Si se caen cabezas grandes…

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2026-10-09

Liborio Méndez Zúñiga

Hace un año visité Los Pinos en la Ciudad de México y vi la estatua del expresidente espurio tirada en el suelo del corredor de los presidentes, lo que en principio califiqué para mis adentros como castigo divino. Luego supe que se desgajó un árbol y el brazo desprendido hizo de las suyas con la estatua del tal Felipe, que además fue un desgraciado, corrido que dicen que le tocaban: El hijo desobediente.

Ahora me entero de que los panegiristas están presentando sonora queja, ante quien resulte responsable del suceso forestal que, oiga usted, ya tiene varios años con el ex presidente caído y nadie lo levanta. En primeras, es tardío el reclamo y también queda para la historia el postrer descabezamiento de la estatua, por un puñado de perjudicados en sus bases laborales, cuando de un plumazo desaparecieron sus derechos, o sea, la rebelión de los colgados. 

A decir verdad, esta vereda de presuntos próceres debiera desaparecer para cancelar elogios patrios inmerecidos de todos los hijos del dedazo, y casi todos con delitos por pagar. Tal vez por eso AMLO ni quiso estatua y renunció a que su nombre figure en calles, edificios públicos y etcétera. Si hubo o no hubo intención deliberada para corregir la caída, no hay causa posible sobre el árbol que dio el ramalazo al tal monumento del presidente chaparro, que en vida no pudo lucir ni siquiera el uniforme militar, posible broma del alto mando, al fallido dizque comandante de la guerra contra el narcotráfico, cosa juzgada por el Tío Sam con prisionero icónico del mal gobierno calderonista.

A los irascibles defensores del jinete sin cabeza, habría que recordarles que la naturaleza todos los días borra nombres de personajes en las esquinas de las manzanas, los palacios, los edificios públicos, y además, las palomas se cagan en dichos héroes y sus placas en las carreteras, estatuas monumentales y Juan Pueblo no dice nada, ni la hace de tos. Ahora que si la defensa del caso, siendo más elegantes, hombre, pues que levanten al caído, haiga sido como haiga sido, pónganle la cabeza y promuevan entre sus gobernados algún sitio blanquiazul para que honren su memoria, si no tienen vergüenza, y se aseguren que no haya algún árbol revolucionario cercano y además háganle una cúpula de vidrio antibalas y santo remedio.

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