Historia de la creación del Museo De Historia Natural-TamUx en Ciudad Victoria

CIENCIA Y SOCIEDAD / Felipe Eduardo San Martín González

2026-09-21

Felipe Eduardo San Martín González

“¿Como fue el proceso que culminó en la creación del Museo de Historia Natural TaMux? Bueno, es otra pequeña historia que narraré próximamente”. Así terminé el primer escrito alusivo a la creación de la carrera de Biólogo en el Instituto Tecnológico de Ciudad Victoria en 1982. Prosigo:

     Transcurría el año 2002, trabajaba yo como Subsecretario de Educación Media Superior y Superior en la Secretaría de Educación, Cultura y Deporte del Estado de Tamaulipas. Mi inmediato superior, el Secretario, me requirió en su oficina en el ocaso de uno de esos días de ajetreo debido a sucesos totalmente ajenos a la enseñanza/aprendizaje, a saber: un plantón de michoacanos graduados y defraudados por una universidad “patito” del Sur de Tamaulipas, bodrio académico que osó instalarse en aquél Estado sin contar con el reconocimiento de validez oficial de estudios; la incómoda visita de uno de esos personajes que a diario deambulaban por las oficinas para ver cuál funcionario estaba dispuesto a escuchar sus chismes políticos; la audiencia concedida al líder de una agrupación menesterosa y fascistoide, conocida como Antorcha Campesina, mismo que me reclamó “posiciones” de Director de Telebachillerato para varios de sus agremiados (analfabetas funcionales ellos), argumentando un supuesto “convenio” con la Secretaría General de Gobierno; una llamada de solivianto hecha por el Subsecretario General de Gobierno reclamándome haber ejecutado la decisión del gobernador y el Rector de la UAT de abrir una unidad académica a distancia en Camargo, y no en Miguel Alemán  cuyo presidente me espetó el Subse: “es mi amigo”; la conversación, en su oficina, con el Subsecretario de Egresos para acordar qué del pliego petitorio del sindicato del Colegio de Bachilleres aceptaríamos; la revisión de un discurso de la Presidente del  DIF-Tamaulipas con motivo del evento masivo del Día del Discapacitado; atender una comisión de padres de familia de una de las normales rurales para escuchar su petición de cesar al maestro responsable del comedor, dado que dispensaba a los estudiantes comida putrefacta o  “chatarra” quedándose con las despensas regaladas por el DIF, mismas que vendía en un tendajo de su propiedad; la  visita en bola a mi oficina de varias féminas organizadas en un grupo de presión dentro de la institución para plantearme varias acciones de corte político (por cierto, a dicho grupo se lo conoció con el acertado nombre de “las prófugas del gis” y una de ellas actualmente es diputada local).

     Llegué a la oficina de mi superior en el cuarto piso de “La Torre de Gobierno” no sin antes, en la antesala, tener que soportar el lenguaje procaz de la secretaria privada en la forma de improperios que lanzaba a diestra y siniestra contra cualquier ser humano que se le atravesara, motivo de su incurable misantropía.

     El Secretario, de espalda a la puerta de entrada, miraba hacia el lecho del Río San Marcos. Sin voltear me dijo: “ahí voy a hacer el estacionamiento de El Museo del Niño”, a lo que repliqué: ¿Por qué en lugar de un Museo del Niño hacemos uno para niños, adolescentes y adultos? Después de contestar afirmativamente a su pregunta ¿tienes algo en mente? Me ordenó: pónmelo en blanco y negro. 

     Una vez que le mostré al Secretario una sencilla presentación sobre el número y contenido de los pabellones del museo estuvo de acuerdo en llevar aquella presentación, más detallada, a un recorrido virtual contenido en un disco compacto, para su presentación al gobernador del estado. Mientras trabajamos el recorrido virtual con una empresa de Saltillo, me di a la tarea de conjuntar un equipo de trabajo que se abocó a la realización del proyecto arquitectónico y a confeccionar el guion científico del museo; el equipo inicial quedó conformado por el arquitecto Felipe Quezada Pascual, las biólogas Martha Lucrecia García Alanís como Coordinadora, María Concepción Herrera Monsiváis y Laura Cristina García Alanís, por los biólogos Carlos Salazar Olivo (+), Jorge García Hernández, Pablo Antonio Lavín Murcio, Arnulfo Moreno Valdés, y por el historiador Octavio Herrera Pérez.

     La presentación del proyecto al gobernador, los acontecimientos que rodearon la anuencia al proyecto de museo, la inclusión del equipo de arquitectos y de la empresa que tradujo el guion científico a museografía, la licitación de la obra civil (que ganó mi amigo el Ing. Javier Valdéz Garza) y hasta el reclamo de plagio por un profesor del Instituto Tecnológico de Ciudad Victoria a través del Delegado de la SEP, serán objeto de otra entrega.

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