Aprovechemos la pandemia

“…Se daría un gran paso si se aprovecharan estos momentos de aislamiento y reflexión mundial que ha provocado la contingencia por el Covid-19 que tiene a todo el planeta en alerta, para modificar conductas y conjugar lo que poseen unos y otros grupos sociales…”

2020-03-29

MARÍA-EUGENIA ESPRIU

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EN LA ÉPOCA Medieval o Edad Media (del siglo V, al siglo XV), existieron leyendas o mitos sobre el Elixir de la Vida, las Panaceas Universales, la Fuente de la Eterna Juventud, fantasías que fueron comunes en toda Eurasia y otros lugares. 

El tema de La Fuente de la Eterna Juventud buscaba la permanencia de la lozanía, mantener la frescura en la mujer, renovar el vigor del hombre y lograr envejecer más tardíamente, un tesoro buscado hasta nuestros días.

Pero… ¿de qué sirve verse con menos años si la persona está vacía y no ha aprendido de sus vivencias? Lo importante realmente son las virtudes que se desarrollaron, los defectos que se lograron remover, la riqueza espiritual que se haya alcanzado, el servicio que se prestó a los demás, los aprendizajes en las adversidades.

Afortunadamente nuestro cuerpo se desarrolla, evoluciona, madura y envejece y, además, no es inmutable ni eterno. 

Muchos jóvenes no quieren envejecer, son tan felices que quieren prolongar su vida joven; pero ¿cómo y cuánto tiempo quieren que esto dure? No saben que envejecer es vivir, y ello nos hace más humildes, aceptantes, tolerantes, comprensivos, y eso es lo que vale, aunque ello implique algunas limitaciones e inconvenientes, incluso el riesgo de la soledad acompañada de los recuerdos de cuando estábamos llenos de vida, de sueños, de proyectos, de ilusiones, de fuerzas, energías y optimismo y el mundo era tan pequeño…

Al llegar a la vejez, nos damos cuenta de que hemos acumulado aquello que ahora debemos compartir a las nuevas generaciones: la juventud acumulada, pero… realmente ¿lo quieren? Alguien dijo que a los jóvenes no les interesa la sabiduría y a los viejos no les interesa compartirla.

 

ETAPA TRANSITORIA

La juventud es una etapa transitoria, corta y muy apreciada en la que el individuo debe planificar y prepararse para el futuro. La valiosa vejez, que sigue a la madurez, conlleva un cumulo de experiencias derivadas de las vivencias pasadas.

Tanto una etapa como la otra son muy importantes: la juventud es un proyecto, es futuro y la vejez experiencia y logros. Tanto los jóvenes como los viejos, debemos comprender que a ambos segmentos incumbe estimar y apreciar lo que poseen los otros; unos respetando y valorando, los otros sin censura, ni enjuiciamiento. 

Los jóvenes enfrentan nuevas faenas, retos y compromisos, y crearán lo venidero; los mayores, acumulamos sentido de la percepción, talento y somos la historia.

Gracias a la ciencia, ahora el promedio de vida se ha extendido a 80 años y los bisabuelos pueden conocer a sus bisnietos. Sin embargo, esto no resulta muy favorable para algunos criterios, pues hay países donde la población senil es mayor que la joven y esto lo consideran un problema por los costos que para el estado y la sociedad implican. Además que se advierte, que no habrá futuro en ese país, ni habrá quien piense, trabaje y produzca con riesgos para su propia condición de sociedad organizada.

 

PREGUNTAS OBLIGADAS

La aparición del COVID-19, parece haber estado dirigida contra los viejos, pues algunas figuras públicas, como Dan Patrick, Vicegobernador de Texas quien dijo que “los abuelos de los Estados Unidos están dispuestos a morir por coronavirus para salvar la economía” y otros nacionales han declarado, sin preocupación alguna, que “es mejor que mueran los viejos” y que el coronavirus es una amenaza bienhechora porque solo les afecta a ellos. Nada más carente de humanidad y de verdad; la pandemia atenta contra todos; a la fecha, los pacientes e infectados y muertos, son de todas las edades y de todos los países donde, como dice el inmunólogo norteamericano Fauci, “lo peor está por venir”. Esforcémonos por cuidarnos unos a otros. Todos tenemos derecho de vivir.

Al aseverar que “es mejor que mueran ellos para que la humanidad reduzca su sobrepoblación y optimice sus recursos económicos y naturales, nos debe llevar a considerar que el equilibrio demográfico debe darse de manera natural y no de una manera dispareja, calculada y cruel como se ha manifestado.

