Martirologio de las burocracias
DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga
2026-02-04
DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga
2026-02-04
En estos años inciertos del orbe, con la espada de Damocles amenazante, me topé con el libro “En elogio de la burocracia” de Paul du Gay, en una biblioteca familiar de una de mis tres mujeres. No lo he terminado, pero usted puede verlo en internet y comprarlo si es o ha sido burócrata 30 o más años.
Solamente le adelanto que el libro es una vigorosa defensa del ethos burocrático y lo considera relevante para alcanzar, en las sociedades democráticas, tanto el orden social como el buen gobierno. El académico Richard Brown dice: “En elogio de la burocracia” hace una contribución sustancial y más que bienvenida a la teoría social, así como al estudio de la gestión y de las organizaciones”.
Ahora van algunas ideas que me ha ido provocando la ojeada que di a la obra citada, eso sí, a vuelo de pájaro. En el libro se vislumbra una revisión a fondo de toda la pretendida modernización inherente al neoliberalismo, asumiendo que el gerencialismo debe asumir las riendas de los gobiernos, ya que los burócratas no están profesionalizados y además están unidos a los partidos políticos.
Al respecto, podemos recordar aquella frase del jinete sin cabeza y su gobierno con supuestos empresarios, y ya se sabe cómo nos fue. Recordé la frase del funcionario que quiso regañar a los ejidatarios por no adoptar las buenas prácticas de los sembradores de cannabis, con grandes beneficios, gracias a su organización y visión, con el modelo narco empresarial. ¡Claro, lo corrieron! Lo mismo le había pasado al Secretario Óscar Brawer cuando dijo: los ejidatarios están organizados para votar, no para producir!
Eso para entrar en materia. Pero mis cuatro lectores recordarán aquel instituto para asegurar la calidad total en el servicio público tamaulipeco, en manos de un excolaborador de Televisa, por cierto sicólogo industrial. Usted haga conciencia si tuvo resultados y aquella puntada logró avances de buen gobierno. Lo que empezó con bombo y platillo, solo logró que los secretarios del gabinete Mano con Mano asistieran a la ceremonia de instalación de los comités de calidad total y jamás se volvieron a parar, ni subsecretarios y tampoco directores generales. Por supuesto, el instituto feneció en el siguiente gobierno.
A nivel nacional ya el CONOCER había intentado alinear el trabajo apostando a la certificación de competencias laborales, con las famosas Normas Oficiales Mexicanas. Más recientemente, surgió el modelo de educación dual, importado de Europa, monitoreado en el CONALEP a nivel nacional, y en un centro educativo de Altamira, el Instituto de Capacitación para el Trabajo de Altamira (ICATA), con fondos federales, estatales y empresas industriales. No duró mucho, el gobierno federal prefirió abrir en sus instalaciones una universidad tecnológica.
Si miramos al tercer orden de gobierno, tal vez en las ciudades de mayor población pudieron hacerse esfuerzos de mejora con funcionarios venidos del sector privado, pero los méritos recaen en los alcaldes no en sus equipos, que solo duran tres años, uno para tomar la riendas, otro para aguantar el jaripeo y uno más para rendir cuentas.
Dirá usted, los burócratas son chapulineros, trabajan para colgarse de otras lianas en la lucha por el poder, con méritos o sin ellos, gracias a los mandos de la política, lo cual fue funcional durante el priato, pero la cosa ya cambió…? Bueno, Roma no se hizo en un día.
En fin, el libro de elogio nos remitió al martirologio del burócrata, cuyo perfil no aguantó el Servicio Civil de Carrera, que prometía una valoración del buen servidor público y con ello de la profesionalización para el buen gobierno, y la pregunta está en el aire en la IV Transformación, dado que por el bien de todos, primero los pobres.
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