Andrea Chávez ante la aritmética fría de las encuestas
CONTRAPARTE / Redacción | La Capital
2026-04-15
CONTRAPARTE / Redacción | La Capital
2026-04-15
La solicitud de licencia de Andrea Chávez al Senado, presentada este día para competir por la candidatura de Morena a la gubernatura de Chihuahua en 2027, no es tan solo un trámite administrativo. Es, en realidad, el inicio formal de una disputa interna donde el discurso político y la evidencia demoscópica avanzan por carriles que no siempre coinciden.
La senadora abandona su escaño con un mensaje que busca anclar su aspiración en una identidad histórica y en una crítica frontal al modelo político que —según afirma— ha dominado el estado durante décadas. “Mi bisabuelo era villista parralense, y mi yaya empuñó las armas contra la dictadura franquista: yo no le temo a nada”, escribió, reivindicando un linaje de lucha que pretende trasladar al terreno electoral.
Su posicionamiento no escatima en señalamientos: acusa que “unas cuantas familias han secuestrado el poder”, que los mismos apellidos se han repartido el estado “como si fuera un botín”, y que mientras tanto persisten la falta de agua, el aumento de la violencia y el hambre en la Sierra Tarahumara. Sin el menor titubeo, remata: “Somos el estado más grande del país, pero hemos tenido políticos muy pequeñitos”. Es un discurso diseñado para confrontar, para romper inercias y para presentarse como una alternativa generacional frente a un sistema político que describe como agotado.
Pero la política no se define solo por la potencia del discurso. También se define por la capacidad de convertirlo en números. Y ahí es donde la contienda interna de Morena en Chihuahua muestra un terreno más complejo.
De acuerdo con el análisis de Político MX, basado en cinco encuestas levantadas en enero de 2026, la mayoría de las mediciones no colocaba a Chávez como la favorita. Cuatro de ellas —La Encuesta MX, Gobernarte, Demoscopia Digital y CE Research— dan ventaja al alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, con márgenes que van desde diferencias moderadas hasta brechas amplias, como la registrada por Demoscopia Digital: 36.2% para él frente a 18.5% para ella. Solo Rubrum ofrece un escenario distinto, con una ventaja significativa para la senadora.
Este contraste entre la narrativa de impulso político y la fotografía demoscópica es relevante porque, mientras figuras como Adán Augusto López sostienen que Chávez “es la mejor posicionada” y que “va a ser candidata y gobernadora”, los datos disponibles no respaldan de manera uniforme esa afirmación. Incluso, según la columna de Salvador García Soto citada por Político MX, el respaldo del exsecretario podría no coincidir con la visión de Palacio Nacional, donde —señala— existiría una inclinación hacia Pérez Cuéllar. Es decir, la contienda interna no solo se disputa en el territorio y en las encuestas, sino también en los equilibrios políticos del propio movimiento.
La licencia de Chávez, por tanto, debe leerse en clave estratégica. Responde al llamado de la presidenta Claudia Sheinbaum para que quienes aspiren a una candidatura se separen de sus cargos y se dediquen de lleno al trabajo territorial. Pero también es un reconocimiento implícito de que la senadora necesita tiempo, presencia y estructura para cerrar una brecha que hoy existe en la mayoría de los estudios de opinión.
Ella misma lo sugiere cuando afirma: “No me llame senadora… el cargo es prestado. Mejor Andrea, porque quien se enamora del puesto se encierra en el escritorio y se aleja del territorio”. Su mensaje final, dirigido al panismo chihuahuense —“No me voy: regreso. Los que van, son ellos”— busca proyectar fuerza, pero también anticipa que la verdadera batalla apenas comienza.
En un estado donde Morena mantiene ventaja como partido, pero donde la competencia interna está lejos de resolverse, la decisión de Chávez abre una etapa definitoria. Su narrativa es potente, su presencia pública es reconocida y su discurso conecta con un electorado cansado de las élites tradicionales. Pero la política electoral exige algo más que convicción: exige demostrar capacidad de crecimiento medible. Y, por ahora, las encuestas no le conceden el margen suficiente para asegurar la candidatura.
Cabría plantarse si Andrea Chávez tiene un proyecto político articulado —lo tiene—, sino si podrá convertirlo en una mayoría interna en un contexto donde los números, al día de hoy, no le son favorables.
La contienda en Morena no será un trámite: será una prueba real de fuerza, organización y capacidad de disputar un estado donde el relevo político, muchas veces intentado, no se ha concretado, mientras el PRIAN se dispone a seguir de frente hasta que el voto popular se lo permita.
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