El periodismo y el Estado
En su articulo, "El periodismo y el Estado” el autor expone una reflexión histórica y crítica sobre la relación entre el poder político y el ejercicio periodístico
2026-07-30
En su articulo, "El periodismo y el Estado” el autor expone una reflexión histórica y crítica sobre la relación entre el poder político y el ejercicio periodístico
2026-07-30
La Fundación de Comunicadores y Periodistas Latinoamericanos A.C. presentó el pasado miércoles 29 de julio, en la Ciudad de México, el Volumen I de la colección Soy Periodista, una obra que reúne testimonios, anécdotas y reflexiones de 23 periodistas y comunicadores mexicanos en activo, con el objetivo de preservar la memoria del oficio y dar voz a quienes informan desde distintos frentes.
La obra reúne relatos inéditos que abordan desafíos éticos, vivencias de cobertura y el lado humano del ejercicio periodístico. En la publicación, colaboró Jaime Ramos López, abogado, escritor y analista político tamaulipeco, con el artículo “El periodismo y el Estado” que expone una reflexión histórica y crítica sobre la relación entre el poder político y el ejercicio periodístico. Parte desde los boletines imperiales de la dinastía china Tang y el surgimiento de la imprenta, para explicar cómo el acceso al conocimiento transformó a las sociedades y permitió el nacimiento de una prensa capaz de cuestionar a los gobernantes.
El texto describe al periodista como un observador incómodo para el poder, un actor que investiga, denuncia y busca transparencia frente a gobiernos que históricamente han intentado controlar la narrativa pública y minimizar la crítica.
EL PERIODISMO Y EL ESTADO
Lejana está la fecha en que bajo la dinastía China Tang en el año 618-907, el gobierno imperial imprimía un boletín denominado “tipao” donde se anunciaban actividades públicas, de gobierno y noticias importantes. Con toda seguridad ya los egipcios, griegos, persas y romanos realizaban lo mismo en manuscritos, papiros, pergaminos y papel. Fueron épocas de imperios, monarquías, aristocracias, teocracias, fascismos, donde el dominio de los gobiernos es absoluto sobre los bienes y las personas. No existe quien se oponga a lo que digan los gobernantes que son elegidos por los dioses o por la fuerza de las armas.
Y así vemos pasar al revisar la historia, que quizá los primeros reporteros fueron aquellos que terminaron en los calabozos, en las hogueras o sus cabezas en un cesto, por haber cuestionado al poder, al gobierno, a la élite que gobernaba o todo el aparato que sustentaba a cada uno de ellos. Quizá no eran opositores, solo reporteros. Quizá nunca fueron brujos o brujas, solo reporteros. Pero el poder una vez instalado es implacable. No desea disensos. En la antigüedad muy pocos miembros de las sociedades tribales o regiones completas, eran los que tenían acceso al conocimiento y por ello detentan y ejercen el poder. La masa obedece por temor a perder la vida. No olvidemos que el poder que gobierna se autocomplace con señalar a la muchedumbre que el gobernante ha sido elegido por dioses. Nadie quiere enfrentarse a las decisiones de los dioses. El pavor a la furia de ellos es lo que provoca que soporten sus designios.
Los primeros detractores a los edictos gubernamentales son aquellos que tenían que pagar con mas productos agrícolas, artesanales y animales a los gobiernos. No se oponen a los gobiernos. Su crítica y rebelión es hacia las políticas económicas de esos gobiernos. Lo mismo cuando reclutaban jóvenes para las guerras. La oposición de los padres era contra esa leva forzada.
En el año 1440 sucede un episodio en el que el mundo da un salto cualitativo enorme para su desarrollo y es el nacimiento de la imprenta que la inventa Gutenberg. Ahí inicia una andanada y curiosidad por leer. Por saber. Porque el conocimiento no solo está en los pergaminos de la élite o en los dibujos a color concarga sexual que llegaban del oriente y Asia. El inicio de saber lo que ocurre mas allá de la vecindad, es lo que nos va a llevar que pocos, pero mas población se interese por lo que sucede en otros ámbitos de su barrio y en otros lugares lejanos a su entorno.
Las monarquías aprovechan también la imprenta, comienzan a imprimir sus gacetas para comunicar al pueblo lo que hacen por el bien del pueblo. Siempre señalando que todo es en beneficio del pueblo.
Los procesos culturales son los mas lentos (de este tipo) debieron pasar 4 generaciones o 100 años para que hubiera una masa critica que pudiese consumir un periódico y así nace el Daily Courrant en 1702 en Inglaterra.
Seguro también nacen en todos los imperios europeos. La alfabetización es el peor enemigo de los gobiernos autoritarios o teocráticos. Porque provoca que la población comience a cuestionarse ¿Quiénes gobiernan? ¿Porqué son ellos? ¿Quién los eligió? ¿Porqué se perpetúan en el poder durante siglos? ¿De verdad el poder viene del cielo?
Antes del periodismo quien llevaba a los pueblos las noticias y criticas al gobierno y gobernantes era el teatro ambulante, quien a través de la sátira política hacía la crítica popular en contra del poder bajo el velo de la risa, el humor, lo chusco que hacía reír al pueblo.
A partir de que las letras cobran vida continúa y las personas comienzan a tomarle sabor dulce y morbosa a la comunicación escrita, es que las clases altas se amplían y las nacientes clases medias requieren el conocimiento de la lectura porque los negocios se ampliaron a las nuevas tierras del atlántico y el oriente. La escritura se romantiza con las cartas idílicas y la historia comienza a dejar su huella en letras bien dibujadas y artísticas sobre libros que guardarán para siempre el conocimiento hasta esa fecha explorado. Los gobiernos siempre han deseado que sus súbditossean quienes les aplaudan, alaben y les reconozcan que nunca en la historia pasada ha habido gobernante mas talentoso, brillante y generoso que el está en turno. Y es ahí donde surgen por todo el orbe los prietitos en el arroz… los periodistas.Los primeros periodistas surgen primero para dar la información de notas rojas y es hasta la fecha lo que el pueblo mayormente consume. Luego poco a poco inicia la caricatura política que bajo la burla y la ironía es una señal de los primeros asomos de crítica hacia el poder.
El sociólogo francés Pierre Ansart señala “que las bromas a costa de los poseedores del poder son una arma excelente en los desafectos políticos; por el humor, el señor del poder que se quiere rodear de respeto universal, se convierte en un monigote irrisorio. Sobre este punto, una oposición absoluta se marca entre los regímenes unitarios y las democracias pluralistas. Los regímenes unitarios y los totalitarismos, movilizan todos sus medios de policía para mantener la dramatización del político y prohibir las transgresiones de risa. Ellos tienen la justa intuición que la legislación del humor, el derecho a la transgresión simbólica, introduce un espíritu público diferente que arriesga de volver imposible el ejercicio de las represiones políticas. La proliferación de los sarcasmos y de las bufonadas reduce los sentimientos de adhesión al poder, desacraliza a las autoridades y debilita la ilusión del trato identificatorio, ofrece a cada uno otro tanto de desinvestir al político”. (1)
El periodista no es un juez. Es solo un observador de la realidad que distribuye información para el consumo de la población que quiera enterarse de lo que sucede en su entorno, país, o época. Al Estado le interesa —a todos los Estados sean de la filiación que sean—que los periodistas hablen bien de su gestión y de sus gobernantes. Al periodista le interesa descubrir lo que la población no alcanza a descubrir, ver o intuir. En intentar arrebatar la narrativa gubernamental de que todo está bien y que los funcionarios públicos son incorruptibles y honestos. Que en las obras públicas no haya favoritismo, que en las compras de bienes o servicios públicos los precios sean los adecuados. El periodista es el inspector público y por ello se convierte siempre en un malestar necesario para todo gobernante. El periodista incomoda. El periodista señala. El periodista molesta.
El periodista, es digamos el explorador que anda en la búsqueda de noticias, información, que luego los gobiernos desean que se minimicen, oculten, o tergiversen en favor de quienes en ese momento ejercen el poder político.
Al periodista y el Estado siempre los une el interés mutuo. El primero por acceder a información privilegiada y el segundo intentando siempre suavizar la narrativa en su favor.
El Estado cuando no se habla bien de él, siente que el periodista es su némesis. Su enemigo, y no es asi, de ahí que en el trato de los periodistas y el Estado siempre subyace ese espacio frio, de desconfianza, de distancia, porque un mal paso, una frase mal pronunciada, un engaño descubierto, una promesa falsa, todo ello, expuesto por una periodista, puede ser letal para el funcionario.
El periodista no aspira al poder, como si lo desean los partidos políticos opositores. El periodista es una persona que se enfrenta de manera constante y diaria a enemigos que ayer no lo eran. Y luego, sin mediar las consecuencias, por una noticia hoy, en el caos que vive el país, se juega la seguridad de él y de su familia.
Toda nación requiere de la actividad de los periodistas. Todo gobierno necesita escrutadores independientes de sus actos.
Todo gobierno que se considere democrático, no encierra en un salón a sus incondicionales cada mañana para que repitan lo que el poder quiere que difundas, una narrativa para su propia y egoísta sobrevivencia.
Hay un gris panorama de que el ejercicio del periodismo como tal vaya a acotándose, y una leve esperanza en que la tecnología vaya ganando terreno con las redes sociales.
El periodista investiga, intuye, descubre. No juzga, informa, denuncia. El periodista no desea dar un golpe de Estado con sus reportajes. El periodista busca transparencia. Equilibrio en lo que dice el gobierno y lo que dicen otras fuentes de información sobre un mismo evento.
El periodista siempre será para todo Estado, una piedra en el zapato, una sardina enjabonada que requieren de él para informar y difundir los intentos de ganar consensos.
El periodista es uno de los conductos mas importantes (las redes sociales también lo son) en el continúo y perpetuo afán de ganar adeptos de cualquier gobierno.
Por todo lo anterior, el periodismo y el Estado son dos entes que se anteponen uno frente al otro y siempre con una eterna desconfianza de que lo que quiere uno lo rechaza el otro, porque aún en los regímenes mas democráticos y transparentes siempre se esconde algo sucio debajo del tapete público.
(1) Pierre Ansart, La gestión des passions, L´age d´homme, Lausanne, suisse,1983 pas. 181-182
Autor: Jaime Ramos López
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