Consejerías electorales

CONTRAPARTE / Redacción | La Capital

2026-04-12

Redacción | La Capital

El proceso para seleccionar a las nuevas consejerías del Instituto Nacional Electoral envía una primera señal: la experiencia sigue siendo el factor que define quién avanza y, sobre todo, qué tipo de institución se está configurando para los próximos años. Más allá de los nombres y de las afinidades políticas que inevitablemente rodean a cualquier proceso de designación, los resultados del examen muestran que los perfiles mejor evaluados no son improvisados, sino profesionales con trayectoria dentro del servicio electoral.

Los puntajes más altos —encabezados por Arturo Manuel Chávez López y Bernardo Valle Monroy con 99 aciertos, seguidos por César Ernesto Ramos Mega con 98, y por Alejandro Romero Millán y Pedro Rafael Constantino con 90— confirman que quienes dominan la técnica son quienes han vivido la operación electoral desde dentro. 

Lo mismo ocurre en el caso de las mujeres mejor evaluadas: María Fernanda Romo, Olga Castro y Patricia Lozano representan años de experiencia en áreas estratégicas del INE y de los organismos públicos locales. No es casualidad que los mejores resultados provengan de quienes han enfrentado procesos electorales complejos, han tomado decisiones bajo presión y conocen la arquitectura normativa del instituto. La experiencia no se improvisa; se construye con años de trabajo técnico, memoria institucional y dominio de procedimientos que no admiten errores.

En un país donde la tentación de colocar perfiles sin preparación técnica es constante, el servicio profesional electoral funciona como un contrapeso real. No es un sistema perfecto, pero sí es un mecanismo que obliga a demostrar capacidad, trayectoria y conocimiento. 

Los resultados del examen confirman que la profesionalización sigue siendo un filtro eficaz contra la improvisación, esa improvisación que tanto seduce a los actores políticos cuando buscan controlar instituciones sin pagar el costo de formar cuadros. 

La operación electoral exige precisión quirúrgica: interpretar normas complejas, administrar tiempos críticos, resolver controversias, garantizar derechos y sostener la confianza pública en contextos de alta polarización. Nada de eso se aprende en un curso exprés ni se sustituye con voluntad política. Por eso, que los perfiles mejor evaluados provengan del propio ecosistema electoral es, en sí mismo, una buena noticia para la estabilidad institucional.

No debe omitirse mencionar que varios de los perfiles destacados tienen vínculos con áreas estratégicas del instituto, y esa cercanía genera suspicacias legítimas. La vigilancia pública debe mantenerse especialmente en las etapas que vienen: la evaluación de idoneidad, las entrevistas y la votación en la Cámara de Diputados. Sin embargo, incluso en ese contexto, hay un hecho innegable: la experiencia acumulada en el servicio electoral es un blindaje natural contra la improvisación y contra la captura política más burda. La clave será distinguir entre experiencia técnica y afinidad política. La primera fortalece al INE; la segunda lo condiciona.

La renovación de tres consejerías ocurre en un momento en que el instituto enfrenta presiones presupuestales, tensiones con gobiernos estatales y cuestionamientos sobre su independencia. Si la Cámara de Diputados privilegia la experiencia, el INE gana. Si privilegia la cercanía política, pierde el país.

Los resultados del examen no sólo revelan quiénes avanzan, sino qué modelo de INE está en disputa. Los puntajes más altos confirman que el servicio electoral de carrera sigue siendo el mejor antídoto contra la improvisación y contra la puerta giratoria de perfiles sin preparación. En tiempos de transición, la experiencia no es un accesorio, es una garantía. 

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