 

ADULTOS MAYORES

Sigamos con las políticas a favor de los adultos mayores para que vivan más cómodos. En las últimas 3 décadas, he observado un cambio de conciencia colectiva, incluso en las legislaciones e infraestructuras. A todo esto, se podría agregar un mejor trato, para optimizar su condición de vida y puedan desenvolverse adecuadamente: con una existencia más digna y saludable. Esto se lograría incorporándolos a actividades diversas, dentro de la familia, la comunidad, la empresa y la sociedad tomando en cuenta sus posibilidades, capacidades y habilidades y, como ha sido desde tiempo atrás, cuidar y educar nietos mientras los padres trabajan y luchan por la vida.

Sería magnífico que, así como los jóvenes aportan innovación, imaginación, audacia, impulso y vigor, los adultos mayores compartieran su experiencia, conocimiento, enfoque, visión, posición, preparación, y destrezas. Haciéndolo así, todos seguiríamos siendo productivos. 

 

A DISFRUTAR LA VIDA

Efectivamente hay hombres y mujeres mayores satisfechos y felices, que tienen mucha ilusión, emoción y pasión por la vida; viven sus años dorados, realizan las actividades que no pudieron antes, viajan y comparten su experiencia, y siguen prestando un servicio a la comunidad ratificando, con ello, que esa edad es la de oro. 

Aunque, por el contrario, cierto es que otros mayores son opuestos: están cansados, tal vez enfermos, traicionados, abandonados, viven desanimados, asidos al pasado y con nostalgias, sintiéndose tristes, aferrándose a la idea de que “todo pasado fue mejor”, se minusvaloran y se consideran obsoletos. Todo es cuestión de actitud y de autoestima. Es resultado del enfoque dado a cada circunstancia pasada y de cómo se enfrentó cada adversidad. 

Veámoslo así: ni solo los viejos a la historia, ni solo los jóvenes al porvenir.

Muchos jóvenes son tan felices con su vida que quieren eternizar su estado, pero eso no es posible, si quieres vivir mucho, paralelamente envejecerás y tal vez acompañado de algunas limitaciones e inconvenientes.

En todos los órdenes de la vida, se requiere de un balance, de un equilibrio. Se daría un gran paso si se aprovecharan estos momentos de aislamiento y reflexión mundial que ha provocado esta pandemia, que tiene a todo el planeta en alerta, para modificar conductas y conjugar lo que poseen unos y otros grupos sociales.

Indudablemente sería histórico tomar la decisión de no ser tan antagónicos o contrarios, sino convertirnos en una unidad que dinamice un movimiento de retro y futura alimentación. 

 

EJEMPLO DE LOS INDÍGENAS

Bien valdría la pena seguir el ejemplo de algunas comunidades antiguas, indígenas o de empresas que se apoyan en la experiencia y conocimientos de los adultos mayores.

Tanto el joven como el adulto mayor disfrutan cuando se les permite participar, cuando se toman en cuenta sus opiniones, cuando se valora su participación y ayuda. 

Confío en la visión de los jóvenes para aceptar a las generaciones que les precedieron y en vez de continuar con su desestimación, transformarse en receptores, inteligentes, conscientes y cuidadosos de sus mayores. 

La lección humana es honrarlos, no rechazarlos; valorar y agradecerles su legado. Tener el cuidado de no marginarlos ni reducirlos, como tampoco limitarles sus espacios, ni negarles las valiosas contribuciones que todavía pueden dar.

La gran mayoría de los adultos mayores tiene un gran potencial para adaptarse a los cambios, a las nuevas tecnologías y a las nuevas circunstancias. No hay que verlos como personas que sólo hay que atender, cuidar y entretener. Las personas grandes, como antes se les llamaba, pueden proporcionar muchas cosas:  señalar el rumbo, guiar grupos con sus ideas, pericia, y conocimiento. Cuando esto suceda, la humanidad será superior. 

 

PRODUCTIVOS Y GRANDES

Hay grandes ejemplos de adultos mayores que actuaron en su edad adulta: Golda Meir, fue jefa de gobierno de Israel a los 80 años, Giussepe Verdi, compuso la obra magistral Ottelo a los 75 años y Benjamín Franklin participó intensamente en la redacción de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos a los 70 años. También ha habido aportes científicos como los de Albert Einstein y Stephen Hawking, contribuciones a la paz como las de Alfonso García Robles, artistas como Sophia Loren y María Félix, deportistas como Ignacio Trelles y líderes como Fidel Castro y Cuauhtémoc Cárdenas. Estos son sólo algunos ejemplos destacados, pero lo cierto es que demuestran que, en el campo intelectual, artístico, político, científico, empresarial o social, el aporte de los adultos mayores, cuando se les brinda el espacio y las oportunidades, es fundamental e indispensable. 

Finalmente, estimo pertinente glosar la recomendación de Emile Faquet mientras permanecemos en nuestras casas recordando familiares, amigos, libros, y vinos viejos que siempre son buenos en compañía de la pareja que nos acompaña desde la juventud; en tanto, evocando a Hawking: le tenemos más miedo a un virus que a una bomba nuclear.

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