Crónica de la perra vida
DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga
2026-04-02
DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga
2026-04-02
Los libros a veces se buscan y a veces encuentran a sus lectores. En días pasados, felizmente convivimos en familia en la metrópoli de la patria, y tuve la oportunidad de leer por primera vez a Dahlia de la Cerda (Aguascalientes, 1985), autora de “Las perras de reserva”, publicado por Narrativa Sexto Piso. El libro llamó mi atención porque tiene una potente portada, con una ilustración simbólica de los actores de las historias contenidas, acorde por supuesto con el título del libro, un libro por demás irreverente.
El índice del texto es sugerente de la intensidad de la lectura, con cuentos breves hilvanados para configurar contextos del feminicidio, con un léxico crudo que incorpora los vocablos de la cultura de los bajos mundos, poniéndose en los zapatos de las víctimas y denunciando sin ambages las causas de la desigualdad social y la falla monumental del sistema de justicia y cuerpos de seguridad pública. El vocabulario usado pretende explicitar categorías para situar límites entre el bien y el mal, una vez que se cae sin retorno a la vida criminal.
La autora no se anda por las ramas, describe en trece casos la tragedia de quienes son privadas de su libertad y de la vida, recurriendo al único lenguaje que puede cimbrar al lector, con vocablos ofensivos porque solo así se puede nombrar la experiencia vital de los de abajo, criados en los barrios bravos sin más protección que la violencia verbal y la licencia de Dios, o del diablo. “Me encomendé al Diablo porque Dios en esto no hace el paro”
Tejer frases y oraciones en un permanente decir los usos y costumbres de vivir sin ley, pero siempre con la ley de la selva, permite forjar un texto construyendo un monólogo dialógico sobre la perra vida de las mujeres asesinadas en México, imaginando conversaciones con las desaparecidas o de plano ya dadas por muertas, en su precario hogar, un lote baldío, un arroyo o el desierto convertido en cementerio de cuerpos abandonados.
Se abordan también los casos de mujeres que se convierten en sicarios y escalan la pirámide de los cuerpos armados de los cárteles, llegando a convertirse en guardaespaldas de élite de los familiares de los jefes más encumbrados en el delito, incluidas las propias hijas que pueden ser herederas de los imperios del crimen organizado o bien contraer matrimonio con juniors de políticos de alto nivel.
Esta obra literaria, lo es porque recurre a una narrativa disruptiva que conmueve, que provoca y es tal su esgrima verbal que no evade perrear con palabras altisonantes para recrear tal vez las últimas horas de las víctimas y hasta de sus victimarios, reconociendo los enlaces de violencia de la vida criminal, cuyos barones tienen siempre las garras para engatusar y reclutar jovencitas al mundo del dinero fácil, el alcohol y las drogas.
Cito el párrafo final de la contraportada: “Como si solo mediante el relato postrero de sus aventuras y desventuras encontraran estas memorables protagonistas la redención consistente en existir atemporalmente, a través de la potente y genial literatura de Dahlia de la Cerda”.
En suma, toda una revelación literaria, siendo opera prima obtuvo el Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2019, una sacudida a las buenas conciencias, que con su indiferencia son cómplices de los sanguinarios violadores, torturadores, asesinos, culpables de feminicidios en el país. Un severo yo acuso a la sociedad y gobierno de México, dando voz a los de abajo, las muertas y sus familiares, y hay que decirlo, un manifiesto rotundo contra la propuesta de abrazos, no balazos.
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