Congruencia, obligación morenista

TELEFÉRICO / Casimiro Basoria

2026-06-23

Casimiro Basoria

La carrera interna de Morena rumbo a las gubernaturas de 2027 ha entrado en una fase decisiva. Las solicitudes de licencia de legisladores federales no solo confirman la magnitud del interés por competir, sino también la presión que recae sobre un proceso que, por su naturaleza, puede fortalecer o fracturar al partido. En este punto, la congruencia no es un valor deseable: es obligación política ineludible.

Morena ha construido su narrativa sobre principios claros: honestidad, respeto a la legalidad y compromiso con la transformación. Hoy, los principios están a prueba. Quien aspire a gobernar un estado debe demostrar, desde ahora, que es capaz de someterse a las reglas que rigen el proceso interno. No hay espacio para la simulación. No hay margen para la guerra sucia. No hay justificación para la intrusión de recursos externos que contaminen la competencia. 

El proceso interno, saturado como nunca, exige madurez. La apertura total permitirá que más de 130 aspirantes se inscriban en los 17 estados. Esa “fiesta”, como la describió Ricardo Monreal, pronto dará paso a la etapa de selección, donde solo quedarán seis por entidad y, finalmente, uno. Es ahí donde se medirá la verdadera lealtad al proyecto: en la aceptación de los resultados, en la disciplina frente a la encuesta, en la capacidad de sumarse al ganador sin chantajes ni rupturas.

Porque 2027 será el punto de partida para la sucesión presidencial. Lo que ocurra en el proceso interno que inicia definirá la fortaleza con la que Morena llegue a la contienda federal. Un partido dividido, desgastado por sus propias pugnas, sería el mejor regalo para una derecha que hoy se siente fortalecida. No es casual que, en América Latina, las derrotas recientes de las izquierdas hayan envalentonado a los sectores más conservadores. Tampoco es casual que ese bloque reciba apoyo político y económico del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidido a reposicionar a la derecha global.

México no está aislado de esa dinámica. La oposición local, aunque debilitada en las urnas, observa con atención cada fisura interna de Morena y hace lo propio para magnificar cada traspiés. Sabe que su mejor oportunidad no está en su propia fuerza, sino en los errores del partido gobernante. Por eso, la responsabilidad de quienes participan en el proceso interno es doble: competir con legitimidad y, al mismo tiempo, cuidar la unidad del movimiento.

La congruencia, en este contexto, es una necesidad de supervivencia. Morena no puede permitirse que la ambición individual se imponga sobre el proyecto colectivo. No puede permitir que el proceso interno se convierta en un campo de batalla que desgaste al partido antes de enfrentar a una derecha que avanza con respaldo trasnacional. No puede permitir que la disputa por 17 gubernaturas comprometa la estabilidad del país en ruta de la sucesión presidencial.

La transformación no se defiende solo desde el gobierno; se defiende también desde la conducta de quienes aspiran a gobernar. Si Morena quiere llegar a 2027 con la fuerza suficiente para sostener su proyecto, los aspirantes deben cumplir todo cuanto predica la 4T: no mentir, no robar, y no traicionar. Lo contrario sería abrir la puerta a un escenario adverso con el que sus adversarios sueñan e impulsan diariamente.

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