Cirugía preelectoral

TELEFÉRICO / Casimiro Basoria

2026-04-22

Casimiro Basoria

Los movimientos anunciados -y los no anunciados, pero ya inevitables- dentro del Comité Ejecutivo Nacional de Morena confirman que el partido ha entrado en una fase de reacomodos que ya no están en análisis: están en marcha. La conferencia presidencial matutina de este miércoles dejó claro que las piezas comienzan a moverse y que lo harán al ritmo que marquen los tiempos políticos, no las especulaciones públicas.

La renuncia de Esthela Damián a la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal es el otro paso visible de esta transición. Claudia Sheinbaum informó que Damián “quería irse a trabajar a Guerrero”, y que su renuncia se hará efectiva el 30 de abril. Este movimiento, aparentemente administrativo, abre un espacio estratégico en el Gobierno federal y, al mismo tiempo, desata un reacomodo interno en Morena que ya está siendo operado desde la Presidencia.

La invitación de Sheinbaum a Luisa María Alcalde para ocupar la Consejería Jurídica confirma que el rediseño del CEN no es hipotético. La presidenta afirmó que “considero a Luisa María una excelente abogada”, y aunque Alcalde respondió que “lo iba a pensar”, no lo pensó mucho porque esta tarde dio a conocer en redes sociales su incondicional aceptación. Conforme a estatutos, Carolina Rangel Gracida asumiría temporalmente la dirigencia para convocar al Consejo Nacional a fin de protocolizar los reacomodos. 

En este contexto, la insistencia de Sheinbaum en que “no favorezco a ninguna persona para que gane alguna encuesta” funciona como un mensaje político hacia afuera, pero hacia adentro el proceso está avanzando con precisión. La mandataria también recordó que cualquier funcionario que aspire a un cargo partidista debe dejar su puesto: “si Ariadna o cualquier otra compañera o compañeros tiene el deseo de participar para la presidencia tendría que dejar su cargo”. No confirmó la salida de Ariadna Montiel, pero dejó abierta la puerta a más movimientos.

Lo relevante es que estos ajustes no responden únicamente a la coyuntura inmediata. Con estas decisiones, la presidenta Sheinbaum está operando una transición partidista que tiene dos horizontes: 2027 y 2030. Por un lado, necesita un partido alineado, disciplinado y funcional para competir en las elecciones intermedias, donde se renovarán gubernaturas clave y se pondrá a prueba la capacidad territorial del movimiento. Por otro, está preparando el terreno para la elección presidencial de 2030, donde Morena deberá asegurar su proyecto de continuidad.

La salida de Damián, la posible llegada de Alcalde a la Consejería Jurídica, el reacomodo en la dirigencia nacional incluido el regreso de Xitlali Hernández al activismo partidista y la eventual participación de otros funcionarios en procesos internos forman parte de una operación más amplia: una cirugía electoral fina, diseñada para garantizar cohesión, control y claridad estratégica en los próximos cuatro años.

No se trata solo de quién ocupa qué cargo, sino de quién controla los procesos, quién articula las alianzas, quién define las reglas internas y quién acompaña a la presidenta en la construcción del siguiente ciclo político, donde cada movimiento tiene implicaciones nacionales.

La conferencia de este miércoles no fue una aclaración, fue un aviso. La presidenta asume el control de otro instrumento de poder que le hacía falta para apostar por la permanencia del proyecto que encabeza.

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