEM no está en riesgo y que su esencia no cambiará. “Es mentira que se quieran suprimir contenidos que tengan que ver con los procesos de transformación o con el obradorismo”, afirma. Pero el énfasis en esta aclaración revela que el debate existe, que hay sectores que temen una “desideologización” del proyecto y otros que buscan corregir lo que consideran excesos o rigideces.

La disputa no es pedagógica: es política. La NEM se ha convertido en un símbolo del obradorismo, y cualquier ajuste —por técnico que sea— se lee como una toma de posición.

La SEP reconoce que la diligencia se ejecutó de manera incorrecta: “Lo que sí es absolutamente reprobable es la manera en que se llevó a cabo esta diligencia… nunca los abusos de poder”. Esta admisión es relevante porque desmonta la narrativa de que todo fue un trámite rutinario. Si la forma fue reprobable, es porque hubo un exceso. Y en política, los excesos rara vez son accidentales.

El episodio deja ver un choque de estilos entre un funcionario identificado con el obradorismo más militante y una administración que busca marcar distancia sin romper con la narrativa de continuidad.

¿Qué está en juego? No es solo el cargo de Arriaga. No son solo los libros de texto. Lo que está en juego es el control simbólico y operativo de la NEM.

La SEP afirma que la transformación educativa sigue su marcha: “Lo que es del pueblo no se detiene”. Pero el mensaje implícito es otro: la NEM seguirá, sí, pero bajo nuevos criterios, nuevas prioridades y nuevos equilibrios internos.

La pregunta es si esta transición será tersa o si veremos más episodios como este, donde las tensiones pedagógicas se convierten en disputas políticas y las disputas políticas en conflictos administrativos.

Por ahora, lo único claro es que la NEM se ha convertido en un campo de batalla donde se juega no solo el futuro de la educación pública, sino la definición misma del proyecto de transformación en este trascendente ámbito.

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