Cuba desarrolla cuatro vacunas contra el COVID-19

La más avanzada es Soberana II que debe comenzar los ensayos de fase III en marzo con 150 mil voluntarios

2021-02-13

Jenny Larsen

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El gobierno cubano ha anunciado recientemente que su vacuna Soberana II contra el COVID-19 entrará pronto en la fase III de los ensayos, con lo que el país está un paso más cerca de producir la primera vacuna de América Latina contra el virus.

Lejos de ser un éxito de la noche a la mañana, la capacidad de Cuba para desarrollar una vacuna es el resultado de décadas de inversión en su industria biofarmacéutica, que en sus primeras etapas de desarrollo contó con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI).

Cuba espera inocular a toda su población contra el COVID-19 con una vacuna de producción propia este año. El país cuenta con cuatro posibles vacunas en desarrollo, la más avanzada de las cuales es Soberana II que debe comenzar los ensayos de fase III en marzo con 150 000 voluntarios. Si supera este último obstáculo clínico, la vacuna cubana será la primera que se desarrolle en América Latina.

Según el Instituto de Vacunas Finlay (IFV), con sede en La Habana, en 2021 podrían suministrarse 100 millones de dosis tanto para uso nacional como para la exportación. Cuba ha firmado un acuerdo para realizar ensayos clínicos en Irán en colaboración con el Instituto Pasteur del país, mientras que Jamaica, Vietnam y Venezuela, entre otros, han expresado su interés en obtener la vacuna una vez que supere las pruebas de seguridad y eficacia necesarias.

A medida que aumentan las disputas internacionales sobre la distribución equitativa, en medio de acusaciones de que los países ricos están acaparando los suministros, una distribución exitosa de Soberana II podría proporcionar un potencial salvavidas a los países en desarrollo que buscan inmunizar a sus poblaciones contra el COVID-19.

Que la pequeña isla caribeña esté por delante de muchos países más desarrollados en la carrera por encontrar una vacuna eficaz puede parecer sorprendente. Sin embargo, décadas de experiencia e inversión en los sectores biotecnológico y farmacéutico de Cuba, que en sus primeras etapas contó con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial y otras organizaciones internacionales, han permitido a la industria dirigir los recursos de forma rápida y eficaz hacia el desarrollo de vacunas de emergencia.

Prioridad a la sanidad

En los años que siguieron a la Revolución de 1959, Cuba dio prioridad al establecimiento de un sistema sanitario de alto nivel centrado en la prevención. El enfoque sanitario del país era tanto una cuestión de principios socialistas como una respuesta al embargo comercial estadounidense, que a partir de 1962 bloqueó casi todas las importaciones procedentes de Estados Unidos, incluidos los medicamentos y otros productos esenciales.

Por ello, Cuba se propuso invertir en la formación de más médicos y creó institutos de investigación científica para apoyar el desarrollo de una industria biofarmacéutica nacional que satisficiera las necesidades de su sistema sanitario. Por ejemplo, desde mediados de la década de 1960, el gobierno invirtió cada vez más en infraestructura científica, incluyendo la creación en 1965 del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC), que ayudó a formar a muchos científicos e ingenieros a lo largo de las décadas de 1960 y 1970.

En el marco de la producción de sus propios medicamentos, a finales de la década de 1970 el gobierno cubano solicitó la ayuda de la ONUDI para construir una planta de producción de productos farmacéuticos. El proyecto de la ONUDI contó con la experiencia de una empresa india, Sarabhai Chemicals, para establecer la primera planta de síntesis química de Cuba para la producción de productos farmacéuticos genéricos.

La planta, Empresa Farmacéutica 8 de Marzo, fue diseñada por expertos de la ONUDI, equipada con tecnología india, y financiada con aportaciones de la India y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, lo que constituyó un ejemplo temprano de cooperación Sur-Sur y triangular.

Exportación a más de 50 países

La introducción de tecnología piloto avanzada para la producción de compuestos farmacéuticos y la formación impartida a numerosos expertos cubanos crearon las condiciones para la ampliación de la producción de medicamentos genéricos en los años siguientes, contribuyendo a crear nuevos puestos de trabajo que fueron desempeñados por químicos e ingenieros cubanos cada vez más cualificados, incluyendo muchas mujeres.

En la actualidad, la Empresa Farmacéutica 8 de Marzo está afiliada al Grupo Empresarial de Industrias Biotecnológicas y Farmacéuticas, de propiedad estatal, conocido como BioCubaFarma. El Grupo alberga más de 30 empresas e institutos de fabricación que, en conjunto, producen más de la mitad de los medicamentos esenciales del país, además de exportar medicamentos a más de 50 países.

El interés temprano de Cuba por la salud, la investigación médica y la ciencia también la situó en una buena posición para aprovechar los avances de la ingeniería genética que condujeron al rápido crecimiento de la biotecnología en la década de 1980.

El gobierno se volcó de lleno en el sector, espoleado por la necesidad de hacer frente a los recurrentes brotes de enfermedades, incluida la presencia generalizada de la meningitis B. En 1986 abrió el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), que en las últimas décadas ha sido responsable del desarrollo de una serie de medicamentos y vacunas, sobre todo en el tratamiento de cáncer, enfermedades cardiovasculares, meningitis y hepatitis.

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