Ni temor ni pactos

TELEFÉRICO / Casimiro Basoria

2026-05-18

Casimiro Basoria

La frase que la presidenta Claudia Sheinbaum dejó caer en la mañanera de este 18 de mayo —“no tenemos ningún temor de nada”— no es un gesto de bravura ni un arrebato discursivo. Es, en realidad, la pieza central de una narrativa que busca fijar una frontera política nítida entre su gobierno y los gobiernos del PRIAN, a los que el pueblo memorioso responsabiliza de haber entregado la soberanía, permitido la injerencia estadounidense y pactado con grupos criminales mientras el país se hundía en la violencia.

Sheinbaum no habla del pasado por nostalgia ni por insistencia ideológica, sino porque entiende que la disputa por el sentido de la seguridad pública se juega en la memoria colectiva. En su planteamiento la presidenta recuerda que “Calderón le abrió las puertas a las agencias de Estados Unidos para que operaran en México” y revive el episodio de Rápido y Furioso, cuando “entraron armas de Estados Unidos a México con un chip… y después le quitan todos los chips y esas armas las utilizan para matar los propios cárteles de la droga”. Ese señalamiento exhibe una decisión fallida y a un modelo de seguridad subordinado, permisivo y profundamente irresponsable, como fue el panista, continuado luego por el peñanietismo, pero engendrado desde el salinismo.

La presidenta puntualiza que su administración rompió con esa lógica. Frente a quienes sugieren pactos o complacencias, Sheinbaum responde con cifras y con un mensaje directo: “Hemos detenido 50,000 personas… y se han enviado 92 a Estados Unidos… se ha actuado contra todos los grupos delictivos, cosa que no ocurrió en el periodo de Calderón”. La frase es contundente porque apunta al corazón de la crítica: si hubo pactos, no fueron en este gobierno, sino en gobiernos de prianistas que hoy pretenden erigirse en jueces morales.

El otro frente es la relación con Estados Unidos. Sheinbaum no rehúye la cooperación, pero la orienta: “Muy bien, bajen el consumo de drogas… la disminución de armas… y además un esquema de coordinación sin intervencionismo, sin injerencismo”. Es un mensaje que busca reposicionar a México como un actor soberano, no como un país que acepta órdenes o presiones. Y es también una respuesta a los sectores políticos y mediáticos estadounidenses que intentan responsabilizar a México de la crisis del fentanilo mientras evaden su propio papel en el tráfico de armas y el consumo de drogas.

La presidenta dirige su crítica: “Todos esos ahora son los que vienen a criticarnos… no tenemos ningún temor de nada”, afirma, subrayando que su gobierno no se moverá por presiones mediáticas ni por campañas desde el exterior magnificadas por intervencionistas en el interior.

En el fondo, la columna vertebral del mensaje presidencial es la legitimidad. Sheinbaum sostiene que la transformación surgió porque el país estaba harto de “36 años de abandono y 36 años de entreguismo”, y que su gobierno actúa con autoridad moral y política para pacificar al país sin repetir los errores —o los pactos— del pasado.

“Ni temor ni pactos ” es una expresión para declarar que la seguridad no se negocia, la soberanía no se entrega y la memoria no se borra. Es, también, un recordatorio de que la disputa por el relato sigue abierta y que el gobierno busca fijar su posición con claridad: firmeza hacia afuera, independencia frente a Estados Unidos y ruptura con el modelo de seguridad del PRIAN que dejó al país en manos de la violencia y a merced de la injerencia extranjera.

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