El Padrino está de regreso
DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga
2026-08-08
DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga
2026-08-08
En los caminos de la vida que, a veces no son como uno quisiera, muy pronto me tocó fungir como padrino de bautismo en mi Tierra Natal y luego en dónde viviría 40 años en la capital de Tamaulipas.
Reconozco que de todos mis ahijados no recuerdo sus nombres completos, por falta de convivencia y también, por qué no decirlo, por la enorme distancia. Incluso, hubo alguna criatura, Maricela, que bauticé sin tener presencia física, pero representado por una de mis hermanas. Aclaro que en mis visitas al terruño preguntaba por mis ahijados, y también en la correspondencia escrita que tenía con mi madre, quien seguramente daba los jalones de orejas pertinentes en mi ausencia.
Cuando cumplí los 70 años, y ya en el retiro, acaricié la idea de convocarlos y tener una reunión de reencuentro con todos ellos, ahora mujeres y hombres con una vida hecha. Tengo compadres de mi generación de licenciatura, compañeros de escuela, y también de convivencia en el posgrado, con quienes la amistad y el aprecio perdura. Mis ahijados Manuel, Roberto Carlos, e Israel se agregaron, un trinomio muy productivo.
Pero los ahijados como los hijos, también se van y esa relación de base religiosa del papel que toca a los padrinos y madrinas, es una relación simbólica que ya no se cultiva como en otros tiempos, con el sano rol de dar consejos a los menores, coadyuvando con sus padres en la idea de forjar conductas y hábitos orientados a luchar por una vida buena. Mea culpa.
Valga este preámbulo como contexto de la invitación que recibí del Instituto Sor Juana Inés de la Cruz, suscrita por su directora, la Profesora María Lourdes Vázquez Lerma, considerándome como padrino de la generación que egresó este año escolar, compuesta por infantes cuyos padres se dieron cita el 15 de Julio próximo pasado, para celebrar la ceremonia de egreso, con la activa participación de mis nuevos ahijados en los honores de ordenanza.
Comparto que en el evento fui honrado por esta comunidad escolar con un reconocimiento que me llenó de emoción y satisfacción por su motivo:
“Por hacer de la palabra un puente entre la razón y la imaginación, y por compartir con generosidad una obra que inspira, educa y transforma. Su nombre y su obra ocuparán siempre un lugar de honor en el Instituto Sor Juana Inés de la Cruz”
Emocionado, mientras transcurría el evento, por mi mente pasaron varios recuerdos, sobre momentos y frases que quedaron grabadas en mi memoria, algunas de mis mentores y otras de quienes han sido mis amigos perennes. Cuando me gradué en la Escuela Secundaria Federal, “Ing. Eduardo Chávez”, en Valle Hermoso, Tamaulipas, al presentarme en el evento fui presentado como “Distinguido Alumno”, que me cimbró mientras caminaba al estrado. El murmullo y barruntos de aplausos de cientos de alumnos y padres de familia no se hicieron esperar y obligó al otro maestro de ceremonias a repetir la frase para otro graduando. No solo contó el promedio del cuadro de honor de tres años, sino también mi rol en el grupo de poesía coral de la secundaria.
En la preparatoria fui nombrado representante alumno de la Asamblea Universitaria, como también lo fui en la Facultad de Agronomía de la UAT, donde cursé la carrera, siendo también Coordinador del Consejo Estudiantil, por lo cual participé en la Federación Nacional de Estudiantes de Carreras de Agronomía. Me honra haber formado parte del Comité que elaboró el primer reglamento de Servicio Social, con un enfoque orientado a los productores campesinos de Tamaulipas, y coadyuvar en la supresión de las planillas estudiantiles, que mantenían dividido al estudiantado. En este punto, reconozco la positiva influencia de la primera generación de la Facultad de Ciencias de la Educación, primera en establecer la figura de los Consejos Estudiantiles en la UAT.
En un balance rápido de mi trayectoria, al egreso de la Universidad, fui parte del equipo técnico del Programa de Fertilidad Estatal, luego del Instituto de Investigaciones Alimentarias (Actualmente Instituto de Ecología Aplicada), años mas tarde del equipo fundador del Consejo Tamaulipeco de Ciencia y Tecnología, donde laboré nueve años.
Mi trayectoria profesional de 31 años también implicó la docencia, primero en el posgrado de la Facultad de Medicina Veterinaria, en la maestría en ciencias en Administración y luego en licenciatura en la Facultad de Ciencias de la Educación, en la carrera de Sociología. En ambas dependencias, mis cursos tuvieron que ver con mi formación en el Centro de Estudios del Desarrollo Rural, en el Colegio de Posgraduados de Chapingo, Méx.
Valga esta remembranza para agradecer a mis muy buenos profesores y sobre todo a los tutores, que cimentaron mi perfil profesional para dedicarme al servicio público en Tamaulipas, combinando vinculación de academia y burocracia, e innovando con la creación de nuevas instituciones para la Universidad y el gobierno estatal.
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