Reforma electoral con futuro incierto
CONTRAPARTE / Redacción | La Capital
2026-03-05
CONTRAPARTE / Redacción | La Capital
2026-03-05
La reforma electoral enviada por la presidenta Claudia Sheinbaum a la Cámara de Diputados llega a San Lázaro e inicia su ruta legislativa entre fricciones internas y tensiones entre aliados.
La presidenta de la Mesa Directiva, Kenia López Rabadán, sintetizó con claridad los retos de la propuesta: para modificar la Constitución se requieren 334 votos, una cifra que Morena y sus aliados no alcanzan por sí solos. La aritmética legislativa, más que cualquier argumento técnico, es el verdadero muro que enfrenta la iniciativa. Y ese muro no se derriba con discursos, sino con consensos que hoy no existen.
Mientras la Jucopo promete evitar el fast track, las comisiones de Puntos Constitucionales y Reforma Política-Electoral perfilan un escenario que no coincide con ese compromiso: aprobar el dictamen la próxima semana por mayoría simple, únicamente con los votos de Morena. La consecuencia es previsible: el pleno discutirá la reforma sin posibilidad ---hasta hoy--- de alcanzar la mayoría calificada.
El resultado sería una reforma constitucional sin futuro, pero políticamente útil para la corriente política gobernsante porque permite exhibir a la oposición como inconsecuente, por no aprobar compromisos de campaña que ellos mismos contrajeron con los electores.
La rectificación presidencial sobre el PREP —“el PREP no se toca”—, después de que la versión original lo eliminaba, es resultado de las negociaciones que atrasaron el envío del documento al poder legislativo.
El PREP no es un accesorio: es uno de los pilares de confianza ciudadana en las noches electorales. Su sola mención como objeto de reforma encendió alarmas, afortunadamente atendidas.
La propuesta de reducir en 25% el financiamiento público a partidos y organismos electorales se presenta como un acto de austeridad republicana. Sin embargo, los aliados se oponen con todas sus fuerzas a esta idea y con más vehemencia los opositores, que han hecho del financiamiento público, con y sin campañas, su principal modus vivendi.
De un tiempo a la fecha, el INE se queja de presiones presupuestales, y la reforma propone menos dinero, más responsabilidades y mayor presión política: una ecuación con la que no simpatiza el árbitro electoral.
La presidenta López Rabadán anunció que recibirá propuestas ciudadanas en su correo institucional. El gesto es valioso, pero insuficiente si el proceso legislativo se encamina a una aprobación exprés en comisiones y a un debate en el pleno que se advierte ausente de más apoyos de los que ya tiene.
Hoy, la iniciativa llega al Congreso con el peso de sus propias contradicciones: correcciones de última hora, tensiones entre aliados, dudas técnicas y una ruta legislativa que parece diseñada para cumplir plazos y compromisos de campaña pero sin los consensos suficientes ---hasta hoy--- para convertirse en derecho vigente.
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