La rendición de Villa, pasaje histórico memorable
DIMENSIÓN POLÍTICA / Ezequiel Parra Altamirano
2021-03-24
DIMENSIÓN POLÍTICA / Ezequiel Parra Altamirano
2021-03-24
DE PANCHO Villa se saben centenares de anécdotas, la mayoría de las cuales tienen que ver con su valentía, su inteligencia para imaginar estrategias militares y arrasar con sus enemigos, su lealtad al presidente Francisco I. Madero en cuya tumba estalló en llanto cuando la visitó después de vencer, junto con el Ejército Constitucionalista de Venustiano Carranza, al usurpador y chacal Victoriano Huerta, sin embargo y aunque los historiadores y académicos lo saben, así como aquellos admiradores de aquel hombre burdo nacido en una apartada ranchería del estado de Durango, una verdadera hazaña fue la cabalgata entre Chihuahua y Coahuila para arribar con 900 soldados que lo acompañaron, al poblado de Sabinas donde tuvieron lugar las pláticas de avenimiento.
Efectivamente, luego de los acuerdos de paz Villa y sus hombres emprendieron otra cabalgata entre Sabinas y Tlahualilo, Durango, que de acuerdo con los observadores de la época tuvo más de desfile triunfal que de retiro de un comandante derrotado. En la mayoría de los pueblos la gente acudía a ver al General Villa, según comentario de Friedrich katz, biógrafo y escritor.
Al ser asesinado Don Venustiano Carranza en 1920, ocupó la presidencia de México Adolfo de la Huerta, y elige al ingeniero Elías Torres como su representante para contactar y firmar un acuerdo de Paz con el General Francisco Villa, quienes acordaron reunirse en el poblado de Sabinas Coahuila.
TODOS POR LA SIERRA
El contingente villista sale de Parral Chihuahua, y después de cruzar el desértico bolsón de Mapimí, llegan al cuartel militar de Sabinas el 27 de julio a las 5 AM, y de inmediato se envía un comunicado telegráfico urgente al presidente De la Huerta el cual contacta al general Eugenio Martínez que se encontraba en Torreón, y le indica que se desplace de inmediato por ferrocarril a Sabinas, llegando el día 28 a las 10:30 AM.
Sin más preámbulos los generales Villa y Martínez se entrevistan en una casa ubicada en la calle Reforma #60, donde firman un acta en la cual el punto principal era la rendición de Villa, la negativa a toda acción militar en contra del Gobierno Federal y el retiro absoluto a la vida privada. Para estos fines, el gobierno le otorgaría la hacienda de Canutillo en el estado de Durango, así como una escolta de 50 hombres pagados por el Gobierno Federal, y una buena dote de tierras para cultivo; también se acordó que el desarme de las tropas sería en la hacienda de Tlahualilo, 80 kms al noroeste de la ciudad de Gómez Palacio en el mismo estado de Durango.
Martínez le ofreció a Villa un tren para su viaje a Torreón y luego a Tlahualilo, sin embargo Villa no lo aceptó, argumentando que se quedaría con su gente un par de días en Sabinas para descansar, ya que el regreso a la laguna en caballo seria agotador. Martínez dio órdenes al presidente municipal de Sabinas José María Treviño que se encargara de que a los villistas nada les faltara hasta su partida, la cual se realizó el 31 de julio por la avenida 5 de Mayo ante la algarabía de una gran cantidad de gente que al saber de la presencia de Villa, no dudó en ir a saludarlo.
DE REGRESO
Francisco Villa, como decimos, cruzó el desierto Coahuilense acompañado por lo menos de 900 hombres a caballo, llegó a Cuatro Ciénegas el 5 de Agosto, siendo recibido por una gran multitud y por el alcalde de ese lugar, el cual le ofreció hospedaje en el palacio municipal, alimento para sus caballos y un gran banquete para su tropa.
Al día siguiente salió rumbo al sur del Estado, se detuvo en estación Las Delicias en donde hizo algunas declaraciones a la gran cantidad de reporteros que a distancia lo seguían, continuó hasta llegar el día 9 a la hacienda del Amparo, 4 kms antes de San Pedro de las Colonias; ahí, el fotógrafo Gustavo Casasola le tomó cuantas fotos le vinieran en gana.
