5 películas para apreciar a Peter Bogdanovich

Estas son 5 entradas de una extensa filmografía que demuestran la valía, gracia y gran  pérdida de un director como Peter Bogdanovich

2022-01-11

Deusdedit Diez de Sollano

La útima película The Last Picture Show 1971.png

Recuerdo mucho haber visto Eso: Capítulo 2 (Andy Muschietti, 2019), no precisamente  por ser una gran película sino por un pequeño detalle. En la escena en donde Bill (James  McAvoy) se encuentra en el estudio de filmación en donde adaptan su novela, Bill  saluda al director del proyecto quien se encuentra al lado de la cámara; en ese momento  me dije en voz alta Oh, es Peter Bogdanovich… algo que probablemente para la sala  entera de cine pasó en completo desconocimiento. 

Esta semana también parece sufrir el mismo destino y de una forma más trágica tras  anunciarse el 6 de Enero que Peter Bodganovich finalmente sucumbió tras  complicaciones de un Parkinson jamás hecho público a la edad de 82 años, y en donde  el recuerdo y figura sigue siendo la de una pieza infravalorada de la camada de directores  que en los años setentas revolucionaron a la industria. 

Bogdanovich antes que nada tuvo una preparación académica totalmente radical a la  de figuras como Coppola Spielberg Scorsese, porque Bogdanovich se involucró  en las cuestiones cinematográficas primero como crítico de cine profesional, y también  como historiador de este arte, llegando a entrevistar a héroes personales como a John  Ford y particularmente generar una relación de amistad al lado de Orson Welles, a quien  reverenció antes de esta renovación popular y crítica del director que se veía como un  paria, y que tiene también momentos importantes como cuando lo defendió de las  declaraciones de Pauline Kael –que terminaron dándonos las bases del argumento de  Mank () de David Fincher, por desgracia- sobre que este no tuvo voz autoral dentro de  Ciudadano Kane (1941) y en esforzarse a pesar de las improbabilidades, de que su obra 

perdida conocida como El otro lado del viento () tuviese por fin un estreno formal  recuperando gran parte de su material omitido. 

Son detalles maravillosos de por sí, a los cuales también se le podría agregar de… era  un gran director. 

5.- Antes de morir (Targets, 1968).  

Como otros grandes directores de su generación, Bogdanovich le debe su carrera al  horror y a Roger Corman, quien en un caso bastante ajeno a sus particularidades  derivativas de sus películas, dejó que Bogdanovich fuese el director del proyecto que  quisiera siempre y cuando utilizara dos condicionantes: material de archivo de su película 

El terror de 1963, y que terminara acomodando en el filme a un extremadamente  avejentado Boris Karloff. Lejos de encontrar esto como demeritorio, Bogdanovich  apoyado de un guión de Samuel Fuller Polly Platt presenta dos historias de monstruos  en paralelo; la más evidente y reverenciada, es la de Byron Orlok, una vieja estrella de  cine de horror desgastado y cansado con el género que lo encasilló –lo cual es una  especie de postulado metanarrativo sobre el verdadero Karloff, a quien los años y  entrega por hacer películas encima de sus desgastes por alcanzar su sueño ya estaban  cobrando factura por demás- y quien simplemente vive del recuerdo de retrospectivas..  un monstruo al que se presenta como inadecuado para los estándares de la nueva  época, quien ahora tiene una amenaza en Bobby Thompson (Tim O’Kelly), un veterano  de guerra que se encuentra lejos de la ficción y el gótico, porque ahora lo preocupante  son los propios ciudadanos perturbados y que circunstancialmente choca con la leyenda  en una aterradora senda de violencia. 

De manera muy profética Antes de morir hacía una exploración de la desilusión  norteamericana y del constante peligro andante que es tener a ciudadanos con alcance  de armas demasiado fácil, algo que para nuestros tiempos y con los constantes tiroteos  siguen siendo una problemática de la que se ha estado ignorando por más de 50 años.  

La secuencia de la autopista con el tirador preparando su lunch antes de la masacre, es  por demás perturbadora.

4.- Al fin llegó el amor (At Long Last Love, 1975).  

Mucho antes de los intentos de Francis Ford Coppola Martin Scorsese en retribuirle  al cine clásico en proyectos de gran escala y mucho mayor fracaso financiero a partir de  los años ochenta, Bogdanovich ya había dinamitado su carrera en más de 3 películas  de este estilo. Los críticos fueron duros con los proyectos de los setentas alejados de los  premios y en consideración por revivir cine slapstick y musical retachando la supuesta  falta de percepción para las audiencias de parte del director, lo cual es un crimen  bastante trágico. 

Aquí entran películas como Daisy Miller (1974), Nickelodeon (1976) Todos rieron  (1981), y en el mejor de los casos Al fin llegó el amor, un intento de revivir el género  musical de los años treintas, con números inspirados en las canciones de Cole Porter y  en donde las interpretaciones eran en vivo por parte no precisamente de actores  reconocidos por ser cantantes o afines al medio. 

Esta extrañeza en el público de ver a un tipo rudísimo como Burt Reynolds de pronto  queriendo bailar y danzar –en una película en donde específicamente se burla de esta  condición de su personaje- era algo desconcertante, pero si se deja esto de lado estamos  frente a un encantador cuadro romántico de parte de los bribones Michael Oliver  Pritchard III Brooke Carter Reynolds Cybil Sheperd más satinada y angelical que  nunca- que buscan engatusar a parejas ricachonas terminando en un enredo en donde  encuentran más cómoda la compañía que estos tienen a comparación de sus objetivos. 

