Güera Rodríguez, bella mujer que apoyo la insurgencia

DIMENSIÓN POLÍTICA / Ezequiel Parra Altamirano

2025-07-01

Ezequiel Parra Altamirano

TEPIC, NAY.- Aunque aun faltan dos meses para el llamado “Mes de la Patria” (Septiembre), esto es, 30 espléndidos días para recordar a los héroes que nos dieron Patria y Libertad, hoy iniciaremos rindiendo homenaje a una hermosa mujer del Siglo XIX, que desde su cuna humilde pero ilustre supo levantarse hasta colocarse tras bambalinas y desde ahí ejercer el Poder. 

¿Qué es una leyenda? Es una narración popular que cuenta un hecho real o fabuloso adornado con elementos fantásticos o maravillosos del folclore, que en su origen se transmite de forma oral. Doña María Ignacia Rodríguez de Velasco, conocida simplemente como la Güera Rodríguez, es todo un personaje fascinante. De esos personajes que hasta la fecha sigue despertando curiosidad y desplegando la fantasía feminista. Su historia se redescubre y se escribe con más auge a lo largo de los siglos XX y XXI. Personaje que siempre despertó en lo personal curiosidad e interés por conocer más de ella para analizarla y no quedarme solo con lo que la leyenda cuenta. 

También, muy interesante el cómo describen características del personaje lo que en nuestro contexto se entiende como “güera”, que hace referencia a esa expresión propia del español mexicano que describe cabellos rubios y piel blanca.

NACIMIENTO

La Güera Rodríguez (1778- 1850) nace en la Ciudad de México. Fue hija del matrimonio formado por Antonio Rodríguez de Velasco, y María Ignacia Osorio Barba y Bello Pereyra (criollos). También tuvo una hermana llamada María Josefa Rodríguez de Velasco.

A la Güera se le relaciona en la historia como una mujer alegre, simpática, y seductora, que figuró en la sociedad colonial mexicana y que brindó su apoyo a la Independencia de México; justo eso es lo fascinante de leer de ella, pues se sabe que cautivó a Simón Bolívar, Alexander von Humboldt y Agustín de Iturbide, y que ayudó al movimiento independentista. Inclusive algunos autores llegaron a escribir que sin ella no se hubiera consumado la Independencia, y que era también una mujer muy liberal para su época y de cierta ligereza, otros tantos le dieron más carga a eso de su adicción al sexo. ¿Pero qué tanto de todo lo que se ha escrito de ella es verdad?

PERSONAJE DE LEYENDA

Por supuesto, literatura sobre ella o que habla de ella hay mucha y muy sustanciosa. Entre ella podríamos rescatar “Life in México” (1843), el relato de Fanny Calderón de la Barca, quien fue la esposa del ministro español en nuestro país, en 1840 y 1841, quien se hizo buena amiga, y cuyo libro apareció publicado en español en 1920. Allí ya cuenta que Humboldt había expresado que la Güera Rodríguez era la mujer más bella que jamás había visto. (Fisher, 1970).

Al igual está otro libro escrito por Artemio de Valle-Arizpe que hace de ella una magnifica descripción de una mujer brillante en la historia de México. Y poco a poco, como bien recalca la catedrática Silvia Arrom: la Güera pasa de tener un papel secundario en el movimiento independentista, a ser una de sus principales protagonistas. Y ya en pleno siglo XX tampoco hubo una sola estatua, calle o escuela con su nombre, permanecía en ese silencio del reconocimiento oficial que ha tocado a tantas heroínas. En cambio, en 2010, los carteles anunciaban la comedia y la ópera de La Güera Rodríguez que estaban por toda la ciudad de México. ¡Ahora sí se le reconocía!

De hecho, El Museo de la Mujer que se inaugura en 2011, ubicaría a la Güera Rodríguez como una de las cuatro mujeres en la sala que conmemora Las Mujeres Insurgentes, junto a ella la acompañan las memorias de Leona Vicario, Josefa Ortiz de Domínguez, Mariana Rodríguez del Toro de Lazarín, y Gertrudis Bocanegra. Lo interesante es que La Güera ha sido sujeto de tantos mitos que es muy difícil desenredar a la mujer de la leyenda.

DESCRITA DE MIL FORMAS

Hay tanta ficción de lo que se cuenta de ella, y la han narrado desde diversos puntos de vista y obviamente bajo ideas de esas épocas correspondientes. No existían las fotografías por supuesto, y los retratos de la época hechos en pintura tendían a la idealización, así que sólo nos quedan narraciones sobre su belleza, como un dato súper interesante es que se dice que la imagen de la Dolorosa situada a la derecha del altar mayor de la iglesia de La Profesa en la Ciudad de México, esculpida por el reconocido artista Manuel Tolsá, está basada en su imagen.

SU VIDA

La Güera, fue una mujer rica y venía de una familia ilustre en la que su padre fue regidor. En 1792, cuando ella contaba con quince años, se casó con el militar José Jerónimo López de Peralta de Villar y Villamil y Primo. De su unión nacieron seis hijos, de los cuales uno murió en la infancia, y todo se acabó en 1802. Un matrimonio tormentoso. Se cuenta con datos registrados sobre una denuncia que puso la Güera sobre el intento de asesinato por parte de su marido acusándola de adulterio con un francés, intentó dispararle, fue un impacto de bala fallido. En esa época en México no existía aun la idea del divorcio absoluto. José Jerónimo la volvió a acusar de cometer adulterio, esta vez con tres curas distinguidos, entre ellos su compadre, el sacerdote ilustre José Mariano Beristáin.

CONOCE A HUMBOLDT

Tenía dieciséis años cuando conoció al interesante polímata (geógrafo, astrónomo, humanista, naturalista) y explorador prusiano Alexander Von Humboldt, con quien tuvo una fuerte amistad y a la que se le atribuye una relación sentimental entre ambos, pero sin haber pruebas de la misma. Un año más tarde conoce a Simón Bolívar, vinculándola al igual, en una fuerte relación como amantes y que según esto se conocieron en un viaje en el buque San Ildefonso que iba hacia España, haciendo escala en México.

Se ignoran más detalles clave de esta bella mujer que se entusiasmó con la Independencia de México, que apoyó de muchas formas, incluso con recursos propios a sus protagonistas, pero que se conoce con certidumbre que falleció en 1850, probablemente de une enfermedad como la poliomielitis que la habría dejado paralítica.

Por hoy es todo y mañana será otro día.

¡CONSUMATUM EST! 

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