Donald Trump sigue sin digerir su cruda derrota

DIMENSIÓN POLÍTICA / Ezequiel Parra Altamirano

2020-11-10

Ezequiel Parra Altamirano

 

  •  Pasan y pasan los días, pero él nada que reacciona
  •  Su sobrina psicóloga y los problemas mentales del tío
  •  Las características del Narciso le quedan a la medida
  •  Sin embargo, en el mes de enero quedará desempleado
  •  Ese mes jurará el cargo quien lo sacó de la Casa Blanca  

 

 

TEPIC, NAYARIT.- AUNQUE YA prácticamente nos habíamos acostumbrado a sus bravuconadas, a sus muchas mentiras, a los insultos contra nosotros los latinos y a sus poses de “yo no fui, fue Teté”, el aún presidente de los Estados Unidos, Donald Trump sigue sin aceptar la felpa que le asestaron Joe Biden y sus millones de seguidores del Partido Demócrata cuando votaron a su favor en las recientes elecciones. 

Por eso hay quienes se preguntan,  ¿adónde puede conducir el laberinto sin salidas del Presidente norteamericano?, pues para entender el comportamiento irracional del mandatario la aproximación obliga a considerar elementos psicológicos, más que políticos.

Lo cierto es que el país anglosajón y el mundo han decidido ignorar su negativa a reconocer la victoria de Joe Biden. Esperan que tome las acciones legales que ha prometido (ya van siete sin éxito, y los asesores legales dejan filtrar a la prensa que no tienen nada relevante entre manos). Y siguen adelante.

Sin embargo, en la medida en la que pasa el tiempo ocurren dos cosas fatales. Una es que una parte de sus seguidores han de sentirse abandonados por un líder que no ha sido capaz de dar la cara en el peor momento. No hay agradecimiento, cierre, reconocimiento de los esfuerzos, nada. La otra es que Estados Unidos atraviesa una grave crisis sanitaria, económica y social (que incluye la terrible fragmentación, luego de cinco años polarizado), temas para los cuales la negativa de Trump no ayuda nada.

 

EL TEMA PSICOLÓGICO

A estas alturas, luego de casi una semana de las polémicas elecciones, el grueso de los analistas coincide al considerar que el meollo de la derrota y sus consecuencias parece más bien psicológico. Es decir, estamos hablando de la psique de Donald Trump. No es un juego éste que tenga que ver con estrategias de liderazgo o partidistas. No estamos viendo a un hombre que trata de convertir una derrota en victoria o mirando su futuro político y el de los suyos (un ex Presidente siempre es un ex Presidente, incluso si durante su tránsito por la primera magistratura irrespetó la majestad del cargo).

 

HIJO MALTRATADO

Ya sabemos y hemos confirmado a través de su sobrina y doctora en Psicología, Mary Trump, que la formación y el crecimiento del Presidente saliente fueron colmados de maltratos de su padre, aunado a una escasísima atención, a causa de los infinitos problemas que tuvo su hermano mayor, que se llevaron la atención de toda la familia. Eso produjo además un disgusto prolongado en el mandatario, que duró incluso hasta la muerte de su hermano.

Ahora bien, el comportamiento público y los numerosísimos testimonios de socios y allegados a Trump confirman casi completamente, en este caso, las características del narcisismo deficitario, aquel que necesita de manera permanente del reconocimiento de los demás para, en consecuencia, poder mirarse. Es a lo que hacía alusión el mito de Narciso: el reflejo del espejo sustituye su propia mirada.

 

LACRAS DEL NARCISISMO

Según la Mayo Clinic, estas características son, tener un sentido exagerado de prepotencia; un sentido de privilegio y necesitar una admiración excesiva y constante; esperar que se reconozca su superioridad, incluso sin logros que la justifiquen, así como exagerar los logros y los talentos; estar preocupado por fantasías acerca del éxito, el poder, la brillantez, la belleza o la pareja perfecta; creer que son superiores y que solo pueden vincularse con personas especiales como ellas; monopolizar las conversaciones y despreciar o mirar con desdén a personas que ellos perciben como inferiores.

Igualmente, esperar favores especiales y una conformidad incuestionable con sus expectativas; sacar ventaja de los demás para lograr lo que desean; tener incapacidad o falta de voluntad para reconocer las necesidades y los sentimientos de los demás; envidiar a los otros y creer que los otros los envidian a ellos; comportarse de manera arrogante o altanera, dando la impresión de engreídos, jactanciosos y pretenciosos, así como insistir en tener lo mejor de todo; por ejemplo, el mejor auto o el mejor consultorio.

 

Y ADEMÁS IMPACIENTES

Al mismo tiempo, a las personas con trastorno de la personalidad narcisista les cuesta enfrentar cualquier cosa que consideren una crítica y pueden:

Ser impacientes o enojarse cuando no se las trata de manera especial; tener notables problemas interpersonales y ofenderse con facilidad; reaccionar con ira o desdén y tratar con desprecio a los demás, para dar la impresión de que son superiores; tener dificultad para regular las emociones y la conducta; tener grandes problemas para enfrentar el estrés y adaptarse a los cambios; sentirse deprimidos y temperamentales porque no alcanzan sus objetivos, así como tener sentimientos secretos de inseguridad, vergüenza, vulnerabilidad y humillación.

 

COMO UN NARCISO 

Para el Doctor John Zinner, uno de los líderes del Instituto Nacional de Salud Mental, en el caso de Trump se observa “un problema fundamental de autoestima, junto a una sensación de grandiosidad, lo que le hace tener miradas contradictorias de sí mismo”.

Por eso, la mirada de los otros es fundamental para un narciso. Cuando no le favorecen, las tergiversa. Si le favorece a medias, las exagera. A falta de haber sido mirado, el narcisista requiere de ese espejo de manera permanente, y si en ese espejo no se ve bien, su reacción tiende a ser irracional, pues su propia identidad está en juego. Es un laberinto en el que no parece haber opciones halagüeñas.

Muchos trastornos de personalidad narcisistas producen el mismo problema para abandonar el poder. Haber perdido la preferencia de sus simpatizantes es un dato muy destructivo para su constitución, y la mayoría de las veces no les permite transitar con gracilidad el rocoso y complejo desierto agrietado de la derrota.

 

EU, PAÍS DIVIDIDO

Para los colectivos, es demoledor. En una sociedad ya diezmada por la exigencia permanente del éxito, hablar desde la derrota con gallardía puede ser un bálsamo sanador, sobre todo para un país tan dividido después de todo un período de zanjas innecesarias.

Los duelos transcurren muchísimo mejor si son liderados por quien se haga responsable por las pérdidas, en lugar de encuevarse en la negación.

Pero sobre todo desde el punto de vista filosófico y existencial, hablar desde la derrota es tener la oportunidad de ser más universal, en tanto que el éxito suele ser la construcción de muchas pruebas y errores, el cúmulo de mucho esfuerzo y, seguramente, de muchas batallas perdidas en el camino.

Quien vive la derrota, necesita mucho más de su líder para levantarse. Pero eso requiere de un esfuerzo y una hidalguía que no todos tienen llegado el momento.

Ojalá que en los próximos días reaccione el aún presidente Donald Trump. De lo contrario, el sufrimiento se alargará y lo hará sufrir mucho más.

Por hoy es todo y mañana será otro día. 

¡CONSUMATUM EST! 

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