Rocha Moya se queda solo
TELEFÉRICO / Casimiro Basoria
2026-08-22
TELEFÉRICO / Casimiro Basoria
2026-08-22
El regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa no produjo la imagen de fortaleza política que sus operadores esperaban. Por el contrario, dejó expuesta una realidad incómoda: el mandatario regresa a su cargo en medio de un aislamiento dentro de su propio partido que preocuparía a cualquiera.
Aunque formalmente retomó sus funciones después de la licencia temporal iniciada el pasado 1 de mayo, las señales políticas emitidas en las últimas horas apuntan a que la discusión ya no gira en torno a su derecho de volver, sino a la pertinencia política de hacerlo mientras continúan las investigaciones de la Fiscalía General de la República sobre diversos servidores públicos vinculados al violento entorno sinaloense.
La principal señal provino desde el centro del poder. La presidenta Claudia Sheinbaum eligió una frase que, lejos de interpretarse como un espaldarazo personal, fue leída como una reafirmación institucional: “Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación”. El mensaje evita la defensa directa y coloca el énfasis en un principio político superior, precisamente en el momento en que el retorno de Rocha Moya genera cuestionamientos internos y externos.
La segunda señal fue no menos contundente. El CEN del partido le hace el vacío, se deslinda de Rocha y su determinación personal. Seremos respetuosos del estado de derecho, del debido proceso, así como del resultado de las investigaciones, advirtió Morena.
Ricardo Monreal, coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, pidió públicamente al gobernador reconsiderar su regreso y solicitar nuevamente licencia mientras concluyen las investigaciones federales. En política, cuando una figura de ese calibre emite una recomendación de esta naturaleza, difícilmente puede interpretarse como una opinión aislada.
Pero quizá el golpe político más severo llegó desde los estados gobernados por Morena. El pronunciamiento firmado por las y los gobernadores de la Cuarta Transformación, fechado el 21 de agosto, constituye un mensaje inusualmente directo. El documento, además de reivindicar el liderazgo de Claudia Sheinbaum, lanza una crítica frontal a las decisiones individuales que puedan colocarse por encima del proyecto colectivo.
Los mandatarios estatales hacen un llamado explícito a Rubén Rocha Moya “a la madurez y la responsabilidad”, advirtiendo que las decisiones de facción atentan contra los principios de honestidad y lealtad que dicen defender. Más allá del lenguaje diplomático, el mensaje representa una toma de distancia política definitiva.
El hecho de que el desplegado haya sido firmado por gobernadores y gobernadoras de prácticamente todo el bloque cuatroteísta refleja que la preocupación ya no se limita a Sinaloa. Existe la percepción de que la permanencia de Rocha Moya podría convertirse en un factor de desgaste para Morena, para la Presidencia de la República y para la narrativa ética que el movimiento busca preservar.
En ese contexto, tampoco pasó inadvertido que, en su primer día de regreso, el gobernador cancelara una reunión con alcaldes sinaloenses y optara por sostener un encuentro privado con el senador Enrique Inzunza, personaje igualmente envuelto en cuestionamientos legales. La imagen resultante no contribuye a reducir tensiones ni a enviar señales de normalidad institucional.
Lo que ocurre en Sinaloa es más profundo que una disputa local. Morena enfrenta una prueba de congruencia. Durante años ha construido una narrativa basada en la premisa de que nadie debía estar por encima de la ley y que los intereses personales debían ceder ante el interés público. Hoy, esa misma narrativa es utilizada por sus propios liderazgos para marcar distancia con uno de sus gobernadores más controvertidos, por no decir desprestigiados.
Rocha Moya recuperó el cargo, pero no el respaldo político que alguna vez tuvo. Y, en política, especialmente dentro de un movimiento donde la fuerza surge de la cohesión interna, la soledad suele ser un síntoma más preocupante que cualquier proceso legal pendiente.
Porque si algo dejaron claro los gobernadores de la Cuarta Transformación, Ricardo Monreal y la propia Presidenta, es que el debate ya no es si Rubén Rocha puede regresar, sino cuántos están dispuestos a acompañarlo. Hoy, las evidencias apuntan a que son cada vez menos. Y, a esta presión, Rocha Moya deberá enfrentar, a partir de este lunes, las manifestaciones populares que ya se anuncian numerosas, ruidosas y enardecidas.
La clase política morenista, e inclusive aquellos que no son morenistas, deben cerrar filas en torno de la presidenta e impulsarla para que lleve a cabo una profilaxis profunda en Sinaloa, no para encubrir errores ni proteger intereses particulares, sino para respaldar una acción colectiva que permita recuperar plenamente la gobernabilidad, que tenga como finalidad pacificar la entidad, erradicar grupos delincuenciales y restablecer el estado de derecho, como punto de partida para que ese ejemplo pueda extenderse, en un futuro próximo, a todas las entidades de la república.
CONTACTO | cbasoria@gmail.com
Derechos Reservados © La Capital 2026