Una anciana invitó a Villa a desayunar en su jacal “si mujer, como no” contestó el general, y después les entregó a los reporteros una declaración de su puño y letra donde les exponía: “Estoy dispuesto a no inmiscuirme en asuntos políticos, me retiro a la vida privada, a la vida del trabajo”, luego Villa fue a visitar a su amigo Raúl Madero (hermano menor del presidente Madero) a la hacienda del Cuatro, donde juntos comieron y platicaron, ya por la tarde Villa se reunió con el general Eugenio Martínez, y acompañados por el jefe del ejército José A. Nieto entraron al poblado de San Pedro de las Colonias ante la algarabía de una gran muchedumbre que lo siguió y lo vitoreó hasta llegar a la plaza principal en donde Villa dirigió a los presentes un pequeño discurso con tintes patrióticos y al finalizar declaró: “Pueden decir que ya acabó la guerra, ahora andamos unidos la gente honrada y los bandidos”.
SIEMPRE CON JÚBILO
El 11 de agosto, un tercio del ejército de Reconstrucción Nacional (villistas), salió de San Pedro rumbo a la hacienda de Tlahualilo por el rumbo de finisterre, a lo que sería su último enlistado como villistas, y a encontrarse finalmente con el licenciamiento y entrega de armas. El resto del grupo se fue a Gómez Palacio en ferrocarril.
Al igual que en las demás poblaciones la gente los recibió con júbilo, aunque el general Villa se había quedado en Torreón con Elías Torres aclarando los últimos detalles.
De Gómez Palacio, el tren llevó a los soldados a la estación de Bermejillo, donde transbordaron a otro convoy que los llevó finalmente a la hacienda Tlahualilo.
El general Francisco Villa llegó a la mencionada hacienda el 13 de agosto a mediodía, para el desarme y disolución de lo que quedaba de aquella que en un tiempo fuera la maquina militar más poderosa de la revolución mexicana.
Villa pidió por escrito a la cámara de comercio de Torreón, donativos en ropa y calzado para sus soldados, los cuales les fueron entregados por el presidente de la cámara el Lic. Orvañanos.
Para el día 26 de agosto, debido a la presencia del general Villa, Tlahualilo presentaba un aspecto de feria patronal, diariamente los trenes provenientes de estación Bermejillo y del poblado de Sacramento (hoy Gregorio García Durango) llegaban repletos de curiosos que se daban cita en el lugar para conocer y saludar al Centauro del Norte, reporteros nacionales y extranjeros, vendedores, comerciantes, incluso un grupo de religiosas de Torreón y Lerdo (nos reservamos el nombre de la congregación) llegaron a saludar de mano al general a sabiendas que para él, al igual que los curas, no eran de su total agrado, en fin, como citamos al principio las palabras de Friedrich Katz: más que una derrota de Villa, parecía una victoria.
MANIFIESTO A LA NACIÓN
Finalmente, el General Francisco Villa extendió un manifiesto a la Nación, en el cual explicaba el porqué de la decisión de entregar las armas y no combatir más al gobierno mexicano, que entraría en acción a menos que se tratara de una invasión extranjera, cerrando el escrito con estas palabras: “Al retirarnos para siempre a la vida del trabajo sabremos demostrar también a la nación y al mundo entero, que si en la lucha supimos destruir, porque fue forzoso muchas veces, sabremos igualmente, reconstruir ahora que el deber y el bien de la república, nos reclama. CONSTITUCION, REFORMA, JUSTICIA Y LEY. Gral. Francisco Villa a 31 DE AGOSTO DE 1920.
Días después, Pancho Villa saldría de Tlahualilo a Torreón acompañado de su nueva escolta personal y del ingeniero Elías Torres al que consideraba ya un amigo. Por la tarde Villa abordó el tren que lo conduciría a Parral, para después hacer una última cabalgata militar con sus antiguos amigos y compañeros de guerra, despidiéndose de la mayoría para siempre en la Hacienda de Canutillo. (Fuentes: llhuicamina rico, escritor e investigador de temas revolucionarios laguneros y periódico Reforma).
Por hoy es todo y mañana será otro día.
¡CONSUMATUM EST!
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