Nuevas masculinidades: reconstruyendo la hombrÃa
La manera en que se desempeña un hombre está influenciada por la zona en que habita; sin embargo existen factores comunes
2017-06-15
La manera en que se desempeña un hombre está influenciada por la zona en que habita; sin embargo existen factores comunes
2017-06-15
Ciudad de México.- Desde el momento en que nacemos se nos asignan expectativas, valores y normas de acuerdo al sexo al que pertenecemos, es decir, aprendemos la forma en que debemos actuar, pensar y sentir según nuestra condición de hombres o mujeres
En los hombres, estas expectativas van directamente ligadas a la masculinidad, la cual se define como el conjunto de atributos, valores, comportamientos y conductas que son características de ser hombre en una sociedad y tiempo determinados.
Sin embargo, señala el autor Héctor Pizarro, es importante notar que las normas que cada sociedad asigna a lo masculino varían de acuerdo al contexto social en el que nos ubiquemos. No es lo mismo ser un hombre de la ciudad de Monterrey, del Municipio de Tamazunchale, en San Luis Potosí o de la Mixteca en Oaxaca. Incluso dentro de la ciudad de México no es igual ser un hombre de la colonia Polanco, de municipio de Netzahualcóyotl o de la colonia Narvarte, ya que las condiciones diferentes en las que cada hombre vive le van dando matices diferentes a las características de la masculinidad.
De acuerdo con diferentes autores, no existe una sola forma de ser hombre, pues aunque existen conductas generalizadas, cada individuo va adquiriendo su propias conductas, por lo que no se puede hablar de masculinidad, si no de masculinidades.
El modelo tradicional de masculinidad se apoya en cuatro elementos esenciales:
Estos cuatro elementos básicos se traducen en un estilo de relación con el mundo caracterizado por un comportamiento afectivo limitado, por una conducta sexual restringida, por actitudes basadas en modelos de control, poder y competencia, así como en una dificultad para el cuidado de la salud.
Para Elisabeth Badinter, filósofa y experta en temas de género, la identidad masculina se adquiere por oposición, negando el lado femenino, es decir, el hombre debe convencer a los demás de tres cosas: que no es una mujer, que no es un bebé y que no es homosexual.
Según la doctora Nancy Chadorow, el origen de la identidad masculina sería más negativo que positivo, pues pone el acento en la diferenciación, en la distancia que establece con respecto a las demás personas y en la carencia de una relación afectiva.
Ante la necesidad de "demostrar" la masculinidad, ésta debe apoyarse en ciertos ejes considerados fundamentales: heterosexualidad, éxito en actividades claves (trabajo, deporte u otra), autoridad en el hogar u otros lugares y no ser femenino.
El “fracaso” en alguno o todos estos aspectos puede ser muy dañino para el hombre, de ahí la fragilidad de la identidad masculina tradicional. Para muchos hombres el enfrentarse a la “fragilidad” de su masculinidad es profundamente atemorizante, por lo que pueden reaccionar con violencia, hacia sí mismos o hacia otras personas.
De aquí que los hombres se vuelvan violentos porque:

Robert Bly aboga por un rescate de las características positivas de la masculinidad, sobre todo de aquellas que le permitan al hombre mantener la confianza y seguridad en sí mismo, y aboga por que ese cambio hacia una personalidad más pacífica, abierta y receptiva no anule o disminuya su energía masculina.
Por ello, los nuevos modelos de masculinidad deberían estar basados en las siguientes premisas:
Se trata de modelos de masculinidad basados en una concepción igualitaria y no jerárquica, cuyo sentido se mida “no en sus éxitos personales, sino en la manera en que su labor revierta en la mejora de la sociedad a la que se sienta responsablemente vinculado”. Unas masculinidades nuevas, antisexistas, antirracistas, antihomofóbicas, promotoras de una vivencia de la masculinidad amplia y diversificada, plural y abierta.
La autora Ángels Carabí propone un concepto denominado nuevas masculinidades positivas, el cual implica no sólo una nueva masculinidad antisexista y antihomofóbica, sino también antirracista y anticlasista por parte de los varones.
Algunas de las cualidades de estas nuevas masculinidades incluyen:
En suma, conocer las limitaciones y peligros del modelo tradicional de masculinidad nos ayuda a entender la urgencia del cambio cultural y la necesidad de redefinir la hombría, con miras a construir una sociedad mucho más igualitaria y libre de violencia contra las mujeres.
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