"Quemah miqui ce tahtolli, miqui nochi tachializ tlen taltipacti"

Columna Invitada / Gloria Trigos Reynoso

2020-10-05

Gloria Trigos Reynoso

A Enrique, Hermilo, Josefa, Laura Julieta, Víctor Manuel, Ignacia, Feliciana, Manuel, Juan, Candelaria, Sandra, Bibiana, Yaneth, Luis Gustavo, Lizbeth, Edwin Roel, Samuel y Oscar, por creer y participar.

"Cuando muere una lengua, se pierde una manera de ver el mundo" es la traducción de esta frase escrita en Náhuatl.

Refleja la preocupación por la extinción de muchas de las lenguas indígenas y el serio riesgo en que se encuentran otras más, ya que implica la extinción de todo un legado cultural propio de cada una de ellas.

Esta realidad da pie a realizar acciones que lleven a revitalizar las lenguas indígenas aún existentes, entendiendo esto como dar impulso y energía a algo que está en un grave riesgo de extinguirse. 

En México, el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) reconoce en el Catálogo de Lenguas Indígenas Mexicanas elaborado por él mismo, la existencia de 68 variantes lingüísticas. 

En la Universidad Autónoma de Tamaulipas, desde hace ya algunos años, se ha estado abordando este tema desde la perspectiva del necesario reconocimiento de la diversidad que existe dentro de la población estudiantil y bajo la premisa de que una vez reconocida, se deben diseñar y ejecutar programas de atención adecuados a sus características particulares. 

En ese andar, se han identificado diferentes subgrupos estudiantiles como son: alumnos de procedencia indígena, alumnos con algún tipo de discapacidad, alumnos talento, alumnos desertores egresados de otras instituciones educativas; además, entre otros aspectos, una enorme brecha entre egresados y no titulados.

En el caso concreto del primer subgrupo mencionado, que son los alumnos de procedencia indígena, se ha encontrado que el primer registro de su existencia en la población estudiantil de esta institución nos lleva al año de 1994 cuando una alumna hablante de tepehua, ingresó a la Licenciatura en Derecho, cursándola con algunas vicisitudes que propiciaron su egreso con rezago y su titulación, catorce años después, en el año 2014. Veinte años transcurridos desde su ingreso hasta contar con el título y cédula profesional correspondiente.

Casos como éste nos han permitido valorar desde otra perspectiva una trayectoria escolar encontrando que no significa lo mismo para quienes aspiran realmente a contar con una carrera profesional. Para la egresada de referencia, ahora Licenciada en Derecho, significaba contar con la preparación y herramientas necesarias para lograr un cambio en su entorno inmediato y perseveró hasta lograrlo no afectando su propósito, el tiempo transcurrido.

Y es aquí donde las instituciones tienen la facultad para incorporar dentro de sus programas de atención estudiantil, acciones específicas que coadyuven a superar situaciones de esta naturaleza y que permitan acortar brechas, por ejemplo, entre egreso y titulación.

Por ello, avanzando en el tema que nos ocupa, en beneficio de este subgrupo estudiantil se han realizado diversas acciones ya compartidas en una entrega anterior publicada en este mismo medio el 27 de mayo del año en curso “Más allá de los números. El caso de alumnos hablantes de lenguas indígenas de la UAT” en la que se detalla el proceso seguido y se comunica que en la estadística oficial plasmada en el Formato 911 de la Secretaría de Educación Pública, ya se reconoce e informa acerca de la existencia de estos alumnos, dentro de la matrícula de la Universidad.

En cuanto al tema de discapacidad, se han publicado también algunos reportes de análisis bajo los títulos: “Discapacidad e implicación generosa”, “Discapacidad y educación superior” y “Por una sociedad más humana”.

Por lo anterior, es muy grato compartir que como fruto de la visibilización que se ha logrado hacer de estos dos grupos de alumnos: indígenas y con discapacidad, la Universidad Autónoma de Tamaulipas ha dado un gran paso, que se constituye en un avance mayúsculo, para proveerlos de condiciones de egreso adecuadas a sus circunstancias.

Me refiero a la reciente aprobación por la Asamblea Universitaria, realizada el 30 de septiembre del año en curso, del nuevo Reglamento de Alumnos de Educación Media Superior y Superior a Nivel de Licenciatura, que en uno de sus artículos hace referencia específica a considerar como requisito para la titulación, adquirir como una segunda lengua, el dominio de lenguas indígenas nacionales, de señas mexicana y el braille, previa certificación de un organismo autorizado en la materia; lo anterior, además del inglés como idioma preferente, como hasta ahora estaba establecido. 

Esto adquiere mayor relevancia al señalar que Tamaulipas no tiene pueblos originarios; sin embargo, en su seno la Universidad ha albergado alrededor de 1000 estudiantes que expresan que pugnaron por ingresar a ella debido a su oferta educativa, a su prestigio y a las facilidades proporcionadas. Actualmente contamos con alrededor de 210 alumnos inscritos procedentes de diversos estados de la República que hablan once variantes lingüísticas de las 68 señaladas por el INALI. Existe mayor presencia de estos alumnos en zona sur, seguida de zona centro y zona norte.

Es oportuno decir que con esta nueva disposición se verán beneficiados en el corto plazo por lo menos siete de los 17 alumnos que ya fueron evaluados por el INALI y que cuentan con su documento de acreditación correspondiente. Para ellos, será suficiente presentar el documento que los acredita como hablantes de una lengua indígena, facilitándoles su egreso y titulación y dándoles la oportunidad de decidir si en algún momento estudian otro idioma.

En el caso de alumnos que manifiestan tener alguna discapacidad, en este periodo escolar se tienen registrados, sólo en el nivel licenciatura, 1230 casos: 297 en la zona norte, 435 en la zona centro y 498 en la zona sur.  Sigue identificándose como predominante la discapacidad visual con un 85.28%, seguida de la físico- motriz, la auditiva, la psicosocial, la intelectual, la de lenguaje y finalmente, la neuromotora.

En este renglón queda pendiente realizar acciones para determinar si la discapacidad visual realmente lo es o, en qué medida, sólo es una deficiencia susceptible de corregirse. También, adoptar una clasificación de tipo universal para simplificar la identificación y atención de las distintas discapacidades.

En la atención de los grupos señalados en este escrito, se han llevado a cabo acciones con instituciones reconocidas en estos temas. En el caso de los alumnos indígenas, con el INALI y, en cuanto a los alumnos con discapacidad, con la Universidad Tecnológica de Santa Catarina, quien desde hace poco más de quince años ha definido, trabajado y mejorado su modelo de educación incluyente.

Seguir en contacto con ambas instituciones facilitará en el futuro inmediato la construcción de modelos específicos para esta Institución, que avanza con firmeza en la concreción de los conceptos de inclusión y equidad educativa.

No puedo dejar de manifestar mis plácemes a la Universidad, por el eco brindado a estas propuestas que han sido producto de análisis académico responsable y comprometido con su propia superación. Representa un avance muy significativo en el acercamiento de los resultados de análisis de datos e investigación educativa, a la toma de decisiones.

Deseo muchos y grandes logros a quienes continúen esta labor. 

El camino está trazado, pero siempre se podrá mejorar.

Dra. Gloria Esther Trigos Reynoso

Dirección de Información Académica y Administrativa

Universidad Autónoma de Tamaulipas

gtrigos@uat.edu.mxa

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