Nuevamente contra AMLO

UTOPÍA / Eduardo Ibarra Aguirre

2020-05-17

Eduardo Ibarra Aguirre

Es extendida y poco documentada la percepción de diversos organismos de la sociedad civil, que con frecuencia son dados a presentarse como si fueran el todo y no sólo una parte, a señalar que la violencia intrafamiliar, en particular en contra de las mujeres y los niños, creció durante el confinamiento motivado por la pandemia que está en su punto más alto y peligroso en el Valle de México.

De acuerdo con las 6 500 firmantes de Nosotras tenemos otros datos, cifra pequeña para la gravedad de los hechos que denuncian, “Los datos oficiales, dan cuenta de 10 feminicidios al día”, situación que ante el Quédate en casa aumentó y las  llamadas de auxilio al 911 por violencia familiar, son de ¡155 por hora! Durante la contingencia se registraron más de 20 mil denuncias por violencia familiar, de las cuales en el 90% no se hace justicia.

Si es así, resulta comprensible el llamado al presidente Andrés Manuel y los 32 gobernadores para atender “de manera urgente” la situación de violencia con medidas de emergencia para garantizar la protección de las víctimas, entre las que –estimo– es posible encontrar hombres, aunque algunas feministas se enojan cuando lo enuncio, y que los violentos y feminicidas fueron educados por su señora madre.

Lo que no resulta tan comprensible es la indignación de algunas feministas por lo expresado por López Obrador en la mañanera del viernes 15, y que a su juicio niega que durante el confinamiento se incrementaron las acciones violentas, ya que el 90% de las llamadas al 911 son falsas, dato que al parecer corresponde al 2016 y ahora es de 77%. El hecho inobjetable es que las llamadas telefónicas en falso es una práctica muy extendida.

También suena muy forzado concluir con base a lo expresado por AMLO, además de que es una práctica del círculo rojo descontextualizar afirmaciones presidenciales, que “tratan de ocultar el nivel de gravedad de este fenómeno y ayudan a perpetuar la impunidad de los agresores y la idea de que en México no pasa nada”. O Para decirlo en la verbosidad de Wendy Figueroa “resulta un mensaje que perpetúa la impunidad y la naturalización de la violencia”. Y hasta criticó “el supuesto carácter amoroso de las familias mexicanas”, basada en que 50% de los feminicidios fueron cometidos por la pareja o expareja de la víctima, y otro 22% por un familiar. Buen argumento, pero quién obligó a esa víctima a seleccionar como pareja, esposo y padre de familia a un feminicida.

AMLO “justificó el discurso de odio” que hay en contra de los colectivos que defienden los derechos de las mujeres y al decir que “era humanista y no feminista, demuestra que no le preocupa informarse sobre lo que busca el feminismo y minimiza su lucha”. ¡Sopas!

Escuché con atención el pronunciamiento de Obrador y no advertí lo que le atribuyen, aunque el tema lo puso en guardia, relativamente tenso, mas no existe necesidad de responder a cuanta pregunta se le ocurre a los colegas que en toda su trayectoria nunca dialogaron con un presidente de México y sólo falta que le pidan el pronóstico del clima. Aparte está el uso y abuso de las preguntas que, entiendo, son dos las que se pueden formular, pero hay quienes hacen hasta seis.

Cada quien sus tácticas de lucha, pero incurren en error las feministas que privilegian la confrontación con el gobierno de AMLO y guardan silencio ante evidencias como que el paro del 8 de marzo contó con todas las facilidades oficiales. O que las trabajadoras del hogar sindicalizadas obtendrán créditos a la palabra. Y la próxima entrada en vigor de la Norma Oficial Mexicana sobre la prestación de servicios de refugios para mujeres y sus hijos en situación de violencia familiar, a poco más de un año de la controversia en torno a la operación de esos centros, después de que el presidente canceló transferencias de recursos a organizaciones civiles porque se detectaron hechos de corrupción, para entregarlas directamente a las víctimas.

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