Hacia un nuevo pensum educacional
DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga
2025-09-18
DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga
2025-09-18
La causa raíz de muchas crisis en los países de América Latina se encuentra en el sistema educativo. En él, los profesionales formados en la escuela pública han tenido un papel central, en especial los cuadros técnicos que, generación tras generación, se consolidaron desde la creación de las universidades postcoloniales en el siglo pasado.
En México, los gobiernos emanados de la Constitución de 1917 y de las leyes federales subsecuentes dieron origen a instituciones nacionales como la UNAM y el IPN, así como a organismos federales concebidos dentro del proyecto de un México moderno. Sin embargo, bajo un esquema de partido-Estado, la autonomía universitaria y la libertad de cátedra quedaron reducidas a aspiraciones. El desarrollo institucional de las universidades dependió, en gran medida, del poder central y de la asignación presupuestal.
Las entidades federativas también crearon universidades públicas estatales para responder a los retos nacionales y regionales. Miles de egresados encontraron empleo en las estructuras del Estado, pero el llamado “milagro mexicano” pronto se desaceleró. El desempleo profesional y la falta de pertinencia en los planes de estudio marcaron una crisis silenciosa que se mantiene vigente.
En Tamaulipas, la educación superior pública tuvo un recorrido de fundación, crecimiento y consolidación con la Universidad Autónoma de Tamaulipas, además de los institutos tecnológicos federales. Estas instituciones aportaron de manera significativa a la formación de profesionistas y técnicos. No obstante, en las últimas décadas, el financiamiento ha mostrado ser insuficiente para garantizar la educación como bien público gratuito y de calidad. La cobertura aún es limitada, la pertinencia de la oferta educativa se pone en duda y los retos académicos se agudizan frente a la competencia internacional y a la volatilidad de los acuerdos comerciales.
El problema no se restringe a la universidad: la preparación en la educación media superior depende de las bases construidas en la educación básica. Así, todos los niveles de la “escalera educativa” crujen bajo el peso de sus propias deficiencias.
Se vuelve, entonces, urgente revisar los aciertos y errores del sistema educativo en su conjunto, tanto a nivel nacional como en las entidades federativas. Tal análisis implica cuestionar las inercias de la sociedad y del gobierno para comprender a fondo las causas de la crisis educacional del país.
A lo anterior se suma la fuerza sindical del magisterio, el más grande de América Latina, que defiende con firmeza sus intereses laborales y también ocupa un rol determinante en la política nacional. Del mismo modo, la autonomía universitaria —estandarte del movimiento estudiantil del 68— enfrenta hoy cuestionamientos: no siempre va acompañada de una evaluación rigurosa de modelos educativos ni del cumplimiento cabal de los planes de desarrollo institucional.
Cabe entonces preguntarse: ¿las universidades, tal como fueron concebidas, requieren transformarse para responder a los desafíos actuales? Casos de corrupción, como la llamada “Estafa Maestra”, evidencian que el sistema universitario también necesita un replanteamiento profundo.
En este escenario, la Universidad Autónoma de Tamaulipas tiene la oportunidad de ser protagonista en la construcción de un nuevo pensum educacional. Heredera de una tradición de servicio público, debe fortalecer la pertinencia de sus programas, garantizar calidad académica y vincularse más estrechamente con la realidad regional e internacional. La verdadera autonomía universitaria no solo significa libertad de cátedra, sino también responsabilidad social: formar egresados capaces de ser agentes de transformación.
La UAT está llamada a ser laboratorio de innovación educativa y faro de esperanza para Tamaulipas y para México. Ese es su gran reto y su gran oportunidad en el siglo XXI
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