Es una película en extremo delicada y divertida y un gran logro visual apoyado por la  imagen de Lazlo Kovacs y el ridículo diseño de producción de Gene Allen en donde  todo, absolutamente todo es en blanco y negro, dando esta sensación glamorosa pocas  veces replicada en el cine moderno.

Esta tetralogía tristemente es extremadamente difícil de encontrar de forma legal –en el  caso de Todos rieron siendo una película que nunca ha tenido una versión pública- pero  una búsqueda por internet arroja resultados de inmediato. 

3.- ¿Qué me pasa doctor? (What’s Up Doc?, 1972). 

Bogdanovich en su punto más ridículo y extremadamente divertido, porque se da a la  tarea de hacernos sentir apego por una mujer, que básicamente es la encarnación de  Bugs Bunny en Barbra Streisand, quien apropia un acento y gesticulación judía  bastante encantadora frente a un Ryan O’Neill tímido, torpe, y de constantes gafas  cuadradas que contrastan con un cuerpo definido y perfecto. Esta es una película de  constantes gags, choques, pastelazos, golpes, dobles sentidos y que resulta ser un  encuadrado perfecto de este subgénero también olvidado hasta ese entonces del cine  clásico: el slapstick. 

Porque Bogdanovich deja que sus actores fluyan en constantes índices creativos en  donde ninguno demerita al otro, encontrándose en el mismo tono ridículo sobresaliente,  y en donde la comedia física va en un crescendo hasta terminar en una carrera por San  Francisco que es el hijo perdido de Bullit () Es un loco, loco, loco mundo ()

Es una película por demás clásica de la comedia, y un hito de taquilla en medio de un  complicado año de competencia tras competencia en donde la gente caía rendida a la  ridiculez propuesta en pantalla bastante inteligente a decir verdad. 

¿Qué me pasa doctor? Está a la venta y renta en Apple TV.

2.- Luna de papel (Paper Moon, 1973).  

Mi favorita personal de la filmografía de Bogdanovich. Una propuesta cómica tras ¿Qué  me pasa doctor? Pero ahora ahondando en un momento seminal de la sociedad  norteamericana: la subsistencia de los más necesitados en medio de la gran depresión. Ryan O’Neal regresa a filmar con Bogdanovich en uno de sus papeles más exigentes,  porque se muestra vil como una rata en un inicio al ser un timador de viudas vende biblias  deluxe al que ahora tiene que cargar con una niña que puede ser o no su hija,  interpretada por Tatum O’Neal, su hija en la vida real.  

La carga emocional de Luna de papel es consagrada por la relación natural de los dos  quienes constantemente pelean –y en el caso de Ryan este gesticula en un modo  bastante hilarante en donde no quiere perder la cordura con un ridículo bigote, dejando  entre ver la dominación de una niña de 9 años astuta- pero es también apoyado por un  exquisito guión de Alvin Sargent, en donde pone máximo esfuerzo en el personaje de  Addie quien a pesar de nunca confirmarnos la verdadera relación de sangre entre los  dos, nos deja claro que esta necesidad de adaptarse para sobrevivir en un mundo cada  vez más difícil es algo que va aprendiendo y que a través de su punto de vista, adquiere  un razonamiento sobre la crueldad e ironía de un mundo complicado de vivir en donde  no es justo abusar de otro de la misma condición. 

Kovács vuelve a la dirección de fotografía en su mejor trabajo dentro de sus  colaboraciones, porque ahora tiene la exigencia de filmar Luna de papel en un acabado  de blanco y negro que le da un aspecto elegante, de añoranza de los filmes de Preston  Sturges

Luna de papel está a la venta y renta en Amazon Video.

1.- La útima película (The Last Picture Show, 1971). 

En una carrera de constantes reflexiones cómicas sobre las relaciones humanas, resulta  bastante curioso que otro de los objetivos de Bogdanovich sea el de considera el  impacto emocional y necesario de una sala de cine; prácticamente casi todas sus  películas giran en torno a la necesidad de reconocer el cine y las influencias y  dependencias de este a través de sus personajes, de forma figurativa y hasta literal. En  el caso de La última película, estamos frente a una declaración mucho más amarga que  aquellas películas que se encuentran en su punto más populista. 

La última película nos narra las desventuras de Sonny Crawford (Timothy Buttons) y  Duane Jackson (Jeff Bridges), dos amigos en el punto clave de sus vidas, encontrando  destellos de sexualidad y de demostraciones de masculinidad tratando de seducir a Jacy  Farrow (Cybil Sheperd) reconocida como la chica más bella de un pueblito que ellos y  todos los habitantes consideran de porquería. Esta es una americana que bien pudo  trazarse en la añoranza de un tiempo perdido, pero demuestra la condición desperfecta  de un espacio mundano y azotado por el polvo y la pobreza, una constante que deteriora  no sólo edificios, sino las mentes y sueños de aquellos que tienen la poca fortuna de vivir  ahí y que en todo momento consideran las opciones para escapar de semejante entorno. 

Y ahí, en medio de las peleas, de la inevitable asociación a la guerra, del sexo, del  desencanto, y de las lágrimas, hay un pequeño cine que para los dos amigos representa  en último templo de su relación: el espacio en donde todos estos problemas de mierda,  pasan inadvertidos por unas horas, y en donde se entregan a la fascinación que el  humano tiene, por adoptar otras pieles, otros roles, otros tiempos, para ser felices. 

¿Acaso esto no es al final de cuentas lo que es el cine? 

La última película está a la venta y renta en Amazon Video.

FUENTE: giff.mx

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