El Cascanueces, en CDMX, del 18 al 23 de diciembre

La tradición más espectacular de la navidad será representada por 150 artistas en escena 

2019-12-12

AGENCIAS

ElCascanueces_w.jpg

Ciudad de México.- El Cascanueces, la producción más espectacular del célebre cuento navideño escrito por Hoffmann que se presenta en México con 150 artistas en escena, a cargo de la Compañía Nacional de Danza y la música en vivo de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, esta vez bajo la dirección de Iván López Reynoso, regresará al Auditorio Nacional, para ofrecer ocho funciones del 18 al 23 de diciembre. 

Desde 2001, este monumental espectáculo, que se ha convertido en el show residente de la temporada de invierno en el Auditorio Nacional y un emblema de la Navidad capitalina, ha sido visto por más de 850 mil espectadores y este año llegará a su temporada número 18, con la que alcanzará 188 funciones, cifra histórica para un montaje de ballet en el escenario más importante de América. 

Con una renovada puesta en escena estrenada en 2017, que en sólo dos temporadas logró convocar a más de 200 mil espectadores rompiendo récord de asistencia, El Cascanueces vuelve al Auditorio Nacional, con escenografía de Sergio Villegas, vestuario de Tolita y María Figueroa e iluminación de Laura Rode. 

En conferencia de prensa, David Bear, director ejecutivo de la Compañía Nacional de Danza, afirmó que este espectáculo se ha convertido en “el espíritu navideño” de la Ciudad de México y que esto se debe a que “representa un símbolo de esperanza, de fe, de encontrarnos con un mejor mañana en este mundo”. 

Con coreografía de Nina Novak, basada en la original de Lev Ivanov y música de Piotr Ilich Chaikovski, cuenta con la participación de 70 bailarines de la CND, bajo la dirección artística de la primera bailarina Elisa Carrillo y el maestro Cuauhtémoc Nájera, así como alumnos de la Academia de la Danza Mexicana (ADM) y la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea (ENDCC) del INBAL en los papeles de los hermanos Clara y Fritz, soldados, ratones, bombones y angelitos. 

Para David Bear, esta colaboración permite también “el crecimiento de las personas como seres humanos”, ya que reúne a un equipo conformado por niños que están formándose en la danza y bailarines profesionales, quienes comparten la experiencia de estar en una misma obra y de crecer a partir de una puesta en escena en común. 

A ellos se suma la Orquesta del Teatro de Bellas Artes (OTBA), dirigida por primera vez en este montaje por el guanajuatense Iván López Reynoso, considerado una de las batutas jóvenes más importantes del país, que interpreta en vivo las magníficas partituras creadas por Piotr Ilich Chaikovski. 

La historia de esta renovada producción se ubica a finales del siglo XIX en Rusia, época en la que se estrenó este ballet y en la que vivió el compositor de sus partituras, por lo que el diseño evoca el esplendor de la Rusia Zarista, con un toque contemporáneo. Relata la historia de Clara, a quien su padrino el juguetero Drosselmeyer le regala en Navidad un misterioso y mágico cascanueces; objeto que cobrará vida y la llevará a conocer un mundo extraordinario. 

Un espectáculo del tamaño del Auditorio Nacional 

Para corresponder a la preferencia del público desde 2001 y celebrar los 125 años del estreno mundial de este ballet en el Teatro Mariinski de San Petersburgo, Rusia, en 2017 se estrenó en el Auditorio Nacional una monumental y fastuosa producción de El Cascanueces, que se situó en la Rusia de finales del siglo XIX; época en que Lev Ivanov trazó la coreografía. 

La nueva puesta en escena tuvo como principal objetivo presentar una producción del tamaño del foro más importante de América, con la calidad de los espectáculos que arriban cada año a este recinto. Hecha especialmente para las dimensiones e isóptica del magno escenario de más de 240 metros cuadrados, la propuesta del escenógrafo Sergio Villegas reemplazó los ambientes victorianos de la anterior puesta en escena por los rusos decimonónicos que le brindaron un renovado brillo al relato. 

Villegas basó su diseño en un joyero que era el artista oficial de los zares Romanov: Carl Fabergé (1846-1920), quien elaboraba joyería y regalos para la corte, particularmente en una de sus piezas más reconocidas de orfebrería: el magnífico Huevo de Fabergé, un obsequio en forma de huevo de Pascua que en el interior contenía diminutas maquetas con casas, trenes, canastas con flores o detallados cisnes y pavorreales; todos forjados con piedras y metales preciosos, cuya estética es evocada en la puesta en escena. 

El resultado fue la escenificación de diversos mundos fantásticos con una nueva visión y proezas técnicas como un Huevo de Fabergé de 7 metros de altura, un sillón que alcanza los 9 metros y el majestuoso árbol de Navidad de 10 metros, además de un enorme globo aerostático. 

Para evocar a la Rusia zarista, María y Tolita Figueroa experimentaron con nuevas opciones tecnológicas en la impresión digital de textiles y crearon 200 cambios de vestuario. Se utilizaron unos 2 mil metros de tul y 240 metros cuadrados de telas impresas en seda, gasa, terciopelo y raso, entre otras. También se emplearon 7 mil 200 piedras Swarovski de todos colores, para dar una pátina a todo el vestuario. 

El diseño de iluminación de Laura Rode buscó que la luz contribuyera para contar la historia, apoyar la acción y darle credibilidad, así como intervenir directamente en las emociones del espectador. Por primera vez para un espectáculo de ballet en un teatro mexicano, se empleó un sistema de programación que sincroniza a un equipo robótico de 330 instrumentos, el cual funciona de manera tersa y precisa, como sucede en la mayoría de los conciertos que se ofrecen en el recinto ubicado en Paseo de la Reforma, para que la iluminación sea parte del desarrollo dramático de la historia junto con la coreografía y escenografía. 

La versión original de este ballet se estrenó en 1892 en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo Rusia. En la Ciudad de México fue estrenada en el Palacio de Bellas Artes el 2 de diciembre de 1980 y desde 2001 se presenta en el Auditorio Nacional, donde a partir de 2017 se ofrece una renovada producción de este cuento navideño. La puesta en escena ha sido galardonada con la Luna del Auditorio, que reconoce a lo mejor de los espectáculos en vivo, en la categoría Ballet, en 2009, 2012, 2013 y 2016. 

Derechos Reservados © La Capital 2020