Pagar servicios impulsa una nueva etapa para la inclusión financiera
Es, con frecuencia, la primera interacción formal de una persona con el sistema financiero
2026-05-29
Es, con frecuencia, la primera interacción formal de una persona con el sistema financiero
2026-05-29
El pago de la luz, el internet o el celular dejó de hacerse en la sucursal. Hoy se realiza desde una cuenta bancaria y en automático. El cambio revela que el dinero entra y se mueve dentro del sistema financiero y que cada vez más personas utilizan una cuenta para programar pagos recurrentes y automatizar gastos cotidianos.
Durante años, la inclusión financiera se centró en el acceso: abrir cuentas, colocar tarjetas de crédito y ampliar cobertura. Ese primer paso ya ocurrió, el reto ahora está en el uso cotidiano.
“El sistema financiero avanzó mucho en acceso, pero la verdadera inclusión empieza cuando una cuenta se usa para resolver necesidades del día a día, deja de ser un lugar donde solo se recibe dinero y empieza a funcionar como una herramienta para simplificar transacciones, organizar gastos y automatizar pagos de servicios”, explica Simón Pinilla, cofundador de DRUO, una plataforma de pagos que habilita cobros directos desde cuentas bancarias.
El hábito cambia todo
Ese cambio empieza a reflejarse en los hábitos de pago. En 2025, las transferencias por banca electrónica superaron los 8 mil 390 millones de operaciones, según el Banco de México.
Hoy, estos movimientos no son para mandar dinero a alguien, se usan para pagar servicios; lo que antes se pagaba en efectivo, luego de hacer fila en las sucursales, ahora se paga desde la cuenta. En muchos casos, incluso, mediante pagos programados o cargos automáticos asociados a una cuenta bancaria.
De acuerdo con DRUO este hábito activa tres efectos:
1. Convierte una acción ocasional en un hábito financiero constante
2. Permite construir historial crediticio y comportamiento de pago
3. Define presupuestos, gastos fijos y flujo disponible
“Además, la posibilidad de registrar pagos automáticos desde una cuenta de banco acerca funcionalidades que durante años estuvieron más asociadas a las tarjetas, como las suscripciones o los cobros automáticos sin fricción”, agrega Pinilla.
Verdadera inclusión
La inclusión financiera ya no se mide por cuántas personas tienen una cuenta bancaria, hoy también importa cuántas la usan. El pago de servicios básicos impulsa ese cambio y empieza a ordenar la relación de las personas con su dinero. Programar pagos y utilizar la cuenta bancaria para resolver gastos recurrentes fortalece esa relación y vuelve más útil la experiencia financiera.
“El siguiente paso no es tener más productos, es usarlos mejor. Ahí es donde se define el verdadero alcance de la inclusión financiera”, concluye el cofundador de DRUO.
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