Inflación alimentaria al alza
ANPEC reporta el precio promedio de la CBA: $2,062.42 lo que significa una variación al alza de 0.78% ($15.97)
2026-02-16
ANPEC reporta el precio promedio de la CBA: $2,062.42 lo que significa una variación al alza de 0.78% ($15.97)
2026-02-16
Ciudad de México.- La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) reporta la variación de precios de la canasta básica alimentaria de cuarenta y cuatro productos de enero a febrero del presente año, estudio de mercado realizado en los treinta y dos estados de la República con una muestra aleatoria domiciliada, ambulatoria y estratificada en más de 200 puntos de venta en tres niveles de consumo: alto, medio y popular.
El precio promedio de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) resultó en $2,062.42 al aumentar su precio en promedio $15.97, lo que significa una variación al alza de 0.78%. Los cinco estados en donde la CBA presenta mayor variación de precios fueron Colima (8.68%), Nayarit (4.15%), Puebla (3.91%), Chihuahua (3.68%) y Oaxaca (3.24%). En tanto, los estados en donde la CBA resultó más cara fueron Edomex ($2,385.00), Nayarit ($2,333.00), Colima ($2,316.00), Chihuahua ($2,282.00) y Tabasco ($2,277.00). Los productos que más aumentaron en el último mes son papa 15.32% (de $28.66 a $33.05), limón 15.30% (de $31.36% a $36.16%), sal de mesa 5.91% (de $21.69 a $22.97), chiles en escabeche 5.20% (de $26.85 a $28.25) y jabón de lavandería 3.75% (de $42.53 a $44.13).
“Este reporte económico de mercado está en sintonía con los datos dados a conocer por INEGI respecto a enero, con un aumento de la inflación general ubicada en 3.79%, superior a la de diciembre de 2025 (3.69%), y la inflación subyacente que aumentó a 4.52% anual, marcando la cifra más alta desde marzo de 2024. Vivimos en un entorno inflacionario persistente y estos datos obligaron al Banco de México a sostener la tasa de interés en 7% y detener la tendencia a la baja”, explicó Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC.
Se mantiene y se prolonga el momento de incertidumbre por el que atraviesa la economía mexicana. La inestabilidad emana del vaivén respecto a la suerte del T-MEC como marco rector de las relaciones comerciales entre Canadá, Estados Unidos y México.
Estados Unidos continúa una conversación errática en torno a la negociación de este acuerdo comercial, por momentos reconoce sus bondades, pero en otros deja entrever la voluntad de cancelarlo para inaugurar una etapa de relaciones bilaterales con acuerdos y políticas comerciales independientes con cada país.
Esta situación ya ha costado bastante a la economía mexicana, ha quedado lejano el optimismo festivo del llamado nearshoring, que generó expectativas de un sinnúmero de nuevas inversiones de empresas que buscaban reubicarse en México, provenientes principalmente de Asia, producto de la polarización de la guerra comercial entre China y Estados Unidos. Con la guerra arancelaria declarada, este impulso ha perdido posibilidades.
Mientras que son peras o manzanas, cada vez más armadoras de autos comienzan a trasladar líneas de producción a territorio estadounidense, poniendo en pausa o cancelando nuevas inversiones en nuestro país. La presión económica y política que ejerce el gobierno norteamericano sobre México es inédita y ha provocado la pérdida de miles de empleos.
A ello se suma el endurecimiento de su política migratoria y el acoso hacia nuestros connacionales en Estados Unidos, lo que ha provocado una caída en el envío de remesas a México. En 2025, las remesas enviadas a México sumaron aproximadamente 61,719 millones de dólares, una contracción anual de 4.56%, la mayor registrada en los últimos 16 años, rompiéndose con esto una racha de 11 años consecutivos de crecimiento en los flujos de dinero enviado.
La baja del dólar en el tipo de cambio también impacta el valor de las exportaciones y reduce el poder adquisitivo de las remesas; es decir, aun cuando se envíen recursos, estos rinden menos. Además, nada es para siempre y nuestros solidarios compatriotas han llegado a su vida otoñal. Todo ello explica, en buena medida, la disminución gradual de las remesas que apoyan a las familias más vulnerables del país.
Además, no se debe perder de vista la narrativa del combate al narcotráfico, bajo cuyo amparo se ha visto de todo, desde lo más reciente que es la narcoguerra con drones, la tentativa de persecución terrestre de las fuerzas americanas a los cárteles en territorio mexicano hasta el festejo del Tratado de Guadalupe que implicó la pérdida de más de la mitad del territorio nacional y habla subliminalmente de un apetito anexionista.
Esta sensación térmica de hostilidad entre ambos países no favorece el desarrollo económico a ninguno de los lados de la frontera; por el contrario, lo frena. A esto hay que agregar los problemas endémicos que México arrastra desde hace décadas: la corrupción, la violenta disputa por el control del mercado interno del trasiego de estupefacientes y la extendida práctica de la extorsión que se ejerce a lo largo de todos los eslabones de las cadenas de valor. Todo ello configura un escenario complejo que explica el estancamiento económico, la caída en la confianza del consumidor y la soterrada, pero constante fuga de capitales (España).
“En síntesis, transitamos por una curva prolongada de incertidumbre y, al mismo tiempo, por un punto de inflexión en el desarrollo histórico de nuestra nación. O entendemos que el bienestar nacional pasa necesariamente por la consolidación de nuestra economía productiva o seguimos prolongando la ilusión de revivir tiempos que ya no volverán”, concluyó Rivera.
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