Ciudadanía distraída, fácil de manipular
Al fragmentarse nuestra atención, lo mismo ocurre con la capacidad de reflexionar, deliberar y participar en lo público
2026-05-17
Al fragmentarse nuestra atención, lo mismo ocurre con la capacidad de reflexionar, deliberar y participar en lo público
2026-05-17
Quizá el mayor peligro para una democracia no solo sea la desinformación, sino la resignación de sus ciudadanos, es decir, “agachar la cabeza”, refirió el profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM, Khemvirg Puente Martínez.
Una persona desinformada puede modificar su opinión, aprender e involucrarse, pero si está convencida de que participar no sirve de nada, deja de intentar transformar las cosas, añadió.
Cuando millones sienten que nada cambia, dicho sistema político se vacía por dentro; al suceder esto persisten las instituciones, pero la energía cívica desaparece, prosiguió al participar en el “Ciclo de Conferencias Nuevas rutas y retos de la transparencia, el acceso a la información y la protección de datos personales en la UNAM”, organizado por dicha entidad académica y la Autoridad Garante de la Universidad Nacional.
En ese sentido, transparencia, parlamento abierto y participación ciudadana son importantes porque mejoran gobiernos o vuelven más eficiente al Estado, y ayudan a reconstruir la idea de que nuestra voz tendría impacto.
La democracia no necesita personas perfectas, sino que crean que vale la pena relacionarse; requiere algo que hoy se está volviendo escaso: ciudadanas y ciudadanos capaces de detenerse, escuchar, informarse, discutir y pensar en colectivo, planteó al dictar la tercera conferencia del ciclo titulada “Transparencia legislativa y parlamento abierto”.
Dispositivos móviles, redes sociales, algoritmos y numerosas plataformas digitales compiten por nuestra atención, pero cuando esta se fragmenta también lo hace la capacidad de reflexionar, deliberar y participar en lo público, precisó Puente Martínez.
En la Sala Lucio Mendieta apuntó: Si las instituciones públicas desean reconectar con las juventudes, no bastará con publicar información, tienen que construir formas de participación política más accesibles, claras y significativas.
Dijo que cuando las decisiones públicas se abren al escrutinio púbico y la ciudadanía puede participar se entiende cómo se toman las decisiones, y la democracia deja de sentirse ajena.
Parlamento abierto significa informar, escuchar, dialogar e interpelar por la ciudadanía. Con frecuencia se dice que los jóvenes no participan; sin embargo, lo hacen, aunque no siempre por los canales tradicionales. En ocasiones se organizan a través de plataformas digitales para visibilizar causas, fiscalizar el poder y exigir nuevas formas de representación.
El reto es que las instituciones viejas aprendan a escuchar nuevas formas de ciudadanía, pues en el fondo la democracia depende de que la población sienta que su voz tiene valor. En ese sentido, puntualizó, “no es un deporte de espectadores”, pues trasciende el simple acto de votar.
Cuando la sociedad, en particular los jóvenes, interactúa en redes sociodigitales dando “me gusta” o comentando publicaciones de actores políticos con quienes simpatiza, “es una forma de participación ciudadana”, refirió.
De acuerdo con Puente Martínez, algunos retos fundamentales son: superar la desinformación; la polarización política; desconfianza en las instituciones; y baja participación juvenil y escasa formación cívica para dejar de ser simples “pacientes” del Estado y volvernos actores activos.
La democracia contemporánea también compite por nuestra atención, por lo que una ciudadanía distraída es más fácil de manipular.
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