Ambiciones y facturas pendientes

TELEFÉRICO / Casimiro Basoria

2026-10-18

Casimiro Basoria

Con el arranque anticipado de los movimientos internos en PVEM, Morena y PAN para definir coordinaciones, liderazgos territoriales y eventuales candidaturas rumbo al proceso electoral local 2026-2027, Tamaulipas ha entrado en una etapa de competencia política que debería convertirse en una evaluación ciudadana del desempeño individual de quienes pretenden perpetuarse en el poder o ascender dentro de él.

Los recientes “destapes” de aspirantes en los llamados municipios “grandes” como Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros, así como la activación de estructuras partidistas en Ciudad Victoria, Tampico-Madero y otras regiones del estado, confirman que la sucesión municipal y legislativa ya está en marcha, aunque formalmente aún falten meses para la fase de proselitismo y petición de votos.

Sin embargo, el principal desafío para los partidos no será encontrar aspirantes, sino convencer a una ciudadanía cada vez más exigente de que sus propuestas representan una mejora frente a los resultados observados durante los últimos años. Máxime si consideramos que de un tiempo a la fecha los partidos se preocupan cada vez menos por postular a los mejores perfiles, sino a quienes representan más fielmente sus intereses.

La próxima elección renovará los 43 ayuntamientos y el Congreso del Estado, pero también servirá como un referéndum sobre el desempeño de alcaldes, síndicos, regidores, diputados locales y funcionarios estatales que hoy ocupan posiciones de poder y que, en numerosos casos, buscan la reelección o una nueva candidatura.

La tentación de presentar la continuidad como sinónimo de experiencia enfrentará una realidad incómoda: numerosos representantes populares llegaron al cargo ofreciendo una gestión cercana, transparente y eficaz, pero una parte importante de la ciudadanía mantiene cuestionamientos sobre la calidad de los servicios públicos, la capacidad de gestión, la atención de las demandas populares y la productividad legislativa. En este contexto, el electorado no sólo evaluará siglas partidistas, sino trayectorias concretas, resultados verificables y compromisos cumplidos.

Para Morena, partido que gobierna el estado y la mayoría de los municipios relevantes, el riesgo natural del desgaste institucional será un factor determinante. Cada aspirante identificado con el movimiento deberá responder por el desempeño de las administraciones actuales, independientemente de que ocupe o no un cargo público. El partido tendrá que decidir si privilegia la permanencia de figuras identificadas ---más no populares y menos queridas--- o abre espacios a perfiles ya en ascenso, que representen una renovación creíble.

En el caso del PAN y de las demás fuerzas políticas minoritarias, el reto consiste en demostrar que aprendieron de los errores que los alejaron de una parte del electorado. Las estrategias observadas en ciudades como Tampico, Nuevo Laredo y Victoria indican que la oposición busca reconstruirse, aunque reinciden en mirar al pasado, con elementos que se prestaron a corruptelas e infinidad de crímenes aún no penalizados.

Otro elemento que merece atención es el papel de los funcionarios estatales. Históricamente, el gabinete ha sido semillero de aspirantes a presidencias municipales, diputaciones y posiciones de mayor relevancia política. Ellos no solo deberían escudarse con la obra del gobierno estatal, sino que tarde o temprano tendrán que responder por sus aportaciones personales de beneficio al electorado que pretenden representar.

Lo más relevante es que la discusión pública no quede atrapada únicamente en nombres, encuestas o fuegos artificiales. La elección de 2027 debería convertirse en una oportunidad para revisar qué municipios avanzaron, cuáles permanecen rezagados y qué legisladores realmente representaron a sus distritos, así como los munícipes que realmenta han cumplido. Quienes han servido efectivamente al pueblo y quienes se han servido de él.

En resumen, los electores tendrán frente a sí a muchos políticos que pedirán una nueva oportunidad. Es deseable que los vencedores no sean quienes tienen más estructuras, más recursos o más presencia mediática, sino que su destino sea producto de una evaluación crítica de los resultados que cada actor haya entregado a la sociedad.

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