Pese a todo, rodó el balón
TELEFÉRICO / Casimiro Basoria
2026-06-11
TELEFÉRICO / Casimiro Basoria
2026-06-11
El Mundial de 2026 ya comenzó y lo hizo con saldo blanco en la inauguración de este jueves 11 de julio, pese a semanas de bloqueos, marchas, amenazas y episodios de tensión que buscaban empañar la imagen del país ante la opinión pública internacional. Los grupos que intentaron presentar a México como un territorio ingobernable, violento o incapaz de garantizar seguridad fracasaron en su objetivo. La fiesta futbolística arrancó sin incidentes mayores, para desencanto de quienes apostaron por convertir el torneo en un campo de batalla partidista.
Aun así, el Mundial sigue funcionando como un amplificador de tensiones sociales, políticas y geopolíticas tanto en México como en Estados Unidos. Las protestas magisteriales en la capital mexicana, las alertas de seguridad en ciudades estadounidenses, el caso excepcional de la selección de Irán y las medidas extraordinarias de ambos gobiernos muestran un patrón claro: actores inconformes buscan capitalizar la difusión global del torneo, mientras las autoridades intentan preservar la normalidad.
En la capital mexicana, el Mundial aceleró un choque de lógicas: la de la ciudad escaparate para el turismo y la FIFA, y la de la ciudad como espacio de protesta. Reportes sobre incidencias de los últimos días en CDMX documentan cómo las movilizaciones magisteriales pasaron “de mítines pacíficos a confrontaciones directas con los cuerpos de seguridad”, con vandalismo a figuras monumentales de futbolistas en Paseo de la Reforma y forcejeos en el Zócalo, donde hoy se vivió el FIFA Fan Fest.
A ello se sumó un factor que elevó el nivel de riesgo: la CNTE no se movilizó sola. Sus contingentes fueron reforzados por estudiantes normalistas, algunos de los cuales fueron detenidos en la Caseta de Tlalpan con 59 artefactos explosivos, según los reportes oficiales. La presencia de explosivos y de jóvenes radicalizados en caravanas que intentaban avanzar hacia zonas estratégicas confirmó que ciertos grupos buscaban tensar el ambiente en plena víspera mundialista.
Pese a ello, el operativo de seguridad funcionó. El anillo de más de 1.6 kilómetros alrededor del Estadio de la Ciudad de México cumplió su propósito: impedir que contingentes opositores irrumpieran en la inauguración. La ciudad, parcialmente desacelerada por el decreto de teletrabajo y la suspensión de clases, logró absorber la presión sin que la jornada se desbordara.
Mientras México logró contener la jornada inaugural sin incidentes, en Estados Unidos el panorama ha sido más complejo. El tiroteo en Kansas City, que dejó nueve heridos cerca de la concentración de la selección de Inglaterra, evidenció que la tensión social estadounidense no es hipotética. Es crítica y letal.
El FBI, el DHS y el Servicio Secreto emitieron “alertas críticas sobre posibles operaciones de inteligencia o intimidación”, y que las ciudades sede operan bajo protocolos de fuerza que incluyen la autorización para disparar ante amenazas percibidas. Más de 120 organizaciones de derechos humanos advierten riesgos de violencia institucional contra grupos vulnerables, especialmente la comunidad LGBTQI y personas migrantes.
La selección de Irán sigue siendo el caso más extremo de cómo la geopolítica atraviesa este Mundial. Tras el estallido de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el gobierno estadounidense prohibió que el equipo se hospedara en su territorio por “seguridad propia”, obligándolo a establecer su base en Tijuana.
El Departamento de Estado negó visas a 15 integrantes clave de la delegación, mientras la FIFA aprobó un esquema inédito de “entrada y salida” que obliga al equipo a viajar desde Tijuana a las sedes estadounidenses sólo el día previo o el mismo día del partido y regresar inmediatamente después. El trayecto Tijuana - Seattle - Tijuana, de más de 2,000 kilómetros, para un solo partido de fase de grupos, es una muestra del nivel de excepcionalidad.
En Tijuana, el gobierno mexicano ha desplegado un operativo federal para proteger al equipo, mientras los jugadores han convertido su presencia en un acto político: portaron pines con el número 168, en memoria de las víctimas civiles de un ataque con misiles.
El Mundial 2026 ha convertido a las ciudades sede en escenarios de alta visibilidad donde distintos actores —magisterio disidente, organizaciones de derechos humanos, colectivos de víctimas, grupos migrantes, selecciones afectadas por conflictos bélicos— buscan colocar sus causas aprovechando la atención global.
Pero la inauguración dejó un mensaje contundente: los intentos de sabotaje no lograron empañar la imagen del país ni descarrilar la fiesta futbolística. La narrativa de caos que algunos grupos intentaron imponer no encontró eco en la realidad del día inaugural. El pueblo llenó el estadio y espacios de celebración y la fiesta se disfrutó a plenitud y hasta con excesos.
Al margen de los grupos que hoy disputan las calles, la mayoría de la sociedad mexicana —la que trabaja, la que estudia, la que sólo intenta llegar a casa sin quedar atrapada entre bloqueos, desplantes o confrontaciones— desea que el Mundial avance y concluya sin sobresaltos mayores. No por falta de entusiasmo futbolero, sino porque anhela que, con el fin del torneo, también se disipen las protestas, los cercos y la tensión que han alterado la vida cotidiana.
Contacto | cbasoria@gmail.com
Derechos Reservados © La Capital 2026