Reforma electoral va contra intereses creados
CONTRAPARTE / Redacción | La Capital
2026-03-02
CONTRAPARTE / Redacción | La Capital
2026-03-02
La reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum llega al Congreso este lunes envuelta en un ambiente que desmiente la idea de una mayoría legislativa monolítica. El diferendo con el PT y el PVEM —aliados históricos de Morena— exhibe que el proyecto no sólo enfrenta resistencias opositoras, sino fracturas internas que ponen en entredicho la viabilidad política de la iniciativa antes incluso de que se conozca su redacción final.
El punto de quiebre es claro: la propuesta de reducir el financiamiento a los partidos y modificar el mecanismo de elección de los candidatos plurinominales. Lo que para el Ejecutivo es un acto de “sencillez democrática” —que los plurinominales sean votados directamente— para los aliados representa un riesgo directo a la pluralidad política y a la representación de minorías, dicho de otro modo, un riesgo para sus intereses.
El PT lo dice sin rodeos: no acompañará ningún retroceso que recuerde al “viejo partido de Estado que dominó México de 1929 a 2018”. La frase es, muy claramente, una advertencia política, a punto del rompimiento.
El PVEM, por su parte, exige claridad sobre los recortes y pide no “calentar la plaza”. Su análisis interno concluye que la reforma amenaza la representación de minorías. Es decir, el partido que ha sobrevivido gracias a su capacidad de negociación y su peso estratégico en el Congreso percibe que la reforma podría reducir su margen de maniobra.
En contraste, Morena intenta proyectar unidad. Ricardo Monreal asegura que no habrá turbulencia económica ni inestabilidad política, y promete diálogo con aliados y opositores. Pero su mensaje, más que una demostración de fuerza, parece un intento de contención ante un escenario que se complica: la reforma arranca sin los votos necesarios para su aprobación.
La oposición, por supuesto, aprovecha el momento. Rubén Moreira, del PRI, califica como retroceso la posible eliminación del PREP, recordando que nació tras la crisis de 1988 para dar certeza y transparencia. El señalamiento pretende colocar a Morena en el terreno más incómodo, el de la sospecha sobre la integridad electoral.
Mientras tanto, desde la 4T se insiste en que la reforma es “muy sencilla” por buscar democratizar la elección de plurinominales, además de reducir el costo de las elecciones.
“Todos a buscar el voto en las calles”, como plantea el diputado Humberto Aldana, reviste la reforma de un espíritu popular. Sin embargo, en la arquitectura del sistema electoral y el equilibrio de poder que lo sostiene, es donde la iniciativa enfrenta su mayor obstáculo: no sólo desafía a la oposición, sino a los propios aliados que han sido parte del andamiaje legislativo de la 4T.
La reforma electoral se presenta, así, como un espejo incómodo. Refleja la tensión entre el discurso de renovación democrática y la realidad de un sistema político donde los partidos —incluidos los aliados— defienden sus espacios de poder, sus canongías y privilegios. Y muestra que, incluso con mayoría, la 4T no puede dar por sentado que sus socios aceptarán gratuitamente una reconfiguración que podría reducir su peso político y perder ese multimillonario negocio en el que han convertido a la política.
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