De su inopia a la esperanza verde

CIENCIA Y SOCIEDAD / Felipe Eduardo San Martín González

2024-06-15

Felipe Eduardo San Martín González

En el 2018 impartí Ecología a estudiantes de Ciencias Políticas en su último semestre. Al revisar el programa caí en la cuenta era una introducción a la Ecología clásica para biólogos, como la que nos enseñaron da principios de los setenta en la facultad de biología, a partir de las revolucionarias contribuciones al conocimiento de la estructura y función de los ecosistemas plasmadas en el libro de Eugene P. Odum.  

Me di a la tarea entonces de rehacer el programa por uno pertinente para esos politólogos en ciernes: uno sobre Ecología Política.

     Fue un semestre donde aprendimos que la humanidad ha generado conocimiento suficiente sobre la relación inextricable entre Ecología y Sociedad como para confeccionar no un programa sino varios tomos sobre el asunto. A saber: movimientos verdes en el mundo, partidos políticos verdes y sus plataformas programáticas, contribuciones de las bancadas verdes en diferentes parlamentos americanos y europeos, legislación medioambiental comparada y, por supuesto, la posición del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) respecto de la prevención de la contaminación del aire, del suelo y del agua por desechos humanos e industriales; la mitigación, destrucción y restauración de ecosistemas frágiles alterados por la minería, desarrollos inmobiliarios, etc.; el cambio de uso de suelo y sus consecuencias para la biodiversidad y producción de alimentos; el uso  de la fracturación hidráulica para obtener hidrocarburos o “fracking”; la siembra en México de maíz transgénico; la desaparición de hábitat y extinción de especies por tala legal e ilegal; la transición hacia energías “limpias”; la regulación y sanción del tráfico de especies de microorganismos, plantas, reptiles, aves y mamíferos; la creación y mantenimiento, a través de inspección y vigilancia pública y privada, de áreas naturales protegidas; la desaparición de la histórica sumisión de las políticas ecológicas a las de desarrollo urbano; al hecho sin precedente de que el PEVM es el único partido en el mundo que ha accedido a la presidencia de un país, en alianza con el Partido Acción Nacional de Vicente Fox Quezada; e inevitablemente, abordamos el papel y la misión de la cauda de organizaciones no gubernamentales nacionales e internaciones, incluida la insigne de Jacques-Yves Cousteau y su cruzada por el bien de los océanos.

     Cada uno de aquellos temas y otros no menos interesantes son objeto de análisis exhaustivo y serán abordados en otro escrito; por ahora aquel exordio me sirve para abordar algunas de las políticas verdes que se propone aplicar Claudia Sheinbaum al asumir la presidencia, pues son parte explícita de su plan de gobierno. Esto implicará obviamente un nuevo modelo de vinculación del gobierno con las universidades públicas, cuya agenda ambiental y compromiso con la sustentabilidad tiene mucho que aportar.

     “La sociedad adquirirá un mayor papel en la toma de decisiones que afectan a las condiciones hidráulicas de las cuencas y que las concesiones de agua se regulen bajo lo que establece la ley”. Necesario, pues con la vigente Ley de Aguas Nacionales es posible la evasión del pago de agua para riego y uso industrial, el acaparamiento y robo de agua y fluido eléctrico y el tráfico de concesiones. * 

“Continuar el programa Sembrando Vida”. Este programa debe tener cada vez más un componente de las ideas de especialistas en Silvicultura y Fruticultura y aplicarse en las cabeceras de cuenca, señaladamente en aquellas localizadas en el norte del país, que es el área que más sufre la sequía.

“Limpieza de las cuencas más contaminadas de México”. Clásico: históricamente quienes no tienen antecedentes académicos en Ecología, entendida ésta como ciencia y no volición, pero son activistas del “cuidado del medio ambiente” o ecologistas, suponen que sembrando arbolitos sin ton ni son o recogiendo la basura de un sitio, los problemas medioambientales se solucionan. El remedio consiste en obtener datos aplicando el método científico, con indicadores biológicos y tecnología de percepción remota, por ejemplo, en las cabeceras de cuenca o cuencas altas, y con ello diagnosticar el estado que guardan en cuanto a su equilibrio ecológico y declarar aquellas que resulten muy alteradas por sobrepastoreo, tala inmoderada legal e ilegal, minería a cielo abierto o mal manejo silvícola, como áreas naturales protegidas sujetas a restauración ecológica con una categoría especial: zonas de seguridad nacional.

“Ninguna fuente de agua será sobreexplotada de manera sostenida”. ¿Como darnos cuenta de las causas de la sobreexplotación de los acuíferos, con un presupuesto nimio (que se traduce en precariedad de personal y medios materiales) para diagnósticos, inspección, vigilancia y aplicación de sanciones? Quienes vivimos en provincia (o en “extranjia” como peyorativamente se refieren algunos capitalinos a los estados), hemos vivido la tragedia que significa el abandono de las delegaciones federales en los estados, mismas que incrementaban la cobertura y eficiencia de muchos programas y proyectos estatales. Los casos de las delegaciones de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, la Comisión Nacional del Agua y la Comisión Nacional Forestal son aleccionadores por patéticos. Si la administración federal 2024-2030 mantiene a las delegaciones en la misma dependencia centralista y austeridad presupuestal, ninguna política medioambiental dictada desde el centro tendrá éxito por la incapacidad de aplicarla correctamente. Y para confirmar el desdén por la investigación y conservación de la biota que evoluciona en México, sucede que la Comisión Nacional para el Uso y Conservación de la Biodiversidad pasará, ¿o ya pasó?, a ser una oficina más de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, verbo et gratia: muy probablemente desaparezca o resulte ineficiente la plataforma Naturalista que alberga el inventario de la biota nacional y se pueble de ecologistas (si bien le va) de escritorio o, en buen romance, se burocratice y exacerbe el proverbial silencio directivo, y sospecho colusión, frente a ecocidios de toda laya.

“Apoyo a las ciencias básicas, naturales, sociales y a las humanidades, y vincularlas con áreas y sectores prioritarios del país”. Conviene reencauce la virtual presidenta de México los programas de ciencia, tecnología e innovación alojados en el Consejo Nacional de Humanidades Ciencia y Tecnología (CONAHCyT) en sus componentes formación de investigadores, Sistema Nacional de Investigadores, financiamiento a la investigación, concatenación de los resultados de la ciencia con la producción y los servicios, y la eliminación de programas inútiles o que no tienen nada que hacer en el sector, como Apropiación Social de la Ciencia y Divulgación de la Ciencia, pues los contenidos de ambos programas se entreveran en el sector educativo y hasta donde mis luces alcanzan, buena parte de lo que uno aprende durante su vida de estudiante son resultados de la ciencia y no de la fe, la brujería o cualquier otra acción no objetiva, por lo que es un despropósito sigan en CONAHCyT gastando un presupuesto que haría bien se destinara a las actividades sustantivas de ese organismo descentralizado del Estado.

     Para lograr despojarnos, parcial o totalmente, de la dependencia tecnológica que padecemos respecto de los países que le han apostado en serio, y no como si se tratara de una moda o algo etéreo, al desarrollo de la ciencia y la tecnología vistas como un sistema, es menester contar en primera instancia con un programa indicativo de ciencia y tecnología que privilegie el desarrollo de áreas de oportunidad presentes en la realidad y circunstancias actuales de México. Áreas de oportunidad que en el caso de la agenda verde del nuevo gobierno, tendrán que ver en primera instancia (porque sin talento humano no hay políticas públicas viables), con una reorientación de las carreras cuya base son las ciencias biológicas, en virtud de los avances de la tecnología educativa; el diseño y comercialización de aplicaciones digitales que hacen productiva la vida del investigador cuando aborda temas que van desde taxonomía alfa hasta el estudio de dinámica de poblaciones; el ancho mercado laboral y las amplias avenidas para la investigación científica, abiertos a partir de que se toma en serio el evidente cambio climático mundial con el concomitante aumento de temperatura en regiones norteñas antes consideradas templadas o semi templadas, regiones donde paulatinamente se adaptan especies de todas las categorías taxonómicas antes consideradas de distribución estrictamente tropical; y otros tópicos de ciencia de frontera no menos importantes como el estudio de células y moléculas; metabolitos útiles en medicina, farmacia  y otras industrias como la química y petroquímica; infección e inmunidad; neurociencia, psicología y comportamiento humano y animal; genómica funcional y evolutiva en plantas, animales y microorganismos; reproducción, desarrollo y salud animal; y organismos, evolución y resiliencia planetaria.

     Finalmente, sostengo que la agenda verde de la próxima presidenta, y el resto de sus propuestas, es viable, atractiva y aplicable pues casi 36 millones de nosotros la votamos. Sin embargo, tengo para mí que entregarla para su aplicación a funcionarios y políticos ignorantes que se asumen ecologistas, conlleva al estado que guarda hoy el tema: uno deprimente.  

*https://www.lacapital.com.mx/laopinion/30043 Leyes_para_continuar_la_cuarta_transformacion

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