Preadolescencia: un lugar en tierra de nadie
Es en esta etapa cuando comienzan los comportamientos adolescentes sin haber dejado los infantiles
2013-05-18
Es en esta etapa cuando comienzan los comportamientos adolescentes sin haber dejado los infantiles
2013-05-18
Los padres tenemos una especial preocupación por cómo podemos relacionarnos con nuestros hijos cuando son adolescentes. Los cambios hormonales y las actitudes rebeldes son protagonistas en esta etapa. Pero además, esta fase parece adelantarse en cada nueva generación y los niños muestran indicios de adolescencia cada vez a edades más tempranas.
Desde los ocho años pueden aparecer estos comportamientos, más habituales entre los diez y los 12 años. Se trata de una etapa en la que los compañeros de colegio empiezan a adquirir mayor influencia y protagonismo en su vida en perjuicio de los padres, hasta ese momento idolatrados.
Algunas señales son: sentido de la auto-identidad, sentimientos de independencia, sentido más desarrollado del futuro y de las consecuencias de sus acciones, mayor preocupación por su apariencia y por encajar en su entorno, pensamientos y acciones más maduras y cambios de humor.
Así, el comportamiento de los niños a estas edades fluctúa entre infantil y juvenil y eso puede descolocar a los padres, que ven crecer a sus hijos a gran velocidad. En casa, los preadolescentes comienzan a definir su nuevo estatus en relación con sus hermanos y padres, de modo que pueden mostrarse especialmente responsables con sus hermanos pequeños a la vez que piden más libertades y privilegios ya que no quieren que se les trate como a niños.
Igualmente, en el colegio pueden sentirse estresados, ya que las materias comienzan a ser más complicadas y proporcionalmente puede descender su interés y motivación por lo que dan en clases. Los compañeros son más importantes que las materias escolares y pueden resentirse los resultados.
La influencia del entorno, tanto de los amigos como de los medios de comunicación (especialmente de la televisión y de Internet) es cada vez mayor y los preadolescentes pueden volverse muy exigentes con cuestiones como la ropa. Normalmente el objetivo es no destacar especialmente entre sus iguales y sentirse integrados, lo que, aunque pueda ser un trastorno para los padres, es en realidad, una señal de adaptación e integración de las señales sociales.
Otra de las características de esta etapa es la interiorización de los valores morales. Alrededor de los diez años los menores muestran una especial preocupación por lo que es justo y lo que no lo es, inquiriendo sobre las razones que llevan a los adultos a cometer atrocidades como las guerras. Una actitud muy positiva que puede confrontar directamente con actitudes personales en la que menosprecien a compañeros de clase o se burlen de ellos.
Para guiar a nuestros hijos en esta compleja etapa debemos mantener la calma y procurar tomar distancia de los comportamientos groseros para explicarles lo que es lo correcto y lo que no lo es en un ambiente de serenidad.
1. Estar presentes: A pesar de que los niños quieran tomar distancia de sus padres, necesitan que éstos se muestren presentes e interesados por lo que les preocupa.
2. Ofrecer a los hijos un espacio de autonomía propio para que puedan tomar sus decisiones y reflexionar sobre lo que quieren.
3. Establecer claramente los límites que no se pueden rebasar. Sin embargo, estos límites y normas pueden negociarse antes de establecerlos para aumentar el compromiso del niño con ellos. Sin embargo, los padres deben determinar las líneas rojas ante las que no cabe negociación alguna.
4. Procurar comprender los estados de ánimo, cambiantes en esta etapa, e intentar saber qué es lo que preocupa a nuestros hijos. Mostrarles nuestro afecto siempre, pero de forma modulada, ya que a esta edad los niños pueden sentirse ridículos con las expresiones públicas de afecto.
5. Aceptar a sus amigos: Sus pares son los más importantes a partir de la preadolescencia y durante toda la siguiente etapa adolescente. Así, debemos respetar los amigos que ha elegido y no intentar que se relaciones con quiénes nosotros queremos. Hacerlo es una muestra de confianza y de respeto que evitará. Del mismo modo hemos de estar dispuestos a consolarlos cuando se sientan defraudados por algún amigo sin referencia alguna al "ya te lo dije".
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