El telegrama de Bremer

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2026-10-02

Liborio Méndez Zúñiga

En Julio de 2025 visité Los Pinos para festejar los 73 julios acumulados. Durante el recorrido, recordé haber estado en este otrora recinto del poder ejecutivo, con motivo de un evento presidencial relacionado con la educación superior, la ciencia y la tecnología, aunque no resultó mayor cosa. Asistí en 1989 representando al Consejo Tamaulipeco de Ciencia y Tecnología, el auditorio tendría una centena de invitados de prácticamente todos los estados de la república, particularmente de rectores y directores de educación superior.

Recorrer los patios y el antiguo aposento presidencial, me hizo recordar aquel telegrama enviado a mi padre a fines de los años 60, suscrito por el secretario del presidente, Lic. Juan José Bremer. A mis siete años fue todo un acontecimiento que llegara esa misiva oficial hasta el Rancho Guadalupe, ubicado en la brecha 120 y kilómetro 3 norte del municipio de Río Bravo, traída por un propio de la oficina de telégrafos, entregando un sobre amarillo con el telegrama remitido por instrucciones del presidente de la república.

Mi madre leyó el telegrama varias veces a los presentes, estando también mi hermana de seis años y yo, quienes tal vez no entendíamos ni el mensaje leído ni el motivo. Con los años me di cuenta de la importancia de aquel papel amarillo, provocado por mi padre que, había escrito una queja al presidente, suscrita por un grupo de agricultores del distrito de riego 025, denunciando la mala gestión del riego agrícola, con favoritismo a usuarios pudientes, en menoscabo de otros agricultores, argumentaban el derecho al agua por estricta localización de los predios en el módulo de riego.

Quién se iba a imaginar que un grupo de agricultores serían escuchados atendiendo una carta del norte de Tamaulipas. El telegrama era explícito “por instrucción del ciudadano presidente de la república se han girado instrucciones al secretario del ramo para que se atienda y resuelva este asunto a la brevedad posible” firmaba el licenciado Juan José Bremer secretario de la presidencia.

Recuerdo la reunión de agricultores quejosos que concurrieron a enterarse del telegrama y, ver para creer, que el presidente hubiera hecho caso a su petición de justicia en la conducción del agua, respetando el turno de riego por ubicación de los predios de los quejosos. En mi niñez apenas comprendía la importancia del revuelo, pero daba gusto ver contentos a los agricultores vecinos y los abrazos que le daban a mi padre que, mesurado les decía, ahora veremos si hace caso el gerente del distrito de riego, cosa que, por supuesto ocurrió, aunque eso sí bajo las miradas furibundas del gerente y mala gana de los burócratas a su cargo. 

Durante años el telegrama fue conservado y leído muchas veces en visitas de familiares y los vecinos, el presidente Adolfo López Mateos era mencionado con reverencia, pero la cosa cambió y se complicó en el siguiente sexenio con Miguel Alemán Valdés, que instauró la corrupción en el mando, a lo que no escapó el aparato administrativo del sector agropecuario y además sobrevino la quiebra del oro blanco por la caída de los precios internacionales, y la cosa se puso mal, luego empeoró con el monocultivo y el cambio climático